Fuente:Nortes
Manolo Monereo
Para Aniceto Muñoz
Las personas cuentan y los dirigentes también. Anguita, Lafontaine y Mélenchon vivieron en el mismo tiempo y en el espacio común de una Europa en crisis y bifurcación. Venían de tradiciones diferentes, de culturas en conflicto y de fuerzas políticas muchas veces enfrentadas. Las transformaciones del capitalismo, las derrotas y la ferocidad del neoliberalismo los unieron. Fueron grandes por eso, porque no se rindieron, porque siguieron luchando contracorriente, pero siempre con voluntad de mayoría y de gobierno. Estuvieron en el filo de las contradicciones, hicieron política, se equivocaron y supieron rectificar. Fueron derrotados en ocasiones, pero nunca bajaron las banderas. No estuvieron solos. Combinaron lealtades profundas con traiciones de alto calibre. Nunca hicieron de la política venganza. Dejan ejemplaridad, coherencia y coraje moral. Mélenchon es el único que queda en la política activa, Oscar ya lo dejó y Julio se nos fue, pero sigue vivo entre nosotros.
Estos políticos, a los que se podrían añadir algunos más, aportaron principios ético-jurídicos que es necesario recuperar en un momento en el que la izquierda casi nada es y el mundo vive una transformación radical en sus fundamentos que, dicho sea de paso, ellos entrevieron y se prepararon activamente para estar a la altura de unos desafíos de época. Quiero señalar algunos elementos que nos podrían ayudar mucho en esta etapa:
a)Pensar a lo grande; es decir, situarse en el momento histórico, definir la fase y hacerla productiva para los movimientos emancipatorios. Conocer el mundo para transformarlo fue un estilo que relacionaba de modo específico teoría y práctica, viejos y nuevos problemas. Analizaron con mucha información lo que significaba la globalización capitalista y se opusieron rotundamente a ella. Defendieron el Estado nacional sabiendo que era el lugar del conflicto de clases, de la democracia de los de abajo, de la soberanía entendida como programa. Lo hicieron compatible y necesario con el internacionalismo, con la solidaridad con las clases trabajadoras en busca de un proyecto común basado en un nuevo orden internacional más justo, democrático e igualitario.


