lunes, 23 de mayo de 2022

La Solución necesaria






Remedios Copa
Colectivo Prometeo

Todo parece indicar, si utilizamos la razón, que cualquier salida a un conflicto por la vía diplomática es mucho mejor para todos que ser el vencedor en una guerra. En primer lugar porque en una guerra todos pierden, incluso los que no estén inmersos directamente en ella. En segundo lugar, porque incluso el que se alce con la “victoria”, habrá dejado atrás semejante reguero de destrucción, hambre y muerte, incluso entre los suyos, que poco habrá que celebrar y mucho que enterrar y llorar.

Y si las cosas son así, ¿por qué no se destina a la Paz el esfuerzo negociador y a las necesidades de la ciudadanía la ingente cantidad de recursos económicos dedicados a armamento y financiación de la guerra?, un dinero tan necesario para la educación, la salud, la dependencia o la investigación y planificación de una economía más justa y sustentable frente a la emergencia climática y la limitación de recursos del planeta.

El filósofo y politólogo estadounidense, Noam Chomsky, dice con respecto a la guerra de Ucrania que “EE UU no quiere una salida diplomática en el país”. En una entrevista reciente señala que la “superpotencia por excelencia” no descarta el inicio de una guerra nuclear “a través de la guerra en Ucrania con Rusia”. Y no es la primera vez que en su análisis destaca que Occidente, en su afán de acorralar a Rusia, juega con la vida de los ucranianos y el hambre en todo el mundo.

Chomsky coincide con muchas otras voces que claman por la diplomacia y el cese de la guerra en Ucrania porque además del sufrimiento humano que allí se está produciendo, tiene consecuencias económicas que nos afectan a todos y por encima de todo, “es una noticia terrible para la lucha contra el calentamiento global”. Es cierto, pese a las consecuencias climáticas que estamos sufriendo de la descarbonización ni se habla, ni de la rebelión de los científicos, denunciando el punto de no retorno y el riesgo de extinción de la vida en el planeta, hace escasas semanas.

Vivimos un momento muy confuso en el que se impone un cambio de paradigma; pero en lugar de abordarlo y afrontar lo que se está empezando a llamar “crisis civilizatoria” y que requiere de análisis y pedagogía para un cambio social profundo, la visión y las decisiones de los gobernantes son cortoplacistas y de huida hacia adelante.

El 12 de mayo, día de la sobrecapacidad de la Tierra, se publicaba que en España ya habíamos entrado en números rojos, es decir, habíamos agotado todos los recursos naturales de los que disponíamos para este año. De seguir así, necesitaríamos disponer de 2,8 planetas para satisfacer nuestro ritmo de demandas.

El informe de la Red de Huella Global realizado en 2022 computa datos hasta 2018 y, aún así, el ritmo de consumo de un ciudadano español medio ha generado un déficit ecológico de -2,8 hag (hectáreas globales por persona). La causa de ese déficit está en que la capacidad de regeneración  biológica del planeta se encuentra el 1,5 hag y España tiene una huella ecológica de 4,3 hag.

Resumiendo, nuestro país ya agotó el presupuesto ecológico anual y ha gastado más recursos naturales de los que la Tierra es capaz de volver a generar en un año y la fecha de dicho agotamiento se ha vuelto a adelantar con respecto a 2021. El mencionado informe señala a España como “uno de los países que más rápido entra deuda de recursos con la Tierra”.

Chomsky critica con dureza la irresponsabilidad de los gobernantes ante esta situación, porque nos estamos enfrentando a más guerras que la de Ucrania, (además de las que se desarrollan en las otras ucranias; por ejemplo, EE UU está ordenando el envío de cientos de soldados a Somalia para combatir a Al Shabab). Pero su crítica también se enfoca en la guerra de la emergencia climática. Critica a Biden por su política de perforación para la extracción de crudo, a Europa por su afán de construir más gaseoductos, y a China por planear elevar la producción de carbón cuando se necesita eliminar el uso de energías fósiles para frenar el calentamiento global.

Con razón concluye que “lo que impulsa la política no es la seguridad, al menos no la de la población, la cual es, cuando mucho, una preocupación marginal. Lo mismo puede decirse de las amenazas a la existencia”.

Y es que, tal como insisten los científicos, aunque hubiese infinitas reservas de energías fósiles su uso tampoco sería posible sin avocar a una extinción inminente de la vida en el planeta.



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