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domingo, 26 de abril de 2020

Decir la verdad


Ilustración: Kathia Recio para Coordinadora Mujeres Zapatistas


 Lluis Rabell
    Siguiendo el guión establecido se han aprobado finalmente los presupuestos de la Generalitat, gracias a la abstención de los comunes. Un voto que algunos consideramos un error por parte de la izquierda alternativa: no sólo como hecho puntual, sino como conclusión de una apuesta política equivocada. Por mucho que pueda levantar ampollas, es necesario discutir seriamente la cuestión. Desde luego, lo hecho, hecho está. Pero habría que evitar que un error condujera a otros, más graves, en la convulsa etapa que nos espera al salir de la pandemia. De eso se trata.
     Es sabido que todo presupuesto contiene ciertas dosis de fantasía – a veces, lisonjeras previsiones de ingresos – y esconde alguna que otra triquiñuela. A través de su orientación y sus prioridades, puede tratarse de un presupuesto progresista o conservador, expansivo o no. Pero nunca se había votado uno como éste, radicalmente falso en todos sus capítulos… y cuya obsolescencia es anunciada de antemano por el propio gobierno que lo presenta. Las cuentas ya no eran ciertas cuando fueron admitidas a trámite por el Parlament. En estos momentos, no tienen nada que ver con la realidad. ¿A qué responde, pues, el empecinamiento en aprobar un presupuesto estéril? ¿Por qué no generar nuevos créditos para hacer frente a la emergencia sanitaria y social a través de una batería de decretos – que la oposición ya se ha declarado dispuesta a respaldar y que, de todos modos, el Govern va a tener que adoptar? ¿Por qué no empezar a elaborar unos nuevos presupuestos, coherentes con las exigencias de la situación y acordes con las disponibilidades financieras? La explicación sólo puede ser política.

domingo, 19 de noviembre de 2017

Otras visiones, otras lecturas: " Catalunya.La astucia y la represión no resolverán el problema de España"



Fuente:eldiario.es
Manuel Monereo
Colectivo Prometeo/FCSM
Diputado Unidos Podemos Córdoba
 
    Las crisis desvelan la realidad o, al menos, la hacen más compleja, más polisémica. A estas alturas sabemos dos cosas; mejor dicho, se van a clarificar dos cosas que antes se ignoraba o se querían ignorar. Ahora ya no es posible. La primera es evidente: que la nación o la nacionalidad española existe; y la segunda, que el movimiento independentista movilizado, audaz, fuerte, sigue siendo minoritario en Catalunya.
    No me gustaría entrar mucho en debates filológicos. Hay una identidad fuerte, heterogénea, difusa de gente que se considera española. Lo hace de un modo laico, no excluyente y sabiéndose parte de una pluralidad de seres humanos. Lo que quiero decir es que el nacionalismo español es minoritario. Tanto es así, que para buscar la hegemonía tiene que camuflarse en el nacional-constitucionalismo e incorporar irremediablemente al PSOE. Es cierto que puede haber muchos ciudadanos españoles que sean nacionalistas sin saberlo; pero, en todo caso, minoritarios. Lo digo de una manera directa para evitar equívocos: la identidad española, en sus diversos grados y motivaciones, no significa la presencia mayoritaria de un nacionalismo excluyente y autoritario.
    Algunos lo dijimos desde el comienzo con desigual suerte, es verdad. El paso del nacionalismo catalán al independentismo iba a generar, tarde o temprano, la presencia de una minoría de grandes dimensiones española y hasta españolista. La pluralidad de culturas existente en Catalunya ha coexistido en un marco autonómico porque nadie iba a ser sometido a elegir entre Catalunya y España. Este era un salto con consecuencias porque catalanes que se sienten españoles con toda normalidad y naturalidad ven en peligro, no solo su identidad sino que empiezan a vivir dramáticamente una “condición post española” que los convierte en extraños en su propia tierra que, dicho sea de paso, muchos la han construido con sus propias manos en condiciones de sobre explotación y, paradojas de la vida, defendiendo los derechos nacionales de Catalunya.

sábado, 21 de octubre de 2017

Se necesitan bomberos, no pirómanos


Juan Rivera
Colectivo Prometeo/ FCSM
    El ser humano no tropieza dos veces en la misma piedra, lo repite las que hagan falta. Y nunca falla cuando el obstáculo se coloca tras una apelación a los instintos primarios e irracionales (ojo, aunque disfrazados de sentimientos, siempre ocultan los intereses de la clase dominante).
     Entre los más eficaces dos clásicos: la llamada a la defensa de la Religión al toque de “ Dios, Alá, Yahvé... lo quiere” y la campana tañendo a rebato “ por la Patria” en su versión intangible de Universo simbólico, construcción mental de una Utopía llena de espacios vacíos.
    A responder al reclamo - siguiendo el modelo estímulo /respuesta sin necesidad de un Pavlov agitando la campanilla -siempre se ofrecen ( ¿tiempos de cacería?) las rehalas fanatizadas. Para fijar la idea recurriendo a una imagen con más validez que todas las palabras, basta con dedicar un minuto a las fotos de las agresiones filonazis en Valencia.Esos gestos y  caras desafiantes los genera la sensación de impunidad que envuelve a sus protagonistas.
      Hoy no toca hablar de la coartada religiosa, porque es tiempo de “ Patrias”. En los últimos meses nos han instalado en un régimen de banderías que al grito de “¡Y tú más!” desprecia los argumentos contrarios. Ni se molestan en escucharlos.
    Florecen tanto al norte como al sur del Ebro, los adictos al “besa la bandera o te doy con el palo”, los imitadores sin gracia de Belén Esteban unidos por el “ yo por mi enseña ¡¡¡Ma – to!!”. Admiten la versión en catalán.
    Esta temporada se llevan las etiquetas y nos quieren poner sí o sí la de “antipatriotas” a quienes pensamos que una Sociedad debe articularse no por unos colores sino por tener garantizado el acceso a una educación, sanidad y pensiones dignas, a un trabajo con derechos laborales, a unas libertades cívicas a prueba de “salvadores” y a un tiempo de ocio que nos permita arreglar el mundo alrededor de un medio de vino y una charla con amigos. En definitiva aspirar a vivir en un País en el que la actuación pública gire alrededor de la búsqueda del “bien común”.
    Pero eso no les vale a los etiquetadores si no desfilamos bajo el “Visca” / “Viva”.Sufrimos la paradoja de no ser Ulises encadenados, sino que son las sirenas las que nos encadenan para quebrarnos la voluntad al son de cánticos monocordes que solo venden “pensamiento único”.

martes, 31 de enero de 2017

Barcelona: Pistoletazo de salida de la nueva formación política de “Los Comunes”

Fuente: El Viejo Topo.Topo Express
los comunes Cataluña

 Joaquim Sempere

    Barcelona, 29 de enero de 2017. Un millar largo de personas de todas las edades se reúnen en las viejas cocheras de Sants, barrio obrero emblemático de la ciudad, para asistir a la convocatoria de un proceso de debate que debe culminar el 1º de abril en una Convención fundacional de la nueva formación política que está surgiendo de las confluencias (Barcelona en Comú, Catalunya Sí que es Pot) en las que habían convergido las personas movilizadas del 15M, el Procés Constituent y Podemos con los militantes y simpatizantes de viejas formaciones herederas directas del PSUC (ICV, EUiA) y de otras procedencias. El clima es de emoción y esperanza, contenida pero indudable. Los deseos de que el proyecto se consolide son evidentes. El marco y el estilo del encuentro son juveniles, como corresponde a las generaciones jóvenes que llevan la iniciativa. Y el protagonismo también: todos los intervinientes tienen menos de 40 o 45 años, con acentuado predominio de las mujeres. Algunas se revelan excelentes oradoras, como la diputada Lucía Martín, la alcaldesa de Castelldefels Candela López o la propia Ada Colau, promotora destacada de la iniciativa.
quim-Sempere
Joaquim Sempere

    Cuando en las elecciones municipales de 2015 irrumpieron con fuerza confluencias radicales –en Barcelona, pero también en otras ciudades de Cataluña, y en Madrid, Valencia, Zaragoza, Cádiz, A Coruña, etc.—, esos “ayuntamientos del cambio” anunciaban un giro importante en la política tanto catalana como española. La tendencia se consolidó en las elecciones generales de 2016, en las que Podemos (con las confluencias de distintos territorios del país) sacó un 20% de los votos y, en Cataluña, En Comú Podem alcanzó el 24,5%. Nunca en la etapa postfranquista fuerzas radicales de izquierda habían logrado estos resultados, que, en Cataluña, superaban aquel (efímero) 18% alcanzado en las primeras elecciones de 1977 por el PSUC. Los más viejos del lugar nos tentábamos la ropa, algo desconcertados. La interpretación parecía evidente: con la crisis del 2007 entrábamos en una nueva fase sociopolítica. El capitalismo financiarizado desbocado había llegado demasiado lejos y ponía al descubierto una esencia íntima que durante los años de la “prosperidad” de la segunda mitad del siglo XX quedaba oculta tras una abundancia precaria pero real para una mayoría de la población. La crisis desveló que esa prosperidad no era un efecto buscado por el sistema, sino un efecto colateral. Y que cuando para mantener las condiciones de acumulación de capital convenía precarizar a millones de personas, eliminar las condiciones contractuales de los trabajadores, privatizar todo lo privatizable, reducir los salarios y acabar con los derechos adquiridos durante decenios de luchas obreras y populares, a los que mandan no les temblaba el pulso.