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Rafael Juan Ruiz
Quiero, antes de entrar en materia, aclarar que, en este escrito, en
vez de usar la dualidad de género o la arroba (@), lo haré por
completo en género femenino. En los momentos que vivimos debe dejar
de sonarnos a gilipollez el apoyar, de cualquier forma que
veamos lógica y útil, meter en nuestras cabezas machistas pequeños
chips que nos obliguen a hacer el esfuerzo de integrar, hasta la
igualdad absoluta, el lenguaje, la vida, las costumbres, … Todo.
Además, debería ser el femenino el género que nos englobara en el
lenguaje. Entre otras muchas razones, todos y todas somos personas,
que es una palabra con el femenino como género. Pero, sobre todo,
porque cualquier pequeño o gran detalle es imprescindible para
acabar con una sinrazón alimentada intencionadamente por aquellas a
las que voy a aludir a continuación, con la inestimable y estrecha
colaboración de la inmensa mayoría de religiones. Esta forma de
hablar y de escribir lleva siendo usada por mucha gente y colectivos
hace mucho tiempo, pero, claro está, han sido ridiculizadas, unas
veces por desconocimiento, otras veces por lo extraño que sonaba,
pero, las más de las veces, para seguir perpetuando el machismo en
nuestra sociedad.
Desde hace casi diez años, tengo la suerte de participar en el
Colectivo Prometeo. En unos momentos de absoluta orfandad a la hora
de poder hacer algo por cambiar la actual sociedad, en que la fuerza
política en la que siempre milité se había convertido en una
rémora para mi ciudad, en un instrumento inútil para una nueva
realidad en Andalucía (un poco más tarde incluso se convirtió en
muleta de quienes manejan con garbo el cortijo) y en un elemento
hueco de debate y trabajo a todos los niveles, me encontré con mi
amigo Juan Rivera, le trasladé mi frustración y me invitó a
asistir a una reunión.
Desde entonces, cada dos miércoles, me reúno con un grupo, cada vez
más amplio, de personas con un origen y unos objetivos comunes, con
muchos matices, pero que nos obligan a buscar lo mejor de cada una de
ellas. Y quedarnos con lo que nos une. Y lo que nos une es que,
hagamos lo que hagamos el día que haya que ir a votar, el resto del
tiempo lo invertimos en intentar crear músculo social.
Por eso organizamos charlas y foros continuamente; por eso expresamos
nuestra opinión en nuestros medios y aquellos que quieren hacerse
eco; por eso creamos el Frente Cívico “Somos Mayoría”; por eso
participamos en la Acampada Dignidad; por eso promovimos las Marchas
de la Dignidad; por eso hemos intentado (sin éxito) la unidad
popular no desde lo electoral, sino desde lo social.