Jorge Alcázar
Colectivo Prometeo
Ahora que la tercera ola de la pandemia recorre la ciudad y las calles cierran antes, que los comercios agonizan en ausencia de la savia que los nutres y en nuestro pecho el miedo se agolpa al mismo ritmo al que los hospitales colapsan, los colegios siguen abiertos.
No importa lo que esté ocurriendo ahí afuera. Como en aquella canción de Pink Floyd, aquí cerramos cada mañana las puertas y entonamos en voz bajita el “is there any body out there”. Somos tan fuertes que fabricamos una nueva realidad para escapar de la enfermedad y la muerte; para vencer las miserias, la precariedad y las inseguridades. Somos sansones grandes y pequeños que huyen de “su” Dalila, pertrechados con mantas, abrigos y bufandas. Somos gentes de puertas y ventanas abiertas, que casi a pecho descubierto, en cada día buscamos una razón más para continuar. Náufragos de la anarquía en la que nos habéis sumido, somos inmunes al desaliento, a la humillación, al desprecio que desde arriba nos hacéis. Y todavía nos esforzamos para ser inmunes a la enfermedad, aunque aún no lo hayamos conseguido por curioso que os parezca.
Atrás quedaron los tiempos de encierro forzoso y realidades virtuales. Nuestra realidad hoy es de carne y hueso. Se fabrica a golpe de frío, de lloros, de pedradas. Nuestra realidad sabe a miedo, a adolescencia, a hartazgo; huele a peligro, improvisación, riesgo e ilusión. Nuestra realidad se mide en cantidades cortas de tiempo y largas de mascarillas y telas variadas. Tan cortas como los ojos que vienen, enferman y nos dejan; tan largas como las sombras de la preocupación, la soledad y el temor viciado de los espacios mal ventilados. Nuestra realidad cabe en aulas agigantadas a fuerza de quebrar alumnos y profesores. Aprendemos a contar sumando y restando el número personal, humano, de compañeros que se van partiendo al exilio de la enfermedad, al claustro del confinamiento, al luto de la tierra húmeda, y mientras por el camino empezamos a multiplicar las semillas que se esparcen por familias en forma de hermanos, padres, tíos, abuelos, conocemos las genealogías de los que se fueron y de los que todavía quedarán.


