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| Ilustración: Kathia Recio para Coordinadora Mujeres Zapatistas |
Lluis Rabell
Siguiendo el guión establecido se han aprobado finalmente los presupuestos de la Generalitat, gracias a la abstención de los comunes.
Un voto que algunos consideramos un error por parte de la izquierda
alternativa: no sólo como hecho puntual, sino como conclusión de una
apuesta política equivocada. Por mucho que pueda levantar ampollas, es
necesario discutir seriamente la cuestión. Desde luego, lo hecho, hecho
está. Pero habría que evitar que un error condujera a otros, más graves,
en la convulsa etapa que nos espera al salir de la pandemia. De eso se
trata.
Es sabido que todo presupuesto contiene ciertas dosis de fantasía – a
veces, lisonjeras previsiones de ingresos – y esconde alguna que otra
triquiñuela. A través de su orientación y sus prioridades, puede
tratarse de un presupuesto progresista o conservador, expansivo o no.
Pero nunca se había votado uno como éste, radicalmente falso en todos
sus capítulos… y cuya obsolescencia es anunciada de antemano por el
propio gobierno que lo presenta. Las cuentas ya no eran ciertas cuando
fueron admitidas a trámite por el Parlament. En estos momentos,
no tienen nada que ver con la realidad. ¿A qué responde, pues, el
empecinamiento en aprobar un presupuesto estéril? ¿Por qué no generar
nuevos créditos para hacer frente a la emergencia sanitaria y social a
través de una batería de decretos – que la oposición ya se ha declarado
dispuesta a respaldar y que, de todos modos, el Govern va a
tener que adoptar? ¿Por qué no empezar a elaborar unos nuevos
presupuestos, coherentes con las exigencias de la situación y acordes
con las disponibilidades financieras? La explicación sólo puede ser
política.


