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martes, 13 de junio de 2023

El día después del día después




 Fuente: Público

Manolo Monereo
Colectivo Prometeo


He esperado al acuerdo entre Sumar y Podemos. El equipo de Yolanda Díaz tiene expectativas electorales espléndidas. Buena cosa. Hay que salir a ganar; al menos, intentarlo. El día a día de los cuadros y militantes de fuerza aliadas no parece tan feliz: se ha sufrido mucho y las heridas siguen abiertas. No hay que llorar por el pasado. Unidas Podemos fue lo mismo que Sumar: una coalición parlamentaria sin programa y sin organizaciones unitarias de base. Lo que ha cambiado es la hegemonía interna: Sumar es todo y Podemos solo refuerzo para una operación política de calado. Lo paradójico es que de Podemos formaron parte (casi) todos, empezando por una Yolanda Díaz que, por fin —le ha costado y mucho—, construye su propia legitimidad sobre la derrota política de Irene Montero. Como diría un clásico: no hemos venido hacer amigos. Y tanto que sí.

Tampoco es el momento para intentar hablar de política a lo grande o señalar los desafíos de país, que precisamente por serlos, están fuera de la agenda electoral. España o Sánchez, Feijoó o Sánchez, esos parecen ser los grandes dilemas de unas elecciones que se presumen decisivas. Sé que no es el momento, pero la coyuntura está determinada por tres asuntos relacionados entre sí, a saber:

a) El fin del ciclo 15M y el triunfo de la enésima restauración, siempre borbónica y constitucional. He escrito tanto sobre esto que no merece la pena subrayarlo más. Solo un apunte. Podemos ha jugado, al final, en los dos campos: con la ruptura y con la restauración, su muerte política expresa el dramático final de toda una generación que quiso asaltar los cielos y terminó defendiendo el gobierno de coalición con su principal adversario electoral, el PSOE;

jueves, 24 de mayo de 2018

Otras visiones, otras lecturas: ¿De qué os sirvió leer a Kant? ... ¿o no lo hicisteis?

 Jesús Romero Sánchez.
Diputado de Podemos en el Parlamento de Andalucía.


Pablo Iglesias e Irene Montero se han comprado el chalet de más de 600.000 euros porque pueden, siguiendo la máxima de “lo hago porque puedo”. Lo han hecho siguiendo el principio de la búsqueda de la felicidad de ambos. Esta búsqueda tiene mucha fuerza a la hora de motivar las decisiones humanas, pero, como es bien sabido, lo que se gana en motivación se pierde en legitimidad de las acciones realizadas.

Ha sido una elección de la razón que, en todos los casos, y siguiendo a Kant, se nos presentan bajo la forma de deberes o mandatos, que se formulan mediante imperativos. Pero no todo imperativo es un imperativo moral. En este caso ha seguido lo que el filósofo de Königsberg denominaba, en la Crítica de la Razón Pura, un “imperativo hipotético” que “representa la necesidad práctica de la acción como medio para fomentar la necesidad". Kant dice que este imperativo hipotético es "asertórico”, es decir, que únicamente son expresiones de meros hechos sin valor de verdad y que sólo tiene un estatus de recomendación para asegurar el bienestar o el interés propio. Este interés se conquista, como dice también Kant en el mismo libro, gracias a la habilidad para elegir los medios mediante los cuales conseguir los objetivos prescritos por ese bienestar individual. A esta habilidad Kant la denomina sagacidad.

domingo, 20 de mayo de 2018

Círculos Viciosos


Círculos Viciosos
Juan Rivera
Colectivo Prometeo 
    Desde que los reflectores del poder mediático centraron el foco en las aventuras inmobiliarias de Pablo e Irene, no deja de rondarme por la cabeza la canción de Chicho Sánchez Ferlosio -popularizada en su día por Sabina- "Círculos Viciosos". Seguramente porque por muchas vueltas que le dé al Laberinto de la archifamosa casa de Galapagar, termino siempre en la casilla de salida.
   Vaya por delante que no se me escapan las toneladas de hipocresía que almacenan las rasgaduras de vestido y la pose escandalizada de muchos opinadores ni el doble rasero de quienes consideran sacrosanto el derecho a la propiedad y la acumulación de riqueza conseguida con la explotación más descarnada mientras exigen picota y escarnio público para la pareja podemita. Ni que la algarada sirve al Poder para activar la coartada “todos los políticos son iguales” y con ella apuntalar la impunidad de quienes han robado, estafado y se han enriquecido mientras empobrecían a toda la sociedad española.
También suenan falsos la cantidad de epígonos que le ha salido al “No es esto, no es esto” orteguiano. Como si con el cabeceo estuviesen a punto de parir otra vez para la revista Crisol el artículo “Un aldabonazo”.

lunes, 19 de junio de 2017

Irene Montero y Ada Colau











José Coy
exafectado por la hipoteca
activista social
Mesa Estatal FCSM
    Si usted quiere cambiar un país como España o una ciudad mundial como Barcelona, debe saber que lo primero que se necesita es un buen lote de emociones, sentimientos, corazón, grandes verdades y profundos conocimientos de la realidad cotidiana. De todo esto, tanto Ada como Irene van sobradas, ya que ellas vienen directamente de la fábrica de emociones y sentimientos que es la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH).
    Pues sí, pasen y vean en directo una asamblea de personas afectadas por la crisis y las hipotecas, y tras oír los primeros relatos y ver las primeras lágrimas, si la piel no se le pone de gallina, no es un ser humano.
    De oír relatos y ver lágrimas también Irene y Ada van sobradas, a ellas mismas no es la primera vez que se les ve emocionadas. Yo sí las he visto muy emocionadas, muchas veces y en directo. Resulta que las emociones y las lágrimas son difíciles de disimular: o son auténticas, o se nota fácil que son falsas.
Las de Irene y Ada son auténticas, porque les duele lo que ha pasado en este país estos últimos años: la precariedad social y laboral instalada, los abuelos y abuelas creando creando comunas familiares con ollas comunes, los desahucios, las desobediencias, las represiones, las neveras vacías, los derechos perdidos, las movilizaciones masivas, nuestros hijos e hijas que no entran en el mercado laboral, y cuando entran lo hacen en trabajos basura.

miércoles, 14 de junio de 2017

La moción de censura: construyendo el futuro


Irene Montero es ovacionada por sus compañeros al término de su intervención, la primera de la moción de censura
EFE
Manolo Monereo
Diputado Unidos Podemos
FCSM 
Fuente: Cuarto Poder 



   
 Quizás la primera sorpresa del día haya sido la intervención en el debate de Mariano Rajoy; se puede decir que fue a contrapié, muy marcada por la brillante intervención de Irene Montero. Era un texto muy preparado por Rajoy que no había tenido en cuenta el discurso de Pablo Iglesias y que se basaba solo en la propuesta de la moción. El problema sigue siendo el mismo, ¿por qué intervino el presidente del Gobierno? Es posible que fuese por los malos resultados obtenidos por Cristina Cifuentes en la moción de censura contra ella en Madrid; se puede pensar que, de una u otra forma, Rajoy estaba obligado a intervenir dado que una mayoría de las ciudadanía apoyaba esta moción de censura. Cabría una tercera hipótesis más compleja, que es intervenir en el debate del PSOE y marcar el territorio de Pedro Sánchez.
   El tono, el contenido y el estilo de Rajoy da mucho que pensar. Fue claro, solemne y especialmente descalificador de la persona y el proyecto que encabeza Pablo Iglesias. El “usted no debe ser presidente del país” fue repetido una y otra vez, cada vez con un tono más firme, más rotundo. En su centro, una idea muy trabajada que se va a convertir en el núcleo discursivo del Partido Popular: Podemos es el producto de la crisis económico-social padecida; la recuperación reducirá progresivamente su espacio político y electoral y, como conclusión, si al país le va bien, a Unidos Podemos le irá mal. La crítica que hace Unidos Podemos es forzada, usa la cuestión de la corrupción como un instrumento para impedir el avance del país. Esta idea fue repetida una y otra vez. Ahora bien, el discurso de Rajoy iba dirigido, no solo contra Pablo Iglesias, sino contra Pedro Sánchez. El PP practica un tipo de discurso que algunos llamamos “discurso disciplinante”. Se trata de un dispositivo que traza una línea de demarcación entre lo que está permitido y lo que no, entre lo bueno y lo malo, lo que es aceptable y lo que es inaceptable. Rajoy asume el poder de definición, de calificar conductas. En el ataque de Rajoy contra Pablo Iglesias había un afán, no solo de denigrarlo, sino de  satanizarlo: no es posible aliarse con él, no se puede pactar y, mucho menos, gobernar con él.
Hay otro dato que queda también meridianamente claro: el efecto colateral de esta estrategia es que Pablo Iglesias es reconocido como la cabeza visible de la oposición. A más dureza del discurso, mayor reconocimiento. Cada vez que Pablo Iglesias era descalificado, más quedaba anulada la oposición que teóricamente ejerce el PSOE. El “discurso disciplinante” actúa siempre de la misma forma, advierte –en este caso al partido de Pedro Sánchez– lo que no puede ni debe hacer. Cada vez que el PP pretenda someter al Partido Socialista usará siempre el mismo tipo de ataque: radicales, podemitas, populistas… Esta batalla ha estado presente en este primer día de debate y lo estará –con mucha más fuerza– el segundo día.