Pepe Aguza
Colectivo Prometeo
Posiblemente quienes están acostumbrados a mis artículos políticos, y sociales ( algunas personas con fe de carbonero y pensamiento ultraconservador o directamente neofranquista, los tachan de anticlericales) les sorprenda la publicación de esta columna dedicada a una mujer ampliamente reconocida en el mundo del estilismo, de la costura y de la frivolidad de la moda y la elegancia, pero en su vertiente crítica y rebelde.
El artículo, aparentemente alejado de lo que frecuentemente escribo, no deja de tener su interés, por la persona a que se refiere.
Vivienne Westwood, muerta recientemente a los 81 años, el pasado 29 de diciembre, en su domicilio de Clapham, al sur de Londres, fue una mujer rebelde y transgresora, totalmente involucrada en el activismo político, el desarme nuclear, los derechos civiles y la libertad de expresión como demostró defendiendo a Julien Assange públicamente en manifestaciones, así como por las luchas sociales o los derechos humanos y el ecologismo contra el cambio climático, que no dudaría en utilizar la banalidad de la moda para llegar a las conciencias más poderosas y populares de la sociedad.
Era una persona forjada en la controvertida cultura punk, un movimiento surgido del descontento social del último cuarto del siglo XX.
