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| Marco D'Agrate: San Bartolomé. Duomo de Milán |
Antonio PintorColectivo Prometeo
En los próximos artículos abordaré la relación entre el déficit de vitamina D y los múltiples problemas de salud que conlleva. Se trata de artículos divulgativos cuyo objetivo es difundir y despertar interés en un tema de gran importancia para la salud como es la vitamina D.
Los datos epidemiológicos son contundentes: En diversos tipos de cáncer, cardiopatías, enfermedades reumáticas, diabetes tipo I y II, asma, alergias, infecciones respiratorias y ciertas enfermedades neurológicas, aquellas personas con niveles de vitamina D más altos tienen menos riesgo, y una menor mortalidad por cualquier causa, que quienes los tienen más bajos.
Una pauta de conducta muy recomendable en cualquier aspecto de la vida, y especialmente en medicina, es aplicar una buena dosis de escepticismo. Actitud que nos lleva a desconfiar de las terapias “milagrosas” o de aquellos fármacos que “sirven para todo”. Por ello, ante la variedad de situaciones en las que aparece la vitamina D como posible remedio, se necesita una explicación.
La respuesta está en que ni es un fármaco ni una vitamina, sino que, a pesar de su nombre, la vitamina D es una hormona esteroidea del grupo de los secoesteroides que en su forma activa se llama Calcitriol.
Aunque inicialmente se relacionó solo con el metabolismo del calcio, en la actualidad sabemos que interviene en la salud celular de prácticamente todos los tejidos del cuerpo.
Hasta la década de los años noventa del siglo pasado, lo que sabíamos es que tras la exposición solar, y en menor medida, con la toma de algunos alimentos, aparecía en sangre vitaminas D3 y D2 que en el hígado se transformaban en Calcidiol (vitamina D-25OH), que es la sustancia que medimos en sangre. Posteriormente, el Calcidiol al pasar por el riñón se convierte en vitamina D activa o Calcitriol que actúa específicamente en el intestino y los huesos para regular el metabolismo del calcio. Al haberse comprobado que en las personas sin riñones funcionantes no aparece “vitamina D activa”, se pensaba que éste era el único lugar donde se podía producir. De ahí la creencia de que bastaría con aumentar los niveles de Calcidiol para que el riñón fabricara más vitamina D activa o Calcitriol que es la que realmente importa. Hoy sabemos que esto afortunadamente no ocurre, pues si los riñones produjeran más vitamina D activa, podríamos tener consecuencias negativas para la salud como la hipercalcemia (alto nivel de calcio en sangre) y la hipercalciuria (alto nivel de calcio en orina).
A finales del siglo XX, Michel Holick, el mayor experto mundial especializado en esta vitamina, y otros investigadores descubrieron en células prostáticas el “ingenioso” mecanismo que el organismo utiliza, al demostrar que podían activar la vitamina D “in situ” sin necesidad de que les llegue desde los riñones y una vez cumplida su función, como ocurría con los mensajes de la serie “Superagente 86” se destruye, de manera que no pasa a sangre impidiendo que se alcancen niveles tóxicos. Entre sus funciones está controlar el crecimiento celular, de ahí su importancia en tumores. Ésta y otras funciones se realizan mediante la unión a un receptor genético situado en el núcleo de las células de prácticamente todos los tejidos del organismo, lo que explica la enorme diversidad de patologías asociadas a su deficiencia. Este receptor disminuye con la edad, de ahí la importancia en las personas mayores de tomar suplementos para conseguir los niveles adecuados.