Antonio Pintor
Colectivo Prometeo
Médico
Hablemos de Amor
“El amor es una necesidad, un antojo, un impulso para buscar el mayor premio de la vida”
Helen Fisher, antropóloga biológica
Para hablar del amor, no nos apoyaremos en Raphael y su eurovisiva canción del año 67, sino que seguiremos a la antropóloga Helen Fisher, que ha dedicado su vida profesional al estudio de la ciencia del amor.
Empecemos, pues, por el principio, ¿Qué es amar?
El premio nobel G. Bernard Shaw dijo: “El amor consiste en sobreestimar las diferencias entre una mujer y otra”. Con esta definición estaba señalando una de las características del amor, consistente en que la persona objeto de este adquiere un significado especial.
El escritor y diplomático Geoffrey Chaucer dijo: “El amor es ciego”, expresión que recoge el predominio de la emoción sobre la razón.
Ambos autores se están refiriendo al denominado, y denostado por el feminismo, “Amor romántico”.
Antes de entrar en detalles sobre el mismo veamos lo que nos cuenta Helen Fisher de los diferentes sistemas cerebrales relacionados con el amor y que han evolucionado a partir del apareamiento y la reproducción.
Son tres los sistemas cerebrales descritos, íntimamente relacionados y cada uno de ellos activado por hormonas específicas:
1.- El primero es el que subyace y desencadena “el impulso sexual”, que consiste en el deseo de gratificación sexual, y que el escritor W.H. Auden describió de manera gráfica, como “una comezón mental insoportable”.
Esta frase me recuerda un dicho acerca de un alcalde comunista de un pueblo, cuyo nombre omito, famoso en toda la provincia por lo “brutos que eran sus habitantes”. Fue invitado junto a su esposa a visitar la Unión Soviética y entre los actos del protocolo de acogida estaba la asistencia a un concierto. Entre el sonido de violines, pianos y otros instrumentos musicales se introdujo un ruido ajeno provocado por el intenso rascado en la cabeza por parte de la esposa del alcalde. Éste la recriminó advirtiéndole que estaba “dando la nota” al atraer la atención de los espectadores con ese rascado compulsivo. A lo que ella le contestó: “Si me rascara donde realmente me pica, entonces sí que llamaría la atención”.

