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jueves, 29 de octubre de 2020

La memoria de Marcelino, una cuestión de proyecto político



Fuente: Mundo Obrero
José Sarrión
Miembro de la Comisión de seguimiento del Archivo de Marcelino Camacho

 
[ Reproducimos el artículo que con motivo del décimo aniversario de la muerte de Marcelino publica en Mundo Obrero nuestro querido Pepe Sarrión, con quien tanto queremos]

    Diez años después de la pérdida del dirigente obrero más relevante del siglo XX español, comprobamos que el mantenimiento y difusión de su memoria es una tarea que compete desempeñar a la izquierda y el movimiento obrero.
   Hace cinco años, coincidiendo con el quinto aniversario de su muerte, y en mi condición de Portavoz de Izquierda Unida en las Cortes de Castilla y León, di voz a una propuesta de la familia de Marcelino y la Cooperativa Atrapasueños para construir un lugar para la memoria de Marcelino en su región de origen. Dicha propuesta, avalada por su familia y miles de firmas de todo el país, y que trataba de emular proyectos similares como la casa de Blas Infante o el museo de José Pérez Ocaña en Andalucía, fue lamentablemente desoído por la mayor parte de las fuerzas políticas de Castilla y León (como también lo fue nuestra propuesta de concesión de la Medalla de Oro de las Cortes a Marcelino en 2018). Parece que sí hay recursos para que Castilla y León albergue, por ejemplo, una casa-museo en honor a Adolfo Suárez, pero no para Marcelino Camacho.
    Esto en realidad tiene completa lógica. Marcelino Camacho es, a diferencia de muchos de los rostros de la transición, una memoria incómoda. Marcelino no es solamente parte de la historia de nuestro país, sino memoria viva de una estrategia dirigida a la construcción de una cultura política autónoma de la clase trabajadora en España. Principal líder de una generación del movimiento obrero que supo construir un poderoso movimiento sindical en plena dictadura franquista, Marcelino fue además un ex-combatiente republicano en la guerra civil, superviviente de varios campos de concentración y preso político del franquismo, de aquellos que pasaban el encarcelamiento organizando escuelas de formación (esta generación de cuadros del movimiento obrero a quienes Manuel Sacristán alabó su capacidad autodidacta).