lunes, 20 de mayo de 2013

Nace una esperanza



Manuel Pezchico
Miembro de Ética política y Ciudadanía y del Frente Cívico Somos Mayoría de Málaga.

     Desde hace siete meses, en nuestra provincia se vienen realizando una serie de encuentros entre distintas organizaciones y particulares, que, ajenas a intereses personales, solo se mueven por el más sano objetivo de ser útiles a la sociedad, sin perseguir ninguna compensación a cambio.
En este foro están participando las más variopintas ONGS, asociaciones y voluntarios, constituyendo lo que ha venido en llamarse el “Grupo Motor de Málaga (GMM)” para la recogida de iniciativas que serán tenidas en cuenta en la futura LEY ANDALUZA DE PARTICIPACION CIUDADANA

En palabras de uno de sus componentes de los grupos de trabajo en que se articulaba el III Encuentro Provincial la para la Elaboración de la Ley, el pasado 17/05. “Las personas que se han venido reuniendo de forma periódica, desde una posición inicial, han pasado de ser meros portavoces de distintas realidades a convertirse en un verdadero EQUIPO DE TRABAJO, con el objetivo común contribuir con sus aportaciones a la mejora de la futura Ley”. 

Hasta aquí nos ha traído un llamado de las instituciones del gobierno autonómico, en este caso de la Consejería de Administración Local y Relaciones Institucionales de la Junta de Andalucía, que, de este modo, materializa su interés en que la ciudadanía de a pie, pueda manifestar su punto de vista sobre la referida norma, con anterioridad a que salga a la luz pública. 


En gran medida, a algunos de nosotros, lo que nos ha llevado a participar en este proyecto es un simple y elemental ejercicio de coherencia. ¿Cómo van a rechazar esta invitación los que, de forma continuada, en sus reuniones, sus iniciativas y en las calle exigen ser escuchados al grito de “¡¡No nos representan!!”?
No niego que exista cierta prevención y desconfianza sobre la efectividad de participar en un proyecto promovido y auspiciado por el uno de los tres poderes del Estado, que, al igual que los dos restantes, han visto empañada su gestión por la sombra de la corrupción, que, en connivencia con la voracidad del poder económico, son los causantes de muchos de los males que aquejan a esta sociedad, que ya no es del “bienestar”. 

Es evidente el nivel de desafección popular que provocan los continuos casos de corrupción y privilegios de los que disfruta, entre otros, la clase política. Partiendo de esta base es muy difícil promover la participación real de “electorado”.

La ciudadanía manifiesta de forma continuada, su repulsa a los miembros de las instituciones que se creen con el derecho de representarla por el simple hecho de ser depositarios de los votos emitidos cada cuatro años, sin respetar siquiera el programa electoral que les sirvió para auparlos al poder. 

Ante tal estado de cosas, surge el interrogante, incluso manifestado por los propios organizadores del evento, de si con la participación de la ciudadanía, estaríamos apoyando a las instituciones cada vez más distanciadas de la realidad social o serían las propias instituciones las que estuvieran buscando revertir esta situación mediante la participación ciudadana, lo que, indudablemente, supondría un cambio copernicano y radical. 



Pero la gente de la calle cada vez resulta más desconfiada y, entre el individualismo que la lleva a preocuparse cada uno de lo suyo y la triste experiencia de haber sido defraudada muchas veces en sus expectativas, no distingue entre las voces reales y los “cantos de sirena”. 



La tan deseable credibilidad debe ser ganada a pulso mediante la puesta en práctica un tratamiento de choque de carácter interno, al que no sería ajeno un compromiso ético por parte de los cargos públicos, una recuperación de los valores de solidaridad y servicio desinteresado a la sociedad, tolerancia cero contra la corrupción, renuncia voluntaria a cualquier tipo de privilegios…..en resumen un comportamiento verdaderamente ejemplar que limpiara el buen nombre del servidor público. 



La implementación de estas medidas nos llevaría a otro tipo de democracia, más participativa, en la que los miembros electos estuviesen siendo continuamente evaluados en su actividad por sus electores y donde tendría razón de ser el tan necesario “Observatorio de Ética Política y Ciudadana”, que velase por prever y erradicar prácticas impropias. 



Personalmente, desde mi incorporación a este proyecto, echaba en falta la presencia de determinados colectivos, que, de forma reiterada e insistente han exigido ser oídos reclamando su derecho a una vida más justa.(PAH, Mareas Ciudadanas, Colectivos en Riesgo de Exclusión Social, Yayoflautas…), la mayoría de ellos nacidos a la sombra de lo que ha venido en denominarse el espíritu del 15m. 



Desde el más riguroso alejamiento del cualquier tipo de protagonismo, no he abandonado, ni por un solo momento, el convencimiento en el derecho que asiste a cualquier “pez chico a manifestar su opinión, que debe ser oída y atendida, por las instituciones, en caso de ser mayoritaria, sin estar, para ello, obligado a pertenecer a las mismas, porque….si nos empinamos para intentar alcanzar mayor altura que la que ya tenemos como seres humanos, solo corremos el riegos de dislocarnos algún tobillo y convertirnos en marionetas, útiles para los que manejan los hilos, ocultos tras el escenario. ¡Un fantoche!¡Un esperpento!



Constatadas tan significativas ausencias, y reivindicada nuestra identidad de “morralla” (como diría Carlos Cano) y el anonimato, que nos complace y enorgullece; no puedo por menos que manifestar mi satisfacción al escuchar en este encuentro, por boca de José Cosín, la voz de los que iniciaron, hará cosa de un año y medio la Iniciativa Legislativa Popular, que fue la semilla del motivo que ahora nos congrega y de la que se obtuvieron algunos resultados (implantación del escaño 110, reducción de firmas de 75.000 a 41.000 para las ILP y el uso de la firma digital), quedándose otros muchos por el camino. 



Como miembro de la asociación Ética Política y Ciudadanía integrada en el Frente Cívico Somos Mayoría y antes de esto, como persona integrada distintas organizaciones vinculadas al movimiento que se inició el 15 de mayo de 2011, no he dejado de apreciar, el compromiso social, que tiene con los más desfavorecidos un grupo de personas que han promovido acciones como la salida del CIES de Sid Hamed Bouziane, y el posterior cierre del centro, los realojos de la Corrala Buenaventura, el apoyo al surgimiento del “Banco Güeno”, las luchas por el agua en la Palmilla…Desde luego, una forma distinta de participar, pero, desde mi punto de vista, absolutamente válida y necesaria. 



Pensaba yo, con mis cortas entendederas, que esta gente tenía algo que decir en lo relativo a la “participación ciudadana”, y cuál no sería mi, agradable, sorpresa cuando en el plenario y en el grupo de trabajo, tuve la ocasión de escucha la voz de esos que no tienen voz y que están tan lejos de las instituciones y de las últimas tecnologías, porque…a duras penas, saben leer y escribir. 



Entiéndaseme bien, este no es un alegato “tecnófobo”. La democracia líquida, la 4.0, la Democracia Digital Andaluza…. son el futuro y abren el abanico de la participación, pero… debemos estar prevenidos contra el riesgo de sentirnos satisfechos por haber creado un “castillo de cristal” que hoy por hoy, puede estar dándole las espaldas a una acuciante realidad que vive fuera de la “red”. 



Ojalá que este fruto, a pesar de ser “sietemesino” se consolide en una Participación Real de la Ciudadanía en los asuntos que le son propios y esta esperanza no quede reducida a una mera ilusión.

En cualquier caso el tiempo lo dirá. Por el momento, vaya por delante el mensaje para los “políticos” de uno de los miembros del grupo de trabajo en el que tuve el honor de participar en esta jornada: “Señores políticos, ¡no defrauden las expectativas de los ciudadanos!, ¡no nos engañen!”.



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