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martes, 30 de noviembre de 2021

En Memoria de Antonio Gil: Costruyendo sindicalismo de clase,asambleario,unitario, solidario e internacionalista

  

Convocatoria

Asistentes

 

Diosdado Toledano González

Para comprender la trayectoria y legado sindical de Antonio Gil en SEAT, hemos de tener en cuenta el contexto político e histórico de su juventud. El impacto de la revolución rusa, la guerra civil en España, la lucha contra el fascismo y el nacionalsocialismo, la historia del movimiento obrero en España, para entender su apertura al pensamiento marxista revolucionario y compromiso militante en la lucha contra la dictadura franquista y por la revolución socialista.

Hijo de familia obrera, nunca renegó de su extracción social en la época estudiantil y comprendió el papel esencial de la clase trabajadora en la lucha contra el franquismo y por la transformación social. Su espíritu crítico le permitió abrirse a los debates más avanzados en el seno de la izquierda en aquella época. Los acontecimientos de Mayo 68 en Francia, la Primavera de Praga, la gran lucha estudiantil en Méjico, durante ese mismo año, y en 1969 el Otoño Caliente en Italia, confirmaban que los procesos de cambio y transformación no eran un sueño o pura teoría, sino algo real y posible.

Los debates políticos que alimentaron tales eventos confirmaron en Antonio Gil tanto la teoría de la revolución permanente y el programa y estrategia para la revolución socialista, como la apuesta de construir el frente único capaz de derrotar la dictadura y el capitalismo aprendiendo de las enseñanzas de la historia, y la crítica del estalinismo y su papel sectario en la guerra civil.

Mesa del Acto

Un sindicalismo asambleario, unitario y combativo

Antonio junto a sus compañeros de la LCR en los centros de Seat defendían un modelo de acción sindical enraizado en las mejores tradiciones del sindicalismo de clase en España, Francia e Italia, que cristalizó en aquella época en Comisiones Obreras. Un sindicalismo de dimensión social y política (no partidista) que no se limitaba a la problemática del centro de trabajo o meramente laboral, un sindicalismo abierto a participar y apoyar los movimientos reivindicativos por causas justas, en defensa del conjunto de derechos sociales, solidario con las luchas obreras y sociales del momento. Esta práctica sindical fue compartida en otras fábricas y empresas como Miniwatt y el equipo liderado por Juan Montero, Numax y su referente José Borrás, etc.

La propia experiencia enseñaba que la mejor manera de defender las reivindicaciones obreras frente a las agresiones y maniobras de la empresa hacía necesario un movimiento obrero activo y consciente, informado, participando en los debates y decisiones. En resumen, un sindicalismo asambleario, que en SEAT cristalizó en1980 con la constitución del Consejo de fábrica en la factoría de Zona Franca. La práctica asamblearia, con reuniones diarias durante el bocadillo perduró durante muchos años, posteriormente, tras la creación de salas para el bocadillo en la nueva factoría de SEAT en Martorell en los años 90, prosiguió con asambleas semanales. El funcionamiento asambleario perduró mientras el sindicalismo de clase representado en los últimos años por CGT tuvo la fuerza para garantizar su convocatoria y dinamización. El papel de Antonio y el equipo de sindicalistas que compartieron el proyecto de un sindicalismo de clase y asambleario formado por Antonio Sanchez, Ernesto Barba, Sito, Pedro Jiménez, Diego Rejón, Wenceslao Calero, Armando Varo, Jorge Cortegana, Manuel Moyano, Nuria Margais, Alberto Herbera, Bruno Valtueña, Diosdado, y muchos más, contribuyeron a llevarlo a la práctica y mantenerlo vivo.

Otra característica del sindicalismo de Antonio y el conjunto de compañeros aludido fue la búsqueda constante de la unidad de acción en defensa de las reivindicaciones, para afrontar la negociación colectiva, o defender la plantilla de las agresiones de la multinacional. Tanto en la época que tuvieron responsabilidades en la dirección de CCOO en SEAT Martorell, como en la etapa de CGT, fueron capaces de promover la mayor participación y unidad en las luchas reivindicativas, empujando a las direcciones del resto de sindicatos a defender objetivos que superaban sus compromisos con la empresa, combinando la crítica constructiva y el desbordamiento siempre que tuviera un apoyo suficiente. Nunca confundieron la responsabilidad y traiciones de las cúpulas sindicales, con las bases de los sindicatos, ganando la simpatía de amplios sectores críticos de los sindicatos mayoritarios y evitando las derivas antisindicales.

domingo, 31 de enero de 2021

Manuel Linde y el SUGC. La otra Guardia Civil


 

 

Autor:Sancho R.Somalo

Fuente: El Salto 

 [ Nuestro queridísimo Manolo Cañada nos regaló ayer en El Salto este extraordinario artículo que habla de unos guardia civiles comprometidos y demócratas y que arriesgaron su libertad por los derechos colectivos.En las antípodas de quienes hoy dentro de los cuerpos de seguridad jalean y le hacen el juego al neofranquismo, olvidando que la Patria va más allá de una bandera y llega hasta quienes intentan construir  una sociedad más justa]

Manolo Cañada

Manuel Linde es un silencio, una silueta incómoda, un eco inoportuno. En las factorías de la Historia se fabrican los relatos que embellecen al poder, los cuéntame que sedan la mala conciencia y la impotencia colectivas, la dulce rosquilla de los cuentos que angustiaba al poeta León Felipe. Allí, en los telares autorizados del recuerdo, también se fraguan los silencios.

“Cualquier narración histórica es un montón de silencios”, afirma el historiador haitiano Michel-Rolph Trouillot. Manuel Linde y el Sindicato Unificado de la Guardia Civil (SUGC) son algunos de nuestros más recientes y clamorosos silencios. Silencios que remuerden y que señalan. Y, al tiempo, silencios que iluminan con fuerza las sombras del presente, la pulsión golpista de los recientes chats y manifiestos militares, la sincronía habitual entre el ruido de sables y el interés de los mercados.

Conocí a Manolo Linde en 1990. La noche anterior a su detención, el 15 de marzo de ese año, se quedó en mi casa, en la barriada del Gurugú en Badajoz. “Que se vaya contigo, a ti no te conocen y estará más seguro”. Manuel Parejo, entonces secretario del Partido Comunista de Extremadura, me encargó que diera cobijo a Linde aquella noche y que al día siguiente lo llevásemos a Mérida, donde iba a presentarse la plataforma extremeña por la desmilitarización de la Guardia Civil.
Linde era muy consciente del peligro. Sabía que el Servicio de Información de la Guardia Civil le pisaba los talones y que la convocatoria del día siguiente suponía un salto cualitativo. Hasta el momento el SUGC siempre había comparecido ante la prensa ocultando los rostros de sus portavoces. La aparición de guardias civiles uniformados y con tricornio, obligados a preservar su identidad tras una capucha, exasperaba a los mandos de la Benemérita y al gobierno. La imagen simbolizaba con contundencia la ausencia de democracia en la Guardia Civil y le sacaba los colores al relato canónico sobre la inmaculada Transición.


“El pasado día 14 de marzo el citado guardia civil se dio de baja para el servicio por padecer taquicardia y solicitó poder trasladarse a Badajoz para consultar un médico. El día 15 participó en una rueda de prensa, en la que defendió la sindicación de la Guardia Civil, presentándose en el puesto de Alconera, su destino, a las 16 horas del mismo día”. José Luis Corcuera, el ministro de Interior de infame recuerdo, el paladín de la patada en la puerta, relatará así, con tono insidioso, en el Congreso, lo ocurrido durante esos días.

El sindicato clandestino de los guardias civiles sale a la luz. Durante cuatro años ha ido arraigando y extendiéndose en las casas-cuartel, compañías y comandancias, burlando la vigilancia de los mandos, esquivando el cerco de los servicios de información. Manolo Linde ha sido uno de los fundadores del sindicato, uña y carne del cabo Rosa, una tenaz hormiguita, el encargado del trabajo duro de organización, una de las almas de aquella fértil anomalía, de aquel brote democrático que ha surgido donde menos se esperaba, en el interior de la institución más autoritaria y emblemática del franquismo.

En los últimos meses el SUGC ha dado pasos de gigante. Ha logrado el apoyo de un gran número de organizaciones sociales y políticas. Sindicatos policiales como el SUP o el Sindicato Democrático de la Policía, partidos como el CDS, IU o el PTE, y el respaldo de los sindicatos CCOO y UGT. Para el 12 de marzo se anuncia que Antonio Gutiérrez y Nicolás Redondo visitarán al cabo Manuel Rosa en la comandancia de Montequinto (Sevilla), donde se encuentra recluido. Sorpresivamente, es trasladado el día anterior a la prisión militar de Alcalá de Henares. Los generales de la Guardia Civil y el gobierno no albergan dudas, quieren cortar de raíz la estrategia de visibilización que ha trazado la dirección del SUGC.


Al sindicato clandestino le toca mover ficha. Tres días después, en la mañana del 15 de marzo, Manuel Linde comparece a cara descubierta en Mérida. En su intervención alerta sobre las posibles represalias: “Habrá que ver mañana el resultado de esta rueda de prensa, lo que me pueda ocurrir”, “Somos presos políticos, no hay razón de que se nos encarcele por defender nuestras ideas”. Esa misma tarde, en el cuartel de Alconera, Linde será detenido violentamente. El sargento de puesto, José Dorado Chávez, le comunica que se encuentra arrestado y le ordena esperar hasta que llegue el capitán y el comandante jefe de la segunda compañía para proceder al interrogatorio. La suerte está echada.

La meticulosa ciencia del verdugo

Punta, charol, capa y bota,
A poquito a poco asoman
Igual que dos grajos verdes
Recortaos en la loma.

(José Menese y Francisco Moreno Galván)

Pocas instituciones han sido tan temidas y odiadas por la gente humilde y trabajadora en España. Poemarios como el Romancero gitano, de Federico García Lorca, o películas como El crimen de Cuenca, plasmaron el pánico de generaciones enteras a la Guardia Civil, “el pozo oscuro del miedo popular”, del que hablara Arturo Barea.

Sin embargo, lejos de la autocrítica o de la más elemental pulcritud histórica, el discurso oficial continúa instalado en el panegírico y la mixtificación. “La Guardia Civil ha llegado hasta nuestros días con una sólida neutralidad y una probada lealtad”, afirmaba el ministro de Interior, Fernando Grande Marlaska, hace poco más de un año con motivo del 175 aniversario de la institución. Y el director general de la Benemérita en ese momento, Félix Azón, ensalzaba por su parte “la dinámica evolución al compás de los tiempos” y recordaba que el cuerpo se creó cuando “los caminos estaban a merced de las partidas de malhechores“. Lealtad y persecución de los malhechores, ese parece ser el resumen de la narración construida desde el poder sobre la historia de la Guardia Civil.

domingo, 29 de enero de 2017

Córdoba:L@s rebeldes se juntaron el sábado



     El pasado sábado 27 de enero, 30 colectivos de Córdoba se reunieron en el Centro Social Rey Heredia para compartir percepciones y visiones sobre las preocupaciones que castigan a la sociedad. La jornada contó con seis mesas-talleres sobre temáticas como el medioambiente, el feminismo, sindicalismo, derechos básicos, etc. Las conclusiones extraídas servirán para siguientes encuentros, en los que se irá decidiendo sobre acciones futuras. De momento, ha quedado patente que la rebeldía, que fue uno de los principios que dio origen a la Acampada Dignidad y posterior liberación del colegio Rey Heredia, sigue muy viva. 
   El Frente Cívico se encargó de dinamizar una de las mesas, denominada "Caracterización del Sistema, sus fortalezas y sus grietas". En ella, nuestr@s compañer@s Rosa Blanco y Rafael Juan, introdujeron el debate en grupos orientando principalmente hacia cómo aprovechar las debilidades, que pasan por, principalmente, saber utilizar la fuerza de la colectividad para desenmascarar la desigualdad, la corrupción, el robo a las clases trabajadoras y, mediante la unión en torno a puntos en común, ejercer la presión necesaria para hacer que las personas y el planeta sean los ejes en torno a los cuales se establezcan las políticas económicas y sociales.
   Son los primeros e imprescindibles pasos hacia un nuevo y opuesto modelo de sociedad. Pero, ¡empecemos por reconocernos, entendernos, y unirnos en la lucha! ¡Marquémonos objetivos alcanzables! Y vayamos adquiriendo fuerza colectiva. En buena armonía, el camino es más llevadero.

viernes, 1 de julio de 2011

Legitimidad y representatividad sindical

Nos ha resultado muy interesante ( por documentada ) la lectura de este estudio llevado a cabo por Francisco Javier Ortiz Vargas y que ha sido editado por la Secretaría de Formación y Estudios de la CNT