Doctor en Derecho e inspector de Trabajo y Seguridad Social.
Profesor de la Universidad de Valencia.
FCSM Valencia
El neoliberalismo no es sólo una ideología, sino también, y
fundamentalmente, una hegemonía capaz de articular un sólido consenso
entre las clases subalternas sobre la base de intereses materiales. En
este sentido, la externalización de los servicios públicos
ha sido un instrumento decisivo para la extensión y consolidación del
neoliberalismo, vinculando a sectores cada vez más amplios de la
población trabajadora al juego de intereses generado por la dinámica
privatizadora. Desde los años 90, las políticas de austeridad y la
supuesta ineficacia de lo público han servido de pretexto para
transferir al sector privado la gestión de importantes servicios
públicos, subordinando a sus intereses la posición de los trabajadores
adscritos a los mismos. Por supuesto, los ayuntamientos no fueron ajenos
a este proceso y emprendieron la externalización de numerosas áreas de
gestión municipal, como el abastecimiento de aguas, la limpieza viaria o
la recogida de residuos urbanos, por mencionar sólo algunas.
Sin embargo, actualmente parece abrirse paso una tendencia proclive a la gestión pública, auspiciada por estudios que evidencian sus ventajas
en términos de eficacia, calidad y costes de los servicios prestados.
Importantes ciudades europeas como Berlín, Hamburgo, París o Londres
están rescatando o, si se prefiere, remunicipalizando la gestión de servicios públicos
anteriormente externalizados en ámbitos tan relevantes como la
distribución energética, el transporte público o la administración del
agua. En España, las elecciones municipales de 2015 abrieron la puerta a
esta posibilidad en las principales capitales del país, merced al
triunfo de candidaturas progresistas que la incluían en sus programas.
Sin duda, existe una conciencia cada vez más clara de los beneficios
asociados a la gestión directa de los servicios municipales, a lo que
han contribuído algunos informes del Tribunal de Cuentas en los que se observan importantes sobrecostes y una peor calidad de los servicios privatizados.





