martes, 25 de marzo de 2014

El miedo ha cambiado de bando


 Juan Balsera Santos.
 Colectivo Prometeo.
 FCSM
       Durante ocho días he tenido el honor de participar, junto a otros cerca de 500 compañeros, en la Columna Andalucía de la Marcha por la dignidad que salió de Córdoba el pasado 16 de Marzo y concluyo en Madrid  el ya emblemático 22 M, con una de las mayores manifestaciones pacificas y solidarias que se hayan  visto en  la historia  de  este país.
        Pese a la ocultación que sobre este acontecimiento tan relevante, han practicado la mayoría de medios de comunicación de masas,  la realidad que percibíamos las personas que caminábamos y compartíamos momentos en estas etapas y el contacto que manteníamos con los pueblos y automovilistas del recorrido,  predominaba  un espíritu de cooperación, compañerismo y solidaridad entre el conjunto de personas tan diversas, por sus orígenes sociales y políticos que componían la comitiva.
      En la misma había un grupo importantes de jornaleros  y campesinos, pero también  ingenieros, abogados, empresarios, universitarios, músicos, profesores, policías, bomberos,  empleados de banca ...etc. aproximándose a una representación bastante  real del pueblo de Andalucía.
     Las organizaciones sociales han sido también muy  diversas: SAT, PCA, CNT, FCSM, USTEA, PCH, personas sin adscripción política definida y hasta varios infiltrados de los cuerpos de seguridad del Estado,  con los compartíamos tertulias y puntos de vista.

      Pese a esa amalgama y la ausencia de consignas y de una dirección política al uso, la columna hacia honor al nombre con el que estaba convocada  y las personas caminaban llenas de orgullo y dignidad, con  una actitud decidida y segura por el asfalto de la autovía del Sur. Ya en tierras castellanas se incorporaba la columna de Toledo con cerca de un centenar de caminantes  más, que junto con las que se acercaban de las poblaciones por las que íbamos pasando componían el alma  de los quehaceres diarios.
       Pude ver como personas que habían tenido alguna adversidad  que le impedían caminar, se mantenían en la marcha,  o como  otros compañeros  tuvieron  que volver a su tierra por problemas de salud  aunque su resistencia al abandono era máxima, acabaron  con lagrimas en los ojos.
      En los debates, en las entrevistas que escuche cuando los medios locales se acercaban a entrevistar a algún componente de la marcha, pude ver como muchas de las repuestas y propuestas que los componentes realizaban contenían la semilla de la alternativa que surgía de forma natural y espontanea. Pero lo que mas me sorprendió de todo lo vivido, era los ojos de sus rostros y comprobar la ausencia de miedo que sus miradas transmitían;  por primera vez en mucho tiempo  se sentían  personas libres, reivindicativas pero solidarias, rebeldes pero amables, sencillas pero seguras de lo que querían y sobre todo con una generosidad fuera de lo común. Fue cuando comprendí que el 22 de marzo sería recordado en el futuro como el punto de inflexión,  donde el miedo que durante años atenazó a las gentes sencillas de nuestros pueblos comenzó a cambiar de bando;  no sabría explicar muy bien que elementos influyeron en esta  metamorfosis para variar de una manera tan significativa su actitud en esta vida. Pero así fue y así  lo cuento  hoy.


                                                                                                         


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