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martes, 20 de diciembre de 2022

¿Libertad de Información o petróleo?

Curso " Derechos Humanos y Democracia".Ponentes


Remedios Copa
Colectivo Prometeo

Cuando Joe Biden prometió convertir a Arabia Saudita en un “paria” por el escandaloso asesinato del periodista del Washington Post, Jamal Khashoggi, residente permanente en EE UU desde 2008, ganó gran popularidad, sin embargo a día de hoy y ante el sagrado petróleo, la cosa ha cambiado.

Cuando en julio de 2022 Biden viajó a Arabia Saudita afirmó que su viaje representaba “un compromiso continuo para defender valores e intereses estadounidenses” pero no hubo una sola mención a los responsables del asesinato de Khashoggi. Tampoco hizo mención alguna al de la periodista de Al Jazeera, Shireen Abu Akhleh, de nacionalidad norteamericana, a la que los soldados israelíes mataron en un tiroteo en Cisjordania y que, según los periodistas de investigación, en su caso se constataron signos de un asesinato selectivo por parte de las fuerzas israelíes.

Esta actitud de Biden en Oriente Medio es interpretada como un mensaje de “impunidad y conspiración compartida”, (tal como señala Murtaza Hussein en un artículo), en cuanto a los asesinatos de ambos periodistas, con tal de afianzar lazos de amistad entre ambos gobiernos cuyos intereses están por encima de DD HH, libertad de prensa o vidas de periodistas que destapen o delaten verdades incómodas que mejor están escondidas debajo de las alfombras.

lunes, 1 de marzo de 2021

¿Qué Estados Unidos vuelve con Biden?

 

 
Manolo Monereo

¿Echaremos de menos a Donald Trump? Me temo que sí. Por lo pronto, el “contra Trump vivíamos mejor” empieza a definir bien lo que pasa. Algunos supimos desde el principio que la belicista era Hillary Clinton y que el anterior presidente era otra cosa. Distinguíamos entre los efectos internos y externos de lo que sería su mandato. Se trataba de un repliegue proteccionista para definir una nueva estrategia ante una decadencia que parecía imparable y asegurar una hegemonía que era cuestionada en sus fundamentos. Como suele suceder con los populistas de derecha (el populismo es parte constitutiva del sistema político de los EEUU) una cosa son las declaraciones y otra las políticas que efectivamente se realizan.

Como escribí en su momento, me sorprendió en las últimas elecciones la fuerza y la consistencia del voto a favor de Trump. Se ha repetido hasta la saciedad que Biden ha sido el presidente más votado en la historia norteamericana; el segundo, el candidato republicano que tuvo enfrente, no se debe olvidar, una poderosísima coalición encabezada por los grandes medios de comunicación y una parte consistente del establecimiento económico-corporativo. El presidente saliente hizo mucho para perder: amenazó demasiado, gestionó mal la maquinaria del gobierno, maltrató a los aliados y, lo peor, subestimó hasta la estupidez la pandemia y sus consecuencias sociales. Aún así, hubo una votación especialmente significativa, una militancia movilizada y una propuesta sólidamente insertada en la sociedad. Trump no será flor de un día.

lunes, 18 de enero de 2021

La Historia no ha terminado




Remedios Copa
Colectivo Prometeo

   Es difícil predecir cuál será el resultado del devenir con el cambio de Gobierno en los EE. UU. Aunque muchos millones de estadounidenses piensen que el conflicto ha terminado, Trump y sus seguidores tratarán de demostrar que esto es el comienzo y lucharán hasta que el control de los EE. UU. les sea devuelto. 
   Tal vez Joe Biden se equivoca cuando dice que el vandalismo del Capitolio, no es EE. UU. Olvida que en 1812 ya hubo un intento de quema del Congreso y que el nacimiento del país fue un acto violento que continuó de hito en hito con una historia de violencia. Si el comienzo fue con la matanza de los indios, hoy prácticamente exterminados y recluidos en la reserva, EE.UU. pasó por la guerra civil con 620.000 muertos computados y, en la lucha por los derechos políticos y los derechos civiles de la población negra, quedaron regueros de muertos, linchamientos y asesinatos de líderes. 
    Si hacemos un repaso de los líderes asesinados, aunque a todos a todos nos resultará familiar Martin Luther King, defensor de los derechos civiles de los negros, hubo otros líderes electos calificados como extraordinarios políticos que también fueron asesinados, recordemos a John Kennedy y Abraham Lincoln. 
   Es una historia de violencia, desigualdad e injusticia, se mire desde dónde se mire. Una violencia interna a lo largo de toda su historia y, una violencia ejercida contra otros países con ensañamiento imperial en países latinoamericanos, Vietnam, Balcanes, Irak, Libia, Palestina, Siria, y los que vendrán después, porque desde que terminó la Segunda Guerra Mundial, la política de los EE. UU. no cesó de hacer la guerra con el fin de imponer sus propios intereses. 

martes, 17 de noviembre de 2020

La tercera vía está de vuelta: el papel de los intelectuales sistémicos



Fuente:Cuarto Poder 

 Manolo Monereo

 ¿Ha perdido Sanders? Muchos se preguntarán a qué viene esto, ya que el conocido político demócrata norteamericano perdió hace tiempo frente a Biden y ahora solo se presentaba como senador. Me estoy refiriendo a otra cosa, a lo que podríamos llamar las múltiples consecuencias que va a tener la victoria de Biden. Hay un dato que empieza a aparecer en letra pequeña, como comentario en el marco de un debate más general: Sanders nunca hubiese ganado a Trump; para vencer a los populismos de derechas hace falta hacerlo desde la moderación y el centro-izquierda, el extremo centro que diría Tarik Alí.
    Cuando cambia la administración norteamericana -es el Imperio- muchas cosas cambian en su mundo del que, de una u otra forma, formamos parte. Todos quieren ser vencedores, hacer méritos y apostar al futuro. Asombra la ingenuidad de una parte significativa de la izquierda que hace suyo el triunfo de Biden, que alaba la consistencia de la “democracia americana” y sueña con un mundo mejor. Trump es muy de derechas, la mayoría de las veces brutal, y conseguía como nadie hacerse antipático; no podía disimular su autoritarismo mezclado con supremacismo racial y un nítido desprecio por los sectores populares. Aun así, casi la mitad del pueblo norteamericano votó por él. Solo la Covid-19 lo pudo vencer. Tendríamos que explicar las raíces de un fenómeno que ya estaba en la sociedad norteamericana y que ahora ha ganado coherencia y fuerza

    Los EEUU vuelven y pasan a la ofensiva. Esa podía ser la consigna del momento. Muchos llevaban años esperándolo: vuelven los nuestros. Se ve con claridad que ha sido el trumpismo, una forma de repliegue ante un cambio geopolítico de grandes dimensiones. El presidente derrotado puso de manifiesto lo que todos sabían, que la hegemonía norteamericana en el mundo estaba en cuestión y que aparecía con mucha fuerza una potencia que los desafiaba. Los EEUU llegarán hasta el final para impedirlo, hasta el final y sin escatimar medios. Los europeos no están en capacidad para entender eso. Lucha por el poder puro y duro. Borrell quiere que aprendamos a pensar geopolíticamente, no será fácil. La diplomacia “a martillazos” de Trump dejaba claro que EEUU no estaba para juegos florales y que la amenaza era existencial. La prioridad era el hemisferio oriental y allí iba a concentrar todas sus fuerzas. A los aliados europeos les señalaba tareas: ocuparse del frente ruso, incrementar sus presupuestos militares y contribuir enérgicamente a la contención de China. La OTAN valía si cumplía estas misiones y mostró hasta la saciedad que no iba a perder mucho tiempo en convencerlos.

martes, 10 de noviembre de 2020

Perdió Trump, Biden no ganó. Es la geopolítica

 


 

Fuente: Cuarto Poder

Manolo Monereo


   Hace cuatro años pronostiqué la victoria de Donald Trump sobre Hillary Clinton. Ahora las cosas estaban más claras, quizás demasiado. El desgaste del presidente norteamericano parecía evidente y las encuestas auguraban una victoria nítida de la dupla Biden/Harris. Me ha sorprendido la consistencia y la fuerza del voto republicano. Biden ha sido el candidato más votado de la historia de EEUU; el segundo ha sido el candidato Trump. Lo que teníamos delante de nuestros ojos era una enorme polarización y una fortísima movilización que ha ido creciendo día a día. A Trump lo ha derrotado una “coalición negativa”. El “todos contra el presidente” ha funcionado. ¿Hubiese perdido Trump sin la covid-19? No lo creo. La pandemia ha sido un catalizador que ha activado una amplia oposición cansada de tanta retórica, de tanto negacionismo que contrastaba con una imponente cifra de muertos, de infectados y, sobre todo, que ponía de manifiesto el desastroso, caro e injusto sistema sanitario norteamericano. El aparato del Partido Demócrata ha hecho de esta cuestión el tema central de su campaña; no se equivocaron.
¿Gana Biden? Lo dudo. Una coalición negativa (de eso sabe mucho Donald Trump) es relativamente fácil de ahormar en determinadas circunstancias. La propuesta Biden/Harris se ha ido construyendo por oposición, atrapando perfiles de votantes, sumando expectativas sociales y traduciéndolas en votos. Trump, como tantos otros populistas de derechas, domina el discurso, la capacidad para definir enemigos y situar como fuerza social a aquellos que cuentan poco o que se sienten marginados de la política. La piedra de toque es gobernar; es decir, diseñar estrategias, alianzas sociales, gestionar la maquinaria del Estado y tener un equipo solvente que dé confianza a la ciudadanía. Trump ha sido demasiadas veces su peor enemigo; ha emitido mensajes contradictorios y sus decisiones han carecido la más de las veces de coherencia. Las memorias de John Bolton dan cuenta de una gestión caprichosa, carente de fundamentos y de una improvisación impropia de un dirigente político. La polarización que tan buenos resultados le ha dado, le ha impedido ampliar consensos; abrió todos los frentes posibles y se equivocó en el fundamental, la pandemia. Aun así, ha conseguido casi la mitad de los votos.