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| "Manifestante" con descapotable y chófer.Siempre hubo clases |
Como el rayo
herido te has marchado, camarada.
Huérfanos
estamos y ya tu ausencia amaga
y ya tu eco
asoma.
Se apagó tu voz:
tu corazón, presente.
Herencia de tu
verbo hoy quiero ser,
vanguardia de la
idea que alumbraste,
afilado futuro
entre tus manos
que hienda los
relieves del presente,
retumbar de
tímpano latente..
De aquí partimos
hoy,
de la imposible
altura que legaste
para impregnar de
honestidad los actos,
para caminar el
porvenir de la utopía.
La razón fue
tuya, compañero,
la razón es
tuya, amigo Julio.
Allí
cabalgaremos junto a ti
hasta hacerla
carne enrojecida
esfera del tiempo
intacto entre los hombres
En memoria de Julio
Anguita.
Jorge Alcázar
Colectivo Prometeo
Algo se está
moviendo en las entrañas de nuestro país cuando la derecha política
y mediática vuelve a empuñar la bandera del derecho a la propiedad
privada. Algo ocurre cuando la blande frente a la izquierda, para
criminalizar a la izquierda. Algo se mueve en las casas palaciegas,
en los edificios de la alta burguesía, entre servicio y servicio en
los magníficos salones de los barrios ricos de España, cuando en la
calle rica se grita contra el gobierno. Algo se mueve entre
bastidores, en las juntas y despachos donde se realiza “la otra
política”. Cuando la élite envía a sus líderes de la derecha
nacional, emisarios de la corte, para inocular el miedo a la gente,
para azuzar este miedo contra la izquierda y provocar la revuelta.
Estos heraldos negros han hablado: Pablo Casado, quien ha señalado
que “el gobierno atenta contra la propiedad privada”1;
Abascal, que incluso va más allá y soflama que “con Iglesias,
la propiedad privada y nuestros ahorros están en peligro”2;
o la moderación descubierta, Inés Arrimadas, acusando al gobierno
de “defender solo lo público y atacar la propiedad privada”3.
Ellos y por extensión esos otros seres minúsculos, se han erigido
en defensores de la propiedad privada y del derecho que todos podemos
ejercer sobre esta. Obviando que este derecho aparece ya blindado por
la Constitución española en su artículo 33, y centrándose solo en
su punto primero (“Se reconoce en España el derecho a la
propiedad privada y a la herencia”, Art. 33.1)4,
los líderes neoliberales se convierten así en la vanguardia
política de la defensa a ultranza que una parte de nuestro país
está llevando a cabo para preservar sus intereses. Y aquí conviene
hacer ya la distinción nítida entre la defensa del derecho a la
propiedad privada y la defensa de los intereses de clase. Indico esto
a estas alturas del escrito porque entiendo que el principal mal al
que nos podemos enfrentar (y ya lo estamos haciendo) es al de la
confusión de términos a la hora de establecer el debate político e
ideológico, confusión que nos impide hacer un análisis crítico de
la actual situación en nuestro país (y por actual no solo me
refiero a este período concreto, sino a un período mucho más
amplio que abarca varias décadas). Conviene, por tanto, empezar con
esta distinción, no solo nominal, sino como pretendo mostrar, real y
sustancial, entre el derecho a la propiedad privada y la defensa de
unos intereses de clase, pues uno y otro tienden a mezclarse como si
fueran parte de un mismo todo, de una forma intencionada que persigue
enturbiar los conceptos para ponernos la camiseta que no nos
corresponde.





