domingo, 17 de marzo de 2019

Abril para soñar


Juan García Ballesteros
Presidente del Colectivo Prometeo
“El feminismo es una forma de vivir
individualmente y de luchar
colectivamente”.
Simone de Beauvoir

Este año la primavera se ha adelantado. Se han movilizado millones de personas, flores tempranas, alegres y optimistas que han gritado poemas de luz, color y lucha, sembrando las calles de nuestro país de alfombras con olores a igualdad, libertad y democracia, con aromas a lucha y deseos profundos de transformaciones sociales y políticas. Esta inmensa ciudadanía (millones de mujeres –las más- y hombres), este 8 de Marzo, no sólo ha coreado sus exigencias del derecho a igualdad entre hombres y mujeres, de acabar con la discriminación sexual, de avanzar en derechos sociales y políticos ya conseguidos, sino que los gritos del colectivo feminista radical han ido más allá. Han mostrado la convicción y la fuerza para conseguir una profunda transformación del injusto sistema social capitalista.
La manifestación en Córdoba, pacífica, festiva, alegre y multitudinaria, me resultó tremendamente gratificante. Me ilusioné como hacía tiempo no me ocurría, ver tantos miles de mujeres a mi alrededor (muchísimas jóvenes) y oír a grito limpio, con ganas de “comerse el mundo” eslóganes como “Si las mujeres paramos, paramos el mundo”, “Todas juntas podemos”, “Juntas por la igualdad real”, “El feminismo es una revolución para cambiar el mundo”, “La revolución será feminista o no será” “Ni una menos, vivas nos queremos”…Vi tanta determinación imparable que pensé “esta fuerza colectiva tiene que continuar, no se puede quedar en “flor de un día”. Ha de seguir la lucha el sábado, el domingo, todos los días …y debe tener reflejo en las urnas.. Quizás sea un ingenuo, algo utópico, pero pensé que el eslogan “La revolución será feminista o no será” tiene una base real en este ambiente reivindicativo y solidario que se palpaba, fruto de una toma de conciencia social y política de muchas personas y del cansancio de colectivos feministas y asociaciones que, después de muchos años de lucha, apenas han conseguido mejorar esta sociedad patriarcal, injusta, insolidaria y xenófoba

“Hasta aquí hemos llegado”, parecía deducirse de la realidad que estaba viviendo. Era un “golpe sobre la mesa”, una manifestación del “sí se puede”. Porque lo que subyace detrás de tantas gargantas luchadoras, tanta alegría desbordada, es la convicción que es necesaria y urgente una transformación real de un sistema que margina a las mujeres, sean trabajadoras, emigrantes o amas de casa, que explota y esclaviza a los trabajadores y trabajadoras, que obliga a miles de jóvenes a la emigración, que está conduciendo a una grave pérdida de derechos sociales y laborales ya adquiridos y que está contribuyendo a un deterioro cada vez mayor de nuestra sociedad, elevando los niveles de pobreza, marginación y exclusión social.

La lucha feminista, plagada de persecución, cárceles, muerte y marginación. ha hecho posible a lo largo de la historia que mujeres valientes y arriesgadas ( Olympe de Gouges, Mary Wollstonecraft, Flora Trstán, Clara Zetkin, Emmeline Pankhurst, Susan B. Anthony, Rosa Luxemburgo, Emilia Pardo Bazán, Concepción Arenal, María Lejárraga, Clara Campoamor, Victoria Kent, Federica Montseny,…) hayan ido abriendo caminos y que con su lucha y sacrificio hayan logrado avances importantes en la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Esta transformación social y política debe suponer un cambio profundo de las estructuras patriarcales de esta sociedad neoliberal y como recoge el manifiesto elaborado por la “Comisión Feminista 8 de Marzo”: acabar con la violencia machista, el racismo y la xenofobia, sacar el aborto del Código Penal, conseguir una vida digna que garantice los servicios públicos de educación, sanidad, ayuda a la dependencia y acceso a la vivienda, terminar con la precariedad laboral y la brecha salarial que tanto afecta a las mujeres, construir una economía sostenible, justa y solidaria que gestione los recursos naturales y mejora del medioambiente de forma pública y comunitaria, que esté en función de las necesidades humanas y no del beneficio capitalista.
  “Formamos parte de las luchas contra las violencias machistas, por el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo y nuestra vida, por la justicia social, el trabajo digno, la vivienda, la salud, la educación, la soberanía alimentaria y la laicidad", indica el manifiesto del 8M, que recuerda también que con la fuerza colectiva se han "ido abriendo espacios y conseguido algunos cambios", pero que pese a ello, las vidas de las mujeres "siguen marcadas por las desigualdades, por las violencias machistas, por la precariedad por procesos de exclusión derivados de nuestros empleos, la expulsión de nuestras viviendas, el racismo, por la no corresponsabilidad ni de los hombres ni del Estado en los trabajos de cuidados".
Como canta Carlos Cano en su canción “Luna de Abril”: “abril flor de la vida al corazón, abril para soñar, abrir para sentir, abril la primavera amaneció”. Este próximo mes de Abril debe ser especial para que millones de corazones propicien aires de cambios profundos, para que los sueños de mujeres y hombres que sienten la utopía de una sociedad más justa, igualitaria y democrática se haga realidad. Que el 29 de Abril amanezca una nueva primavera con la desbordante alegría de lograr la fuerza electoral necesaria para que las reivindicaciones que se reclaman desde hace tantos años desde colectivos feministas, movimientos sociales y partidos que luchan por la justicia medioambiental y servicios públicos de calidad, que defienden una educación pública universal, gratuita, obligatoria y laica y una sanidad pública y gratuita, sea posible. Esta fuerza social inconformista debe propiciar la recuperación de los derechos sociales y laborales perdidos, la implantación de una política que garantice viviendas sociales y conseguir una sociedad realmente igualitaria, sin machismo, ni racismo que garantice una vida digna para la inmensa mayoría de la ciudadanía, en especial para los sectores más desfavorecidos.
La primavera se ennegrece ante la posibilidad que la triple derecha reaccionaria (como ha ocurrido en Andalucía) con un lenguaje salpicado de falsas promesas, con sus mochilas cargadas de mentiras, trampas, manipulaciones, escándalos, corrupciones y reivindicaciones de su pasado franquista consigan mayoría para gobernar. Este PP, que se presenta como adalid del cambio social, tiene una larga trayectoria de Gobierno salpicado de clientelismo, corrupción, pérdida de libertades, injusticia social y merma de derechos fundamentales. Entregarle a esta camarilla conservadora el poder sería una vuelta al pasado más reaccionario, triste y sin futuro para jóvenes, mujeres y una amplia mayoría social.
Hemos vivido momentos transcendentales de lucha en esta larga, dura y desesperante Transición. Recordemos el 15M o las Marchas de la Dignidad. Pero quizás estamos en estos momentos, en lo que allá por 1955 nuestro gran poeta Gabriel Celaya vaticinó en su poema “España en marcha”.(cantado por Paco Ibañez). Dice “A la calle que ya es hora de pasearnos a cuerpo y mostrar que pues vivimos anunciamos algo nuevo”. Esa calle ya está en marcha. Millones de personas se han movilizado en su lucha por ”algo nuevo”, las feministas por sus derechos negados, los jubilados, denunciando el despilfarro de la caja de las pensiones y exigiendo una vejez digna y los jóvenes clamando contra el cambio climático. Nos queda “Pero digo que seremos mucho más de lo sabido los factores de un comienzo “. Un comienzo que debe lograrse el próximo 28 de Abril y que debe llenar las urnas de votos para aquellos partidos de la izquierda real (sin compromisos, ni acuerdos con la derecha como hace el PSOE) que sientan, desean y se comprometan con cambios profundos en este injusto, machista y autoritario sistema neoliberal.
¡A votar TODAS y...TODOS! Conscientes, valientes, sin miedo, sabiendo lo que nos jugamos.

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