Fue en España donde mi generación aprendió que uno puede tener razón y ser derrotado, que la fuerza puede destruir el alma, y que a veces el coraje no obtiene recompensa
Albert Camus
Juan Rivera
Colectivo Prometeo
El momento más patético de la toma de
posesión del presidente número 47 de los Estados Unidos, Donald
Trump, anteayer lunes 20 de enero, no lo vivimos durante el discurso lleno de frases
rimbombantes que disparaban acusaciones contra los Derechos Humanos
que se pusieran a tiro ( sexo, movimientos migratorios, igualdad de
razas...),sino contemplando la actitud de sumisión al nuevo emperador por parte de la cohorte de
vasallos internacionales invitados al evento.
El nuevo ( y a la vez muy viejo) presidente de
los Estados Unidos parecía la reencarnación del " rey
planeta", apelativo que le dieron al gobernante hispano Felipe
IV en la primera mitad del siglo XVII. Como cualquier monarca absolutista
que se precie, el empresario estadounidense en su vuelta a la Casa Blanca, necesita estar rodeado de bufones. Esa circunstancia
explicaría a las mil maravillas la presencia de Abascal en el
evento. Al margen de su parecido con el Calabacillas retratado
genialmente por Velázquez.
En la mezcla de representación teatral,
exorcismo y auto de fe que se vivió ayer en el "Capital One Arena" de
Washington pudimos presenciar en directo una nítida declaración de
intenciones jaleada en vivo o en espíritu por Milei, Meloni, Orban,
Bukele.. ( una ristra de nombres que parece la alineación de un mediocre equipo de fútbol ): se gobernará por y para los extremistas de la Derecha con la clara intención de dejar la Democracia formal aún
más vacía de lo que ya lo está.
Y además se le subrayó a los súbditos su
papel de vasallos del Imperio, siendo la voluntad imperial la única
a tener en cuenta. Por ello no veamos las referencias a Panamá,
Canadá, Groenlandia...como el desquicie de un loco, olvidando que
este personaje puede mandar imponer los designios estadounidenses a través de sus legiones romanas, perdón, sus bases militares esparcidas por
todo el mundo.
A careta quitada y sin complejos han realizado la puesta de largo de un gobierno donde los
más ricos entre los ricos ocupan los puestos de responsabilidad,
pero no entre bastidores como acostumbran sino en primera fila. Fijo
que con la intención última de repartir la riqueza y garantizar la
solidaridad social (¡vamos anda!). Como si estuviéramos en un
remedo del triunvirato romano con Trump, Musk (sí, el que puso la guinda de la fiesta ejecutando dos veces el saludo nazi) y Zuckerberg en los
papeles de César, Craso y Pompeyo.