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domingo, 27 de agosto de 2023

Y si Rubiales fuera mujer, ¿habría cometido violencia sexual?



                                             


Fuente: The Conversation. com


David Moscoso
Catedrático Sociología Universidad de Córdoba

En 1988, el secretario general de la Federación Inglesa de Fútbol, Ted Croker, manifestó que “el fútbol es un deporte duro de contacto físico, un tipo de combate. Es y debe seguir siendo un juego de hombres. Las mujeres no tienen nada que hacer excepto animar a sus hombres, lavarles y plancharles el equipo, y prepararles y servirles refrescos”.

Casi cuatro décadas después de esas declaraciones, en 2023, tras el escándalo vivido el 20 de agosto en la entrega de medallas de la Copa del Mundo de la FIFA, el presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) Luis Rubiales declaró en la Asamblea General Extraordinaria de este organismo que “el falso feminismo no busca la justicia, no busca la verdad, no le importan las personas”.

Trataba de defenderse así del juicio moral al que estaba siendo sometido tras lo sucedido en la celebración de la final de la Copa del Mundo de fútbol femenino, cuando le dio un beso no consentido a la jugadora Jennifer Hermoso.


El todavía presidente de la RFEF –afirmó que no pensaba dimitir– también acusó a tres ministras en funciones del Gobierno de España –mujeres todas ellas, no aludiendo en ningún momento al Ministro de deporte ni al Presidente del Gobierno, ambos hombres, quienes también se habían pronunciado– porque “se han referido a esta acción (el beso) con las palabras ‘vejar’, ‘violencia sexual’, ‘sin consentimiento’ o ‘agredir’… ¡Por Dios! ¡Qué pensarán las mujeres que de verdad han sido agredidas sexualmente! ¡Qué pensarán aquellas que de verdad se las ha obligado y agredido!”.

miércoles, 19 de julio de 2023

¿Cómo funciona la maquinaria privatizadora de la educación pública en Andalucía?



 Fuente: Cordópolis

David Moscoso

La educación pública ha sido considerada durante décadas una de las piedras angulares del Estado de Bienestar en Andalucía. En una tierra con abruptas desigualdades sociales, en la que el grueso de la población en época franquista se encontraba constreñida por su origen de clase, la educación era considerada un ascensor social para las clases populares. La movilidad social con la que lograr empleos de calidad y mayores niveles de bienestar era y sigue siendo posible en la mayor parte de los casos gracias a la educación pública. Algo que suscita la pregunta de por qué la educación pública experimenta una devaluación tan importante en nuestros días.

Durante mucho tiempo era de quienes pensaba que, en parte, tenía que ver con una rigurosa manipulación informativa de medios de derechas y católicos y grupos de interés (lobbies), que proyectan una mala publicidad del sistema público con el propósito de desprestigiarlo. Unos lobbies que a menudo son, a la vez, propietarios de las empresas educativas y de los medios de comunicación que los amparan.

Pero una mala experiencia personal vivida estos meses de atrás me ha permitido comprender mejor cómo funciona la maquinaria —de puertas hacia adentro— en el ámbito de la gestión del gobierno andaluz, para que desde la propia administración pública se lastre la capacidad del sistema educativo público.

miércoles, 14 de junio de 2023

No es Libertad, es Acoso



 Fuente: Cadena Ser

David Moscoso
Sociólogo

En estos tiempos que vivimos con aires neoliberales y olor a apolillado, el discurso del tan incomprendido concepto de la libertad se convierte en la praxis en algo tan cínico como hipócrita. La libertad se ha convertido en un arma arrojadiza contra los servicios públicos, alegando, por parte de esta derecha andaluza y cordobesa que nos gobiernan, la legitimidad del derecho de elección. Elegir plazas escolares y atención sanitaria en centros privados (concertados) como máxima expresión de la libertad. Como si lo público no valiera, como si gobernaran para lo privado. Y, así, con la libertad como coartada defenestramos servicios públicos, mermamos sus recursos y, de paso, beneficiamos a empresas enajenadas del bien común, pues su ‘legítimo’ interés es el balance de cuentas anuales.

Hay que estar ciego para no verlo, si bien la ceguera se disipa cuando te topas con la realidad. Yo lo he sufrido en mis carnes recientemente. Mi caso es uno más. Solicité la escolarización de mi hija en primero de ESO este año, en tres centros educativos públicos. El resultado de la asignación fue un centro privado concertado católico. Ni somos católicos en casa ni abogamos por el concierto privado como elección. Se nos privó de la libertad de elegir la pública. Parece que la libertad de elección sólo vale para beneficiar a los accionistas y al consejo de administración de las privadas concertadas.

El derecho de reclamación existe, pero la respuesta ha sido una tortura: castigar a una niña de 12 años y a sus padres enviándola a la última plaza del centro público más alejado de su casa, existiendo media docena de centros en su distrito residencial, para que cunda el ejemplo, para que esa falsa “libertad de elección” no se malogre.

¡No es libertad, es acoso! ¡No hay respuesta de derecho, sino de castigo!