Remedios Copa
Colectivo Prometeo
La Asamblea General de Naciones Unidas no tiene ninguna capacidad ejecutiva; todo lo que allí se vote, resuelva o diga cae en saco roto, manifiesta Ariel Umpierrez, experto en geoestrategia. Justifica esta afirmación porque son los cinco países más influyentes y con capacidad nuclear. Aún así, no siempre se les escucha ni respeta su criterio y como ejemplo está el caso de la guerra de Iraq entre otros a los que el Consejo no dio su autorización.
El criterio del Consejo de Seguridad sirve de caja de resonancia cuando a los más poderosos les interesa condenar a alguien o sancionarle, y en ese sentido EE UU marca la pauta. Y eso es así porque se trata de un club al que los países se han unido voluntariamente y para ser miembro se paga una cuota anual, siendo EE UU el mayor contribuyente y por tanto el que pone las condiciones. Por esa razón es un espacio en el que los grandes imponen las decisiones que más les interesa y los menos poderosos apenan logran reiterar una exposición que no confiere más alcance que el de la denuncia o una simple catarsis.
En la actualidad, mientras unos temen que la ONU se desplome otros esperan que tenga un resurgir diferente gracias a la presencia de los BRICS, asociación económica formada por Brasil, Rusia, India China y Sudáfrica cuyo objetivo es potenciar las posibilidades de cada uno de ellos a través de asistencia financiera entre ellos para el desarrollo de determinados proyectos.
Existe una diferencia entre los BRICS y otras organizaciones. Un ejemplo: mientras la OTAN es una alianza militares en la que algunos países buscan la seguridad absoluta mediante la expansión de alianzas militares y practican la autosuficiencia a gran escala, ignorando los derechos e intereses de otros países, los BRICS se refieren a países emergentes con economías de rápido crecimiento y que intentan reforzar la cooperación entre sí.
Hasta hace unos 10 años, un sistema tripolar compuesto por EE UU, Europa y Japón centraban la economía mundial.