lunes, 13 de diciembre de 2010

Medios de comunicación y formación de la mentalidad sumisa


Juan García Ballesteros

1. El papel de los medios de comunicación y la libertad de expresión.

¿Son posibles unos medios de comunicación que ofrezcan una información objetiva e imparcial? ¿Existen unos mass-media desligados del férreo control de quién los financia o dirige? Esto sería lo deseable y así lo recoge tanto el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU “Tienes derecho a pensar lo que quieras, a decir lo que desees y nadie debe prohibirte hacerlo. También debes poder compartir tus ideas con personas de cualquier otro país”, como el artículo 20, apartado 1d, de nuestra Constitución “Se reconoce el derecho a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. La ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto profesional en el ejercicio de estas libertades”. También en este mismo artículo, en su apartado 3, se recoge que “La ley regulará la organización y el control parlamentario de los medios de comunicación social dependientes del Estado o cualquier ente público y garantizará el acceso a dichos medios de los grupos sociales y políticos significativos, respetando el pluralismo de la sociedad y de las diversas lenguas de España”.

Según esta Declaración Universal como nuestra Constitución, todos los medios de comunicación deberían utilizar su influencia para afianzar y apoyar las libertades y los derechos de los ciudadanos: libertad de criterio, de acción, de expresión, de elección, derecho a la no manipulación, al respeto y a la dignidad. Todos deberían ofrecer a los ciudadanos una información veraz y promover y garantizar el debate abierto e integral, asegurando que el público oiga a todos los que debería oír, que ninguna voz quede anulada o manipulada por el discurso de los poderosos.
Pero, ¿cuál es la realidad? Un somero análisis del funcionamiento de los medios de difusión nos llevará a la conclusión que no se respetan los derechos fundamentales que sobre información y pluralismo recoge nuestra Constitución. Si se estudian los contenidos que se ofrecen se puede deducir que la objetividad no existe. Toda la información que se da está sujeta a una serie de valoraciones e interpretaciones, que tanto en el fondo como en la forma, contribuyen a provocar una alteración, mayor o menor de la realidad.
Nada de lo acontecido en los últimos cuarenta años hubiera sido posible si este capitalismo salvaje no contara con este poderoso instrumento, con ese discurso divulgador masivo, que son los medios de comunicación de masas.
En nombre de la libertad de expresión, estos grandes medios se transforman en poderosos altavoces capaces de dirigir, controlar y someter a enormes masas de población para que acepten con una “sonrisa sumisa” la pérdida de derechos fundamentales y de su nivel de vida, sin que sean capaces de luchar, de levantarse contra ese discurso silenciador que inhibe la crítica, la capacidad de pensar y de decidir por uno mismo y aplasta toda posibilidad de resistencia.

2. ¿Quién controla los medios de comunicación?

El poder comunicacional está en manos de grandes grupos financieros y poderosas empresas que controlan y dominan toda circulación de información y de contenidos que a través de los mass-media se ofrece por todo el Planeta. Como podemos imaginar el fuerte control ejercido por estos dueños no tienen otro objetivo que favorecer los planteamientos políticos del imperio yanqui y los intereses económicos del neoliberalismo imperante.
Si analizamos la democracia occidental, que no es precisamente una democracia real, plural y participativa, basa sus relaciones político-sociales en no permitir que la gente se haga cargo de sus propios asuntos, en no dejar que comprenda las relaciones de poder, en no consentir que tome conciencia de su situación, impidiendo que reaccione contra los pocos magnates que controlan la vida de la inmensa mayoría de la población. Los medios de comunicación, con un discurso de entretenimiento, de dulcificación de la realidad, de sometimiento y ocultación de los conflictos propios imponen los intereses de las grandes oligarquías financieras y las multinacionales, respaldadas por las instituciones mercantiles internacionales que se apoyan en “expertos economistas a sueldo” del neoliberalismo, sin que haya posibilidad de cambiar el discurso por otras alternativas, válidas desde el punto de vista científico, y que repercutirían de forma muy positiva en la mejora de condiciones de vida de inmensa mayoría de los ciudadanos y en la preservación del medio ambiente.
El neoliberalismo impone no sólo un mercado sin control de los gobiernos, sin sectores de producción y de servicios de titularidad pública, regidos por la libre competencia, sino que además necesita de una domesticación de los sectores más combativos de la sociedad y criminaliza a aquellos países que persiguen por medios democráticos la explotación de sus propios recursos naturales, el control de su economía y la preservación de su cultura. No sólo eso, cuando algún Estado, por su propia dignidad y autonomía democrática, pretenden garantizar el uso público de los medios de comunicación, ampliando las posibilidades de participación social de la gran masa de la población, mediante la ampliación y el desarrollo de medios públicos, cuando pretende aplicar medidas sancionadoras para los que tergiversan la verdad, manipulan la información o utilizan esos medios en contra del estado de derecho, intentando violentar o derribar a un gobierno, ese Estado es acusado de atentar contra la libertad de expresión y, por tanto, de antidemocrático (caso de Venezuela).

3. La censura de las noticias ¿Cómo se manipula la información? ¿Cómo se manipula a la población? Ejemplos de estrategias de manipulación.

El profesor N. Chomsky en diferentes medios de comunicación digitales (ATTAC, 20-9-2010; Gaceta Intercultural, 10-10-2010) ha publicado su decálogo de Estrategias de Manipulación Mediática, con las que demuestra cómo los medios de comunicación, utilizando estos métodos que los consumidores desconocen y que son incapaces de detectar: se manipula su voluntad, se someten sus decisiones a las exigencias del mercado, se les aleja de sus propios intereses y necesidades y se les domestica, volviéndolos personas sumisas incapaces de reaccionar ante la pérdida de sus derechos sociales y laborales, convirtiéndolos en seres acríticos que no cuestionan el injusto sistema capitalista e incapaces de movilizarse para defender los logros sociales. Esta sutil, pero implacable manipulación, con mucha más incidencia en las clases populares por su menor formación cultural, convierte a los consumidores en meros pepeles en manos de los grandes gurús que dominan las técnicas discursivas audiovisuales, con programas basuras, emisiones dulcificadas e informativos violentos y manipulados, para que el gran público se reconforte, olvide sus conflictos y apacigüe su conciencia.
Esta subjetividad informativa resulta especialmente grave cuando se trata de los medios de comunicación de titularidad pública, que, asumiendo el papel de portavoces del poder político y económico, controla a la opinión pública, mediante la descarada manipulación de la información y de la opinión. Todo al servicio de unos intereses partidistas, de un sistema económico salvaje y de un libre mercado, controlado por las grandes multinacionales.
La manipulación informativa más burda y vergonzante es aquella que inventa la realidad para sacar un provecho político, estratégico o económico o la que oculta deliberadamente las agresiones y golpes de estado que sufren los gobernantes de países democráticos que, defendiendo su dignidad y su derecho a decidir sobre sus recursos naturales, están llevando a cabo reformas políticas, sociales y económicas para mejorar la vida de sus ciudadanos (Venezuela, 2002, Bolivia, 2006, Honduras, 2009, Ecuador, 2010).
Sobre manipulación hay muchos ejemplos. Nos podemos olvidar como se tergiversó la realidad de Irak para que el pueblo norteamericano aceptara la invasión. Son tantas las mentiras (Irak es responsable del 11.S, tiene armas de destrucción masiva, está aliado a Al Qaeda, intenta conseguir uranio para fabricar bombas atómicas…) difundidas machaconamente a través de los poderosos los medios de comunicación que en pocos meses se pasó de una mayoría antibelicista a otra favorable a la invasión.
El acoso y derribo al Gobierno democrático de Venezuela y, sobre todo a su Presidente, Hugo Chávez, representa una de las mayores agresiones a la libertad de información y una grave falta de objetividad de sus contenidos. Desde que llegara al poder, en las primeras elecciones (Diciembre de 1998) hasta estas últimas del pasado 26 de Septiembre ha ganado con rotundidad 13 de las 14 contiendas electorales en su país. En todas ellas, observadores internacionales han podido contrastar su limpieza democrática. Pero Chávez es un mal ejemplo (sus planes nacionalizadotes, su salida de la órbita económica neoliberal y de la influencia norteamericana, la puesta en marcha de una socialización de la economía, la cobertura de la sanidad y la educación a todos los ciudadanos, el desarrollo de una estructura de organización social independiente…) que hay que cortar por todos los medios posibles. Tanto los poderosos medios de comunicación privados de su propio país (en manos de la oligarquía que siempre ha controlado las riquezas naturales) como todos los medios occidentales, voces del amo yanqui, desatan sus iras contra Venezuela e intentan desestabilizar desde el interior y el exterior atacando a Presidente. Acusan a Chávez, sin pruebas, de terrorista: tiene relaciones con las FARC, con el trafico de drogas desde Colombia, con el terrorismo islámico y, últimamente, de apoyar a ETA, porque dos terroristas han declarado a la policía (posteriormente ante el juez lo han negado) que han sido adiestrados en Venezuela.
En la era Obama, con la colaboración de la CIA y la oscura red de organizaciones internacionales a su servicio, pagadas con dinero de los contribuyentes americanos y los ahorros de medio mundo, se ha acrecentado el acoso y derribo a países democráticos de América Latina (Venezuela, Bolivia, Honduras). El último ejemplo de intento de golpe de estado contra un país democrático ha sido a Ecuador. La apuesta era clara: había que acabar con el Gobierno y la vida del Presidente Rafael Correa. Era un elemento peligroso, debido a sus políticas antineoliberales, sus relaciones con Venezuela, Cuba e Irán, y su política petrolera que pretendía “retomar” el control de esta rica industria en Ecuador para beneficiar el desarrollo de su país. Para ello, se sirvieron de multimillonarias sumas de dinero, canalizadas a través de instituciones norteamericana como la USAID (Agencia Internacional del Desarrollo) y el NED (Fondo Nacional para la Democracia) y que utilizaron para campañas de desestabilización contra el gobierno, infiltrarse en los movimientos indígenas y las organizaciones sociales y políticas de la “izquierda” y corromper y penetrar a elementos subversivos en la policía nacional que serían los encargados de dar el primer paso, o sea, provocar la crisis y el golpe de estado, deteniendo al Presidente Correa. El presidente estuvo a punto de ser asesinado. No esperaban la contundente reacción del pueblo que se lanzó a la calle y el ejército que liberó al Presidente en poder de los policías golpistas. Inmediatamente después de su rescate, Correa anunció la depuración de la Policía Nacional de Ecuador y su firmeza en llevar ante la justicia para ser condenados a todos los implicados. Está claro que el peligro que de desestabilización no ha terminado y que el poder de no debe ser subestimado. La presencia en Ecuador de Norman Baile, veterano de la CIA, con conexiones en organizaciones vinculadas a determinados sectores indígenas y empresariales del Ecuador evidencia que la huella estadounidense sigue atentando contra la soberanía del Ecuador.
En grandes titulares y muchos medios de comunicación aparecen frecuentemente noticias, siempre negativas, sobre Cuba. Este país es la espina clavada de los gobiernos norteamericanos que durante los últimos cincuenta años han atacado continuamente a la vida de su Presidente y han ahogado, con el bloqueo, el desarrollo económico de esta pequeña nación caribeña. A pesar de las 19 condenas de la ONU -la última el pasado mes de Septiembre-, el Gobierno norteamericano no cede en su agresión y, con sus acólitos occidentales, pretende acabar con la revolución. Un caso sangrante, que los medios de comunicación capitalista pasa de puntillas, es la  cruel e injusta situación que viven los cinco cubanos encarcelados1 en EEUU desde 1998. Estos agentes tenían como única función infiltrarse en los grupos terroristas anticastristas de Miami, que tantos ataques habían lanzado contra Cuba. Son muchas las personalidades de todo el mundo que han pedido la libertad inmediata de los cinco luchadores cubanos e, incluso, su encarcelamiento ha sido declarado ilegal por el Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Estos hechos suponen la vulneración más brutal del derecho internacional y de las propias leyes de EEUU. Son cientos de páginas las que se publican sobre la disidencia cubana y los presos de conciencia en la isla (no llegan a 300). Muchos de ellos son falsos periodistas2, sin estudios, salidos de la gran fábrica estadounidense de “periodistas” que cobija la Sección de Intereses de EEUU (SINA) en La Habana y otros son delincuentes condenados por los tribunales de justicia3 que sintieron “la llamada” de la disidencia para cambiar su situación carcelaria y recibir fondos de la SINA. Pocos medios de comunicación difunden lo que la revolución cubana está consiguiendo en avances sociales muy importantes relacionados con la educación o la sanidad. Su programa de alfabetización “Yo sí puedo”, aparte de lograr que toda su población esté alfabetizada, ha sido llevado por pedagogos y maestros cubanos a 29 países y a un total de 4 millones de personas. Muy poco en el mundo se conoce sobre los avances médicos en Cuba. Según UNICEF, Cuba tiene el porcentaje más bajo de mortalidad infantil de todos los países en desarrollo. En su territorio se han erradicado todas las enfermedades tropicales. En sus 32 Institutos y Facultades de Medicina se forman médicos que Cuba tiene repartidos por más de 100 países de todo el mundo. No olvidemos que si Cuba mantiene su dignidad y su revolución es por su prestigio internacional y por el respaldo mayoritario de su pueblo.
Podríamos comparar el tratamiento que le dan a Cuba en los medios de comunicación occidentales con muchísimos países que, por ser fieles al imperio, sus crímenes y barbaridades quedan minimizados, tapados u olvidados por los mass-media. Pocos saben que en Colombia, país “democrático”, tiene EEUU siete bases militares, que el anterior Presidente Uribe acordó instalar, en contra de su propia Constitución, y que están equipadas con el armamento mas sofisticado del mundo. Nadie puede creer que este arsenal sea, como dicen los americanos, para luchar contra la guerrilla y el narcotráfico. Esto supone un frente ofensivo de tal magnitud que amenaza la estabilidad, como han denunciado los países sudamericanos de todo el Cono Sur.
Pocos conocemos lo que está ocurriendo en Colombia y pocos medios de comunicación denuncian su terrorismo de Estado4. Sólo en los 3 últimos años, han sido desaparecidas más de 38.255 personas por el terrorismo de Estado en Colombia... En total, se estiman en 250.000 personas desaparecidas (secuestradas y torturadas). Más de 4,5 millones de personas desplazadas de sus tierras mediante las masacres de los militares y sus paramilitares, dentro de la Estrategia Estatal de “tierra arrasada”, para vaciar el campo de población y ofertar así a las multinacionales terrenos de alto interés económico, baldío de reivindicaciones y habitantes. Miles de fosas comunes con miles de cadáveres de colombianos masacrados por el paramilitarismo del Estado. Más de 7.500 presos políticos, muchos de ellos víctimas de montajes judiciales, práctica común contra luchadores sociales.
Sin los apoyos militares de USA, la connivencia de la UE y los apoyos mediáticos occidentales, el Estado colombiano no habría podido cometer tantas barbaridades, tantos crímenes y el pueblo habría logrado su verdadera independencia, una democracia real y ahorrado mucho sufrimiento. Pero el silencio de estos crímenes es el precio que tienen que pagar los países capitalistas, que miran para otro lado, para que no cundan malos ejemplos de naciones disidentes.

4. Objetivo fundamental: formación de mentalidades sumisas.

¿Qué pretenden los grandes medios de comunicación con ese férreo control de sus contenidos? Mejor dicho, ¿qué pretenden los dueños de los grandes medios de comunicación con tanta manipulación, tanta mentira y tanto bombardeo de información tergiversada a través de los mass-media?
El dominio de la población en cualquier tipo de sociedad se puede hacer de dos maneras. Bien militarmente, sometiendo a los ciudadanos por la fuerza de las armas (el ejemplo lo tenemos en todas las dictaduras, más recientemente las hispanoamericanas, actualmente en Honduras) o con otro control tan cruel como ese: la utilización perversa de los medios de comunicación que consigue la sumisión de la voluntad de los ciudadanos, el control de los conocimientos y la información y, como consecuencia, la resignación a aceptar como algo inevitable la difícil situación por la que atraviesan, situación que los convierte en seres sociales cada vez con menos derechos y menos posibilidades de desarrollar una vida digna.
Si recordamos los ejemplos recogidos y otros muchos que podríamos citar (pensemos en la parafernalia que están montado con los disidentes cubanos) nos daríamos cuenta que la inmensa mayoría de las informaciones que recogen los medios de comunicación occidentales, en lo que a política internacional y a economía global re refiere, todos tienen las mismas fuentes – como se ha recogido ya, las poderosas cadenas norteamericanas y las grandes agencias internacionales de noticias- y los mismos objetivos –mantener a toda costa el sistema capitalista neoliberal y el sometimiento de los países de su influencia-.
La inmensa mayoría de la población española, y de una parte importante del mundo, se nutre de las informaciones oficiales que aparecen en este medio, sacralizando su contenido como “verdad absoluta”. Claro está los medios de comunicación dedican muchísimo dinero para pagar a expertos y promotores que estudian y diseñan los mejores y más lucrativos contenidos para influir y condicionar las conciencias de los usuarios. Estos, como meros receptores de una comunicación grata y atractiva, pero en muchos casos contraria a sus intereses, no entienden que la inmensa mayoría de los mass-media acuden a la manipulación, tergiversan la realidad social para crear opiniones en los incautos consumidores que creen ingenuamente que defienden el bien común, cuando son victimas de una imposición mediática que ampara, protege y legitima los intereses particulares de los dueños y de las clases dominantes.
Recoge Vicente Romano en su artículo “Medios de comunicación, pensamiento único y falsa conciencia”5 que, los medios de comunicación de masas son los vehículos o canales de distribución de los productos de la comunicación. La comunicación de masas es, antes que nada, producción masiva de comunicación. Y, como tal, se rige por los mismos principios que el resto de las industrias: producción en serie, indiferenciada, a fin de reducir costes y aumentar beneficios. Pero como en la producción comunicativa se trata de productos del pensamiento, de contenidos de conciencia, esta simplificación y uniformidad tiene también algo que ver con la producción del pensamiento acrítico, indiferenciado, único”. Se trata, pues, de transformar las conciencias críticas en conciencias conformistas, de eliminar la reflexión y el compromiso social, de aborregar a la población. Todo ello conduce a la formación de una mentalidad sumisa que deja en manos ajenas la solución de los problemas propios y que acepta como inevitables los perjuicios y atropellos que, desde el punto de vista sociolaboral, se comenten contra la inmensa mayoría de los ciudadanos. El resultado es un pensamiento único, uniforme, acrítico y, por consiguiente, la falsa conciencia.
Vicente Romano, en el documento reseñado, recoge que “la mediación efectuada por el pensamiento único reduce las contradicciones hasta el punto de eliminarlas. Su misión es la unificación de lo que se presenta dividido, disgregado”. Los medios establecen los límites del discurso y la comprensión de la realidad. Se pretende que esa realidad social, política y económica, que es plural, compleja, contradictoria y problemática, se presente más corta, estandarizada, uniforme, estereotipada para que, mediante el poder mágico de los medios, el receptor no llegue a comprender el papel que juega en la sociedad, la importancia de su implicación para mejorar la situación y aplicar el instrumento de la razón para luchar contra todas las desigualdades sociales.

5. Crisis de credibilidad y medios alternativos.

El título de este apartado es el mismo que un artículo de Santiago Alba6 que plantea dos aspectos importantes. Por una parte, la credibilidad de la información que se ofrece a través de los medios y por otra, si realmente hay una crisis de esta credibilidad. Este autor recoge que lo fundamental no es que las informaciones sean falsas, estén tergiversadas o manipuladas, lo que importa es que sean creíbles. Pero, ¿cómo es posible hacer creíble una información en la sociedad capitalista? Existen muchas estrategias perfectamente estudiadas y aplicadas a nivel socio-comunicativo. Veamos:
- Será más creíble aquella información que es capaz de engañar a más gente.
- Cuando existe mayor libertad de información, ésta se vuelve más creíble. Claro está, en la sociedad capitalista los ciudadanos comprenden que no hay censura oficial y pública por lo que aceptan como verdadero lo que ofrecen los medios, pero desconocen que hay una censura impuesta por sus dueños que son en realidad los que deciden lo que hay que difundir, a quién hay que publicitar y los valores que hay que defender.
- El reclamo publicitario concentra toda la fuerza creativa y tal originalidad que la hace creíble. Visto el éxito conseguido por los publicistas, los expertos en medios han sabido adaptar las informaciones a ese formato, consiguiendo que la oferta sea más atractiva, seductora y persuasiva, lo que hace a los mass-media más creíbles (Ej. Las imágenes de la Guerra de Irak).
- La credibilidad tiene un carácter tautológico, a fuerza de repetir una mentira se convierte en “verdad”. Tenemos ejemplos en la política española.
Son más creíbles aquellos medios que concentran más estrategias de credibilidad: más lectores, censura encubierta, formato publicitario de la información (Ej. Grupo Prisa y la defensa de sus intereses en América Latina).
¿Cómo se desmantela un marco de credibilidad? ¿Cómo se crea uno nuevo en el que la verdad, además de verdadera, sea creíble?
Hay que tener en cuenta que un marco de credibilidad se amenaza o se acrecienta dependiendo del grado de legitimidad que alcanzan los medios. Si las fuentes que las legitiman (económicas, políticas, culturales y sociales) fallan, si las estrategias de credibilidad no consiguen su objetivo, las informaciones que ofrecen los mass-media se vuelven falsas, increíbles. Actualmente se están dando avances importantes en este sentido, se están produciendo cambios sustanciales por los procesos emancipatorios en América Latina que están minando el marco de credibilidad dominado por los grandes medios. La elección democrática de gobiernos (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua…) que no aceptan el sistema económico imperante (neoliberalismo) supone:
- El compromiso y la participación en las estructuras sociales de ciudadanos que asumen un papel protagonista en la organización y gestión de lo público.
- El control de los recursos naturales (nacionalizaciones) en beneficio de la inmensa mayoría de la población.
- La ampliación a todos los ciudadanos del derecho a la salud y la educación, desde la oferta pública, con la multiplicación de estructuras y medios necesarios (escuelas, hospitales, institutos, centros de salud…).
- La implantación de medios de comunicación alternativos (prensa, radio y TV), auspiciados desde los gobiernos y gestionados por los propios ciudadanos, como la única manera de contrarrestar la inmensa propaganda y manipulada información que ofrecen los medios de comunicación en manos de las oligarquías financieras y las grandes multinacionales de la comunicación.
Esta es la principal razón del grito continuado, como he recogido anteriormente, –quién grita pierde credibilidad-, del Grupo Prisa que tiene que levantar la voz, para la defensa de sus intereses económicas. Como su legitimidad está en entredicho, cada vez está perdiendo más poder sobre las conciencias de las gentes, cada vez sus informaciones tienen menos influencia en América Latina.
Pero también están perdiendo credibilidad los grandes medios de comunicación por los excesos de EEUU en el mundo musulmán (Irak, Palestina, Afganistán), por el apoyo que presta a países amigos poco democráticos (Kuwait, Arabia Saudí, Marruecos) y por la nefasta gestión de la crisis económica en los países capitalista que capitaneados por el imperialismo financiero y apoyados por las instituciones económicas neoliberales (FMI, BM, OCDE, Bancos Centrales…), han condenado a la miseria a los sectores más débiles de la sociedad (los trabajadores), que pagan con el hambre y el paro, la malversación y el robo causado por las entidades financieras americanas.
Cada vez más aumenta la agresividad, violando los manuales de estilo, de los medios de comunicación occidentales hacia todos aquellos países que no son “leales” al imperio, cada vez restringen más la libertad de información y aumentan los ataques desde los propios medios a periodista, políticos y sindicalistas que no se quieren domesticar, ni plegarse a la censura impuesta. Todos estos ataques y restricciones están minando la credibilidad dominante.
Los medios de comunicación son como vasos comunicantes. Los ciudadanos necesitan información y, lógicamente, la merma de credibilidad de los medios del capitalismo irá en beneficio otros medios de comunicación ligados a los pueblos que, con el espectacular desarrollo de las nuevas tecnologías, se están implantando en el mundo. Queda mucho camino por recorrer, pero, ya hay una senda iniciada que hay que potenciar. La realidad nos demuestra que es posible y necesario otro tipo de medios de comunicación, centrados no en las ganancias empresariales y en la alienación de los pueblos, sino en la vida misma, en la lucha por una sociedad mejor, más igualitaria y democrática. Estos medios de comunicación que denominamos “alternativos” están llamados a ser la voz de los sin voz, una herramienta en manos de los ciudadanos para defender sus derechos y sus intereses, para conseguir una vida más digna y potenciar su propia cultura. Lógicamente, los medios alternativos generan otra tipo de información, un discurso sin intermediarios, elaborado en unos casos desde las propias bases ciudadanas que dirigen, controlan y desarrollan los contenidos del medio y en otros, los digitales, en manos de colectivos, instituciones y particulares, sin ánimo de lucro, que pretenden abrir una ventana de libertad a la crítica, a la denuncia, a la información veraz y a la defensa de los derechos de los pueblos ante la censura impuesta por el poder hegemónico de la industria capitalista de la comunicación y de la cultura.
La legitimación de los medios alternativos, su credibilidad viene dada por la propia búsqueda de la verdad informativa, porque están al servicio de los pueblos en defensa de sus intereses y porque son la caja de resonancia de movimientos de base y colectivos sociales organizados (partidos de izquierdas, asociaciones obreras y campesinas, sindicatos de clase, asociaciones culturales, ONGs, grupos antiglobalización…) que, indudablemente, necesitan de estos medios para actuar como contraoferta informativa y cultural a la comunicación oficializada y, al mismo tiempo, para incidir sobre la realidad e intentar mejorarla. Estos medios alternativos se convierten así en instrumentos imprescindibles al servicio de los pueblos y formas de expresión necesarias para oír y atender las voces y necesidades de los más desfavorecidos.
Excepto en aquellos países en los que desde los Gobiernos se están promoviendo medios alternativos y. por lo tanto, pueden disponer de espacios y recursos económicos públicos para desarrollar su labor, el resto, considerados extraoficiales, que conviven en el propio sistema capitalista y en lucha con él (periodismo digital, prensa política y sindical, revistas de colectivos, radios locales…) se encuentran inmersos en graves problemas tanto para su financiación como para conseguir la suficiente libertad para difundir aquellos contenidos que creen más relevantes y necesarios. Resulta tremendamente difícil mantener la independencia de estos medios en las sociedades capitalistas, pues su continuo enfrentamiento con los poderes fácticos, les acarrea una carga represiva y una continua deslegitimación que les lleva a una lucha continua por su supervivencia (hay que recordar el caso del periódico Egunkaria cerrado en 2003, con cinco directivos encausados y finalmente, en Abril de 2010, la Audiencia Nacional cuestiona la constitucionalidad de su cierre y retira todos los cargos).
En un artículo7, Marcelo Colussi recoge que “Si la lucha de clases, la lucha por un mundo más justo y solidario, por constituir una aldea global basada en el beneficio democrático de las mayorías y no sólo en el de las élites, si todas estas luchas implican un combate perpetuo, el campo de las comunicaciones, dada la importancia creciente que las mismas tienen en las sociedades modernas, pasa a ser un especialísimo ámbito de estas nuevas guerras. Los medios alternativos, populares e independientes viven en una virtual guerra, siempre al filo; y no puede ser de otra manera. Su papel en los procesos de cambio, de transformación profunda, es cada vez más importante”.
Es importante que todas aquellas personas y colectivos de izquierdas, que sienten el deseo y el compromiso de un profundo cambio sociopolítico, sean capaces de participar y potenciar los medios de comunicación alternativos para que se afiancen como espacios de información, discusión y crítica, como verdaderos foros de participación ciudadana y de planteamiento de alternativas para conseguir una sociedad mejor, más justa, plural y solidaria, con el objetivo primordial que algún día podamos despertar con la realidad del sueño utópico de una sociedad socialista.

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