Antonio Bujalance Cantero
Colectivo Prometeo
Hace unos días Baena celebraba una fecha de indudable valor simbólico: Se cumplían 90 años de uno de los peores acontecimientos que ha vivido esta localidad, al menos en la Edad Contemporánea. Al respecto escribí un artículo, que muchos a través de las redes sociales consideraron poco menos que anacrónico, o sea que eso ya no interesaba a nadie.
En cualquier caso, aunque nadie está obligado a leer nada que no le interese, las cifras de lectores del artículo lo desmienten. Varios miles de lecturas sumando los tres medios de Córdoba en que se publicó. Luego interés sí hay por conocer un relato de los hechos más aproximado a la verdad de lo que fue la burda manipulación efectuada por el franquismo.
Luego está también el argumento “clásico” de la derecha, según el cual hablar de esto es reabrir viejas heridas. Ha pasado ya prácticamente un siglo desde entonces. En este país ha habido muchas guerras civiles. Inmediatamente anterior a la que nos ocupa, en el siglo XIX, tres guerras carlistas; todavía antes la llamada guerra de “sucesión” que puso en el trono al primer Borbón; por no hablar de las guerras civiles que desangraron Castilla en las postrimerías de la Edad Media, descarnadas luchas por el poder que dejarían los dramas shakespirianos sobre los reyes ingleses (Ricardo III, por ejemplo) en un juego de niños.
Luego, cuánto tiempo debería pasar para poder hablar de la última guerra civil civilizadamente, tal como debemos o podemos hablar ya, creo yo, de las anteriores. Posiblemente, el problema está en la lectura que algunos han hecho de la Transición como un pacto de silencio. Y la Transición ciertamente optó por amnistiar posibles responsabilidades de los supervivientes de la guerra de 1936, que dicho sea de paso, es poco probable que quede ya alguno con vida.






