domingo, 24 de septiembre de 2023

Organismos e Instituciones en Crisis






Remedios Copa
Colectivo Prometeo

La Asamblea General de Naciones Unidas no tiene ninguna capacidad ejecutiva; todo lo que allí se vote, resuelva o diga cae en saco roto, manifiesta Ariel Umpierrez, experto en geoestrategia. Justifica esta afirmación porque son los cinco países más influyentes y con capacidad nuclear. Aún así, no siempre se les escucha ni respeta su criterio y como ejemplo está el caso de la guerra de Iraq entre otros a los que el Consejo no dio su autorización.

El criterio del Consejo de Seguridad sirve de caja de resonancia cuando a los más poderosos les interesa condenar a alguien o sancionarle, y en ese sentido EE UU marca la pauta. Y eso es así porque se trata de un club al que los países se han unido voluntariamente y para ser miembro se paga una cuota anual, siendo EE UU el mayor contribuyente y por tanto el que pone las condiciones. Por esa razón es un espacio en el que los grandes imponen las decisiones que más les interesa y los menos poderosos apenan logran reiterar una exposición que no confiere más alcance que el de la denuncia o una simple catarsis.

En la actualidad, mientras unos temen que la ONU se desplome otros esperan que tenga un resurgir diferente gracias a la presencia de los BRICS, asociación económica formada por Brasil, Rusia, India China y Sudáfrica cuyo objetivo es potenciar las posibilidades de cada uno de ellos a través de asistencia financiera entre ellos para el desarrollo de determinados proyectos.

Existe una diferencia entre los BRICS y otras organizaciones. Un ejemplo: mientras la OTAN es una alianza militares en la que algunos países buscan la seguridad absoluta mediante la expansión de alianzas militares y practican la autosuficiencia a gran escala, ignorando los derechos e intereses de otros países, los BRICS se refieren a países emergentes con economías de rápido crecimiento y que intentan reforzar la cooperación entre sí.

Hasta hace unos 10 años, un sistema tripolar compuesto por EE UU, Europa y Japón centraban la economía mundial.

La irrupción de este grupo, nacido como una alternativa a los organismos globales dominados por las potencias occidentales tradicionales, tratan de que su unión les facilite desbloquear la financiación y así favorecer el desarrollo del comercio y la inversión frente a la insatisfacción con el orden mundial establecido; un orden que agota a los emergentes mientras que los países ricos acumulan bienes y medios, e incluso en casos de urgencia vital, como ocurrió con la vacuna en la pandemia del covid-19. Por esas razones los BRICS han debatido en la cumbre de Johhanesburgo la necesidad de que los cinco países del Consejo de la ONU abran el debate a la inclusión de nuevas adhesiones lo antes posible. Son ya 40 países los que han expresado su deseo de ingresar en el club.

Los BRICS, grupo nacido como decíamos para promover la cooperación comercial y económica entre ellos, están alcanzando una pujanza que hace que algunos expertos los perciban como un desafío a la hegemonía de occidente en este contexto de un mundo multipolar que está configurándose cada vez con mayor rapidez. En estos momentos los BRICS ya representan más del 42% de la población mundial y ocupan el 30% del territorio del planeta, suponen el 23% del PIB y el 18% del comercio global.

Ante estos datos es lógico que busquen tener más peso en las instituciones internacionales que hasta ahora dominaban Europa y los EE UU.

Decía Lula en la ONU que el mundo es cada vez más desigual y defiende la creación de una moneda común para los BRCS, cuestión que levanta muchas ampollas en los intereses estadounidenses y que la organización no estaba por la labor de abordar en esta ocasión. Sin embargo si estuvieron en la agenda del encuentro aspectos del multilateralismo inclusivo y la extensión global de su influencia política y económica y la desdolarización de la economía. En ese contexto Lula ha defendido el papel de los BRICS en el tablero mundial en pie de igualdad con la Unión Europea y los EE UU.

En cuanto a la desdolarización, Putin ha intervenido mediante un mensaje pregrabado, en el que insistió en que los países del bloque cooperan basándose en los principios de igualdad, el apoyo a la asociación y el respeto a los intereses de cada uno, señalando la orientación estratégica de las políticas de los BRICS, políticas que responderían a las aspiraciones de la llamada “mayoría global”.

En este contexto, es lógico que la actual dinámica de la ONU se tambalee y pierda su hegemonía como herramienta controlada y dirigida por los más ricos, con EE UU a la cabeza, y se vea avocada a la extinción como tal so pena de reformular su funcionamiento y objetivos.

Como declaraba esta semana Juan José del Castillo, “Con una ONU deslegitimada y atada de pies y manos para resolver los problemas globales, se realiza la 78 Asamblea General en Nueva York. El organismo no evoluciona a la par del mundo, por lo que está incapacitado para resolver sus conflictos”.

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