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miércoles, 20 de mayo de 2020

La derecha, la propiedad privada y los privilegios de clase

"Manifestante" con descapotable y chófer.Siempre hubo clases


Como el rayo herido te has marchado, camarada.
Huérfanos estamos y ya tu ausencia amaga
y ya tu eco asoma.
Se apagó tu voz: tu corazón, presente.
Herencia de tu verbo hoy quiero ser,
vanguardia de la idea que alumbraste,
afilado futuro entre tus manos
que hienda los relieves del presente,
retumbar de tímpano latente..
De aquí partimos hoy,
de la imposible altura que legaste
para impregnar de honestidad los actos,
para caminar el porvenir de la utopía.
La razón fue tuya, compañero,
la razón es tuya, amigo Julio.
Allí cabalgaremos junto a ti
hasta hacerla carne enrojecida
esfera del tiempo intacto entre los hombres
caudal que a la justicia dé su nombre.

En memoria de Julio Anguita.
Jorge Alcázar
Colectivo Prometeo
   Algo se está moviendo en las entrañas de nuestro país cuando la derecha política y mediática vuelve a empuñar la bandera del derecho a la propiedad privada. Algo ocurre cuando la blande frente a la izquierda, para criminalizar a la izquierda. Algo se mueve en las casas palaciegas, en los edificios de la alta burguesía, entre servicio y servicio en los magníficos salones de los barrios ricos de España, cuando en la calle rica se grita contra el gobierno. Algo se mueve entre bastidores, en las juntas y despachos donde se realiza “la otra política”. Cuando la élite envía a sus líderes de la derecha nacional, emisarios de la corte, para inocular el miedo a la gente, para azuzar este miedo contra la izquierda y provocar la revuelta. Estos heraldos negros han hablado: Pablo Casado, quien ha señalado que “el gobierno atenta contra la propiedad privada”1; Abascal, que incluso va más allá y soflama que “con Iglesias, la propiedad privada y nuestros ahorros están en peligro”2; o la moderación descubierta, Inés Arrimadas, acusando al gobierno de “defender solo lo público y atacar la propiedad privada”3. Ellos y por extensión esos otros seres minúsculos, se han erigido en defensores de la propiedad privada y del derecho que todos podemos ejercer sobre esta. Obviando que este derecho aparece ya blindado por la Constitución española en su artículo 33, y centrándose solo en su punto primero (“Se reconoce en España el derecho a la propiedad privada y a la herencia”, Art. 33.1)4, los líderes neoliberales se convierten así en la vanguardia política de la defensa a ultranza que una parte de nuestro país está llevando a cabo para preservar sus intereses. Y aquí conviene hacer ya la distinción nítida entre la defensa del derecho a la propiedad privada y la defensa de los intereses de clase. Indico esto a estas alturas del escrito porque entiendo que el principal mal al que nos podemos enfrentar (y ya lo estamos haciendo) es al de la confusión de términos a la hora de establecer el debate político e ideológico, confusión que nos impide hacer un análisis crítico de la actual situación en nuestro país (y por actual no solo me refiero a este período concreto, sino a un período mucho más amplio que abarca varias décadas). Conviene, por tanto, empezar con esta distinción, no solo nominal, sino como pretendo mostrar, real y sustancial, entre el derecho a la propiedad privada y la defensa de unos intereses de clase, pues uno y otro tienden a mezclarse como si fueran parte de un mismo todo, de una forma intencionada que persigue enturbiar los conceptos para ponernos la camiseta que no nos corresponde.

martes, 5 de mayo de 2020

Lo que la trama trama: el escudo de los poderes económicos


 
fuente:El País

Manolo Monereo
Para Susana López camarada y amiga

Fuente:Cuarto Poder

   La tarea del momento es pensar estratégicamente. Los miles de infectados y de muertos se acumulan en nuestra mente; el dolor, el sufrimiento masivo y el miedo al futuro nos dificulta pensar, sobre todo a largo plazo. Los que mandan y no se presentan a las elecciones están acostumbrados a operar desde un planteamiento global. La clave es anticiparse y sacar ventaja. Da la sensación de que el Gobierno vive al día, carece de un análisis solvente de la realidad y no es capaz de definir sus grandes prioridades.
     Hace ya muchos años Raymond Williams habló del “plan X”. Hacía referencia a un modo específico de pensar de las élites dominantes caracterizado por: a) un análisis despiadado de la realidad, inclusive más duro de lo que suelen pronosticar los catastrofistas; b) el convencimiento de que las tendencias básicas son difícilmente reversibles; y c) lo decisivo es sacar ventaja, adelantarse en la propuesta y dirigir los procesos. Por eso he hablado antes de la importancia de un pensamiento estratégico.
    Frente a lo que se suele pensar, la realidad es un complejo donde se entrecruzan tendencias que apuntan y posibilitan estrategias diferenciadas. Es bueno partir de aquí. Cuando llega la crisis, los poderes tienen miedo, se organizan, se movilizan y se dotan de un plan X. En esas estamos desde hace meses. Mientras que el Gobierno, las administraciones públicas y los funcionarios hacen enormes esfuerzos para controlar la pandemia, ellos están definiendo los escenarios futuros e intentan anticiparse. La política es algo más grande que lo político; quedarse solo en esto último es equivocarse. Lo peor es el silencio atronador de la izquierda social y cultural.

jueves, 9 de abril de 2020

Pactos: ¿para qué y para quiénes?

Jorge Alcázar 
 Colectivo Prometeo


      En estos días, las noticias y la información, falsas o no, pertinentes o impertinentes, corren a la velocidad de las ondas electromagnéticas que las portan. Y una de estas noticias que parece va calando a fuerza de repetirla, sin ni siquiera saber su procedencia por parte de aquellos que la propagan ni la intencionalidad con la que se filtra, es la de la necesidad de unos pactos políticos y económicos (aquí cabe subrayar por encima de todo esta última palabra) que emulen a los ya consabidos Pactos de la Moncloa.
    La R.A.E recoge en su primera acepción para pacto que este es un concierto o tratado entre dos o más partes que se comprometen a cumplir lo establecido. En este sentido, puede parecer necesario y deseable que todas las fuerzas políticas y agentes sociales, junto con la ciudadanía en su conjunto, fundaran unos pactos políticos, sociales y económicos, que permitieran, desde la unidad y el interés general, poner unos cimientos firmes que nos garantizaran afrontar los desafíos de mañana. Se habla hoy con bastante generosidad al respecto de los pactos de la Moncloa, pero es conveniente señalar que en los mismos, que incluían acuerdos políticos y económicos, no todos los suscribieron1.
Sin embargo, en mi opinión es necesario que antes de que nos dejemos embriagar por el aroma que destilan las crónicas periodísticas acerca de la necesidad y bondad de los pactos en su conjunto, y de los que ya han sido constituidos en nuestro pasado reciente en particular, sopesemos y reflexionemos acerca de unas cuantas cuestiones que deben medirse fielmente, al objeto de valorar en toda su extensión la pertinencia y benevolencia de unos nuevos acuerdos que engloben a todos los agentes sociales y políticos, como hoy ya empieza a demandarse. Estas cuestiones sobre las que me voy a permitir reflexionar son, en primer lugar, a quién se refiere ese plural mayestático; en segundo lugar, y como consecuencia de la anterior, para quiénes esos pactos; y en último lugar y en base a los dos primeros interrogantes, qué tipo de pactos.

lunes, 10 de junio de 2019

La Andalucía de Romerías, charanga, pandereta y pobreza


 
Goya: La Romería de san Isidro

José Aguza.

Colectivo Prometeo.


    Andalucía cuenta entre su beateril acervo cultural con procesiones, romerías, años marianos y demás morralla eclesiástica.
Este fin de semana más de ciento veinticuatro hermandades en carretas, caballistas y ostentosos señoritos andaluces se han vuelto a encaminar hacia el Rocío en Huelva, además de algunas otras cofradías desde Comunidades tan lejanas como Cataluña.
Alrededor de un millón de hipócritas y teatralizados personajes al calor de las hogueras y el alcohol, en una bacanal que pretenden vestir de fundamentalismo religioso, se reúnen para procesionar una imagen ricamente adornada, mientras la pobreza rodea la totalidad del territorio. Todo ello con unos enormes gastos para el erario público a través de sus medios de comunicación, con misa incluida en la televisión pública andaluza, de sus servicios de vigilancia y seguridad, de GPS, drones y más de seis mil efectivos de Protección y de la Guardia Civil, en una Comunidad falta de recursos sociales o sanitarios.