sábado, 18 de septiembre de 2021

Sin ánimo de comparar (2ª parte)




Juan García Ballesteros

Colectivo Prometeo



    Quiero recordar, para empezar, los dos párrafos de la primera parte en los que se fundamenta todo el desarrollo de la argumentación del escrito.

Cuando el poder económico, dueño de los medios de comunicación de masas, sienten que sus privilegios son atacados, bombardean con toda clase de (des)información, mentiras y manipulaciones contra el partido o persona que ha osado poner en entredicho sus prerrogativas. No tienen ningún escrúpulo, no tienen ningún límite, porque saben que la extrema derecha política y mucha judicatura están a su servicio.

Destruir a ese contrincante político, que plantea, que propone, una sociedad más justa, más igualitaria, más democrática, es el medio que utilizan para continuar manipulando, adormeciendo y convenciendo a la ciudadanía que ese sujeto busca romper la realidad social, demoler “todo lo conseguido” en los últimos cuarenta años. Es su coartada. Reivindican el desastre de la falsa Transición para amedrentar y atraer a sus planteamientos (por desgracia lo consiguen) a una gran parte de esta sociedad que, en contra de sus propios intereses, defiende los postulados de los poderosos.

El compromiso social y político de Pablo Iglesias le fue transmitido por herencia. Familiares suyos sufrieron muerte, represión y cárcel por la dictadura. Muy joven tomó partido. Con 14 años ingresó en las Juventudes Comunistas y ya no ha dejado de participar activamente para intentar cambiar las injusticias sociales.

En 2001 formó parte del movimiento internacional “los desobedientes” que, mediante acciones y manifestaciones, desde un enfoque cooperativo, con la participación miles de personas de diferentes países, luchó contra el sistema capitalista. Ese año, este movimiento global acudió a Génova (Italia) para protestar contra el G8. El 20 de Julio, las cargas policiales contra los manifestantes fueron brutales. Hubo muchos heridos, bastantes detenidos y un joven italiano muerto. Allí estaba Pablo con 22 años. Bastante tiempo después manifestó: “Aquella fue la última gran contracumbre del movimiento global”.

El 15M (mayo de 2011) fue un movimiento anónimo y masivo. Supuso una eclosión, un terremoto que sacudió los cimientos del régimen. Fue una liberación, un grito de entusiasmo contra la frustración, los miedos y el padecimiento de miles de ciudadanos, asqueados de un sistema anquilosado y un bipartidismo corrupto. Un sistema inmoral que había propiciado recortes, despidos, precariedad, pérdida de derechos y desahucios, que había empobrecido a una gran mayoría de la población. Esta enorme masa de “indignados” abrió una brecha entre la población y los que mandaban. Gritaban y exigían un cambio total en la vida social y política del país. Fue una irrupción popular muy diversa, en la participaron personas que todas las edades y condición social y política, con el objetivo de denunciar los problemas existentes en la vida ciudadana y plantear, con voluntad real, una regeneración nacional.

Este movimiento de los indignados, por su amplitud y calado social hizo temblar el sistema y asustó a las élites económicas y políticas (“no nos representan”, decían). Las concentraciones y protestas movilizaron muchas conciencias que reclamaban profundos cambios sociales que mejoraran la vida de la inmensa mayoría ciudadana. Pero, como pedían desde los propios partidos oficialistas, esta indignación había que transformarla en un partido político. Surgió Podemos, que proponía cambiar profundamente las bases políticas y sociales aplicadas tanto por el PSOE como por el PP y, además, oponerse a las políticas de la UE que imponía recortes de derechos sociales por la crisis económica..

Podemos surgió de una treintena de intelectuales, sindicalistas, personalidades del periodismo, de la cultura y del activismo social, que, en enero de 2014, firmaron un manifiesto en el que se recogían los puntos programáticos del futuro partido: derogación del art. 135, aplicación del artículo 128 de la Constitución (toda la riqueza del país estará subordinada al interés general) y del 31.1 (progresividad en el sistema tributario), salida de la OTAN, potenciar los servicios públicos, creación de un parque público de vivienda,… El 17 de enero de ese año, en el Teatro de Barrio, en Lavapiés, se presentó oficialmente Podemos como partido político. Sus propuestas ponían patas arriba toda la Transición y en entredicho al tranquilo y confortable bipartidismo. Al frente eligieron a un joven profesor, Pablo Iglesias Turrión, que posteriormente fue ratificado en la Asamblea Ciudadana de noviembre de ese año de 2014. Durante todo este corto periodo, Podemos fue subiendo en número de seguidores hasta llegar a 100000 inscritos.

En las elecciones al Parlamento Europeo, mayo de 2014, consiguió casi el 8 % de los votos y 5 escaños. En las Generales del 20 de diciembre de 2015 obtuvo el 20,68 % de los votos y 69 diputados (Podemos, En Común. Compromís, Mareas,…). En las elecciones de junio de 2016 estos mismos grupos políticos consiguieron 71 diputados. En las elecciones autonómicas y municipales de 2015 fue la tercera fuerza política, unida a formaciones locales y autonómicas.

Por primera vez, un partido de izquierdas competía abiertamente con los partidos oficialistas. Ante este indudable peligro para sus intereses, los poderes económicos y la derecha política pusieron en marcha todo su aparato mediático, político y policial para hundir a este joven partido. Así consiguen con una propaganda atroz, con denuncias, manipuladas y falsas, que cale en la sociedad corruptelas inexistentes en el partido y que mucha población le retire su apoyo. El acoso y derribo a Podemos comenzó con la Operación Púnica (trama policial del PP para vincular al partido con subvenciones de Venezuela). El montaje resultó completamente falso, pero cumplió su papel de desprestigio del partido. Una veintena de querellas e investigaciones contra Podemos en los últimos seis años por abogados, grupos y partidos de extrema derecha han sido archivadas. Pero lo que pretendían los querellantes, con el beneplácito policial y, en ocasiones judicial, era ir minando el prestigio y la fuerza social de UP.

Así se pudo comprobar en las elecciones de abril de 2019 (ya con Unidos Podemos, en Común y Anova) consiguieron 42 diputados y en noviembre de 2019, 35.

Después de las elecciones de noviembre, al PSOE sólo le quedaba una opción posible de Gobierno: formar una coalición con UP. La entrada en el Gobierno de Pablo Iglesias e Irene Montero (enero de 2020) supuso una carga de profundidad mayor para atacar a la pareja desde la oposición de la derecha extrema y extrema derecha, hasta los poderes económicos controladores de los medios de (des)información masivos.

Lo más grave de todo este montaje político y mediático que montaron fue el ataque personal y familiar que tuvo que soportar la familia Iglesias-Montero. Difícilmente se puede encontrar en la vida política de nuestro país nada comparable a lo sufrido por ellos, desde concentraciones, amenazas, fuertes ruidos, música a todo volumen e insultos en los alrededores de su vivienda, con hijo menores y que, durante meses, promovieron gentuza de extrema derecha. La querella presentada por el matrimonio por acoso y coacciones fue archivada por la jueza de Galapagar, aduciendo “libertad de expresión” ¡Qué barbaridad! Estamos hablando de dos ministros, uno de ellos Vicepresidente del Gobierno ¿Y la policía?

El repugnante atrevimiento de la extrema derecha (se saben inmunes con esta justicia) llegó cuando la pareja con sus tres hijos decidió pasar una semana de descanso en Asturias. Empezaron con amenazas e insultos de las redes sociales y siguió con pintadas en los alrededores de sus estancia que obligó al matrimonio a suspender sus vacaciones. Ante estos lamentables y vergonzosos hechos, Pablo comentó en tuiter: "La extrema derecha y sus medios saben que solo con miedo y odio pueden frenar el avance de la democracia y los derechos sociales. Su agresividad es su debilidad"… "Su odio y sus amenazas no frenarán nuestro trabajo. El ejemplo de la gente corriente, honesta y valiente que no tiene miedo al fascismo, es para nosotros la mayor motivación para continuar".

Desde que entró como vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Derechos Sociales hasta su salida en marzo de 2021 desarrolló una intensa labor para conseguir que el programa pactado con el PSOE se pusiera en marcha. Fue muy difícil, por la propia correlación de fuerzas en el consejo de ministros, pero la insistencia de los ministros de UP ha conseguido: limitar la publicidad de las casas de apuestas, revertir los recortes en dependencia, subir el salario mínimo, aprobar el Ingreso Mínimo Vital, impulsar la ley “sólo sí es sí” y recoger en los PGE la subida de impuesto de sociedades para grupos empresariales y el IRPF a las grandes fortunas y aumentar considerablemente la inversión en sanidad y en políticas activas de empleo.

Esto conseguido saben que no es suficiente, que nuestro país necesita muchos más cambios profundos. Desde UP seguirán luchando, desde el Gobierno y la calle, para mejorar los servicios sociales, mantener y subir las pensiones, mejorar la dependencia, impulsar el I+D, crear un parque público de viviendas y controlar los alquileres, intervenir en el precio de la energía y recuperar los derechos laborales y sociales.,

Pablo Iglesias tras su salida del Gobierno dijo: “no es una derrota, ahora voy a trabajar donde mi aportación será más necesaria”. Era cierto, su presentación como cabeza de lista para las elecciones de 4M a la Comunidad de Madrid frenó la posible caída de Podemos en la capital. De nuevo, el acoso, la manipulación y la mentira por toda la derecha con el poder mediático a su servicio, se cebaron con él durante toda la campaña electoral. Pero lo que realmente le hizo mella fue que su ilusión y lucha para que una alternativa progresista le arrebatara al PP esta Comunidad no se cumplió, entre otras razones, por el hundimiento del PSOE.

Aunque para Podemos no fue un fracaso, subió tres diputados, sin embargo, Pablo Iglesias decidió abandonar la política institucional y volver a su puesto de profesor en la Universidad. La valentía, honradez y coherencia de un político íntegro lo llevaron a dar un paso atrás para dejar su sitio a personas como Yolanda Díaz e Ione Belarra, que, indudablemente, trabajarán duro para que se cumpla el programa de Gobierno pactado y, por tanto, se produzcan los cambios que necesita esta sociedad ¿Cuándo empezará le caverna mediático-política a atacarlas? Lo veremos.










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