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domingo, 5 de marzo de 2023

Ferrovial y los “patriotas” de banderita en la pulsera

 





Juan Rivera
Colectivo Prometeo


El escrito tiene un título que parece de cuento cuando en realidad es de un chiste malo. Hace unos días la empresa Ferrovial que se nutrió y creció gracias al biberón de las obras públicas pagadas por el Estado español (es decir,  por ti, por mí y por todas las personas que nos rodean) anunció su decisión de trasladar su sede a los Países Bajos.

Como el ahorro fiscal – según los entendidos en la materia– es mínimo, barajándose cifras ridículas para una entidad de su tamaño ( según la revista El Economista 8 millones de euros) las causas del cambio de sede podrían tener más que ver con el cabreo   de su presidente Rafael del Pino -según Forbes tercera fortuna del país tras los Ortega,padre e hija-, por lo que le tocaría pagar tras el impuesto a las grandes fortunas aprobado por las Cortes a finales del año pasado.

Ya se sabe, una cosa es que se te llene la boca de “ España, España” y otra la de creerse el  “Hacienda somos todos”. 

Siempre hubo clases y a poco que eches un vistazo al órgano de gobierno de la Fundación Rafael del Pino  encontrarás en él los apellidos del santoral franquista ( Del Pino, Calvo Sotelo, Espinosa de los Monteros, Pemán, Isasi..). Por si no lo tenías claro.

Nos encontramos nuevamente ante una diáfana muestra de la peculiaridad del capitalismo hispano: el “capitalismo de amiguetes”.

La conocida variante autóctona en la que el inversor, gracias a sus conexiones políticas no asume riesgos y siempre gana.Se desarrolla parasitando al Estado y siempre tiene en los órganos de decisión política personajes dispuestos a defenderlo. De ahí la importancia de las “puertas giratorias” que deben permanecer siempre bien engrasadas.

Para permitir el paso franco de los consejos de ministros o gobiernos autonómicos y municipales hacia los consejos de administración sin que lo estropeen minucias como la falta de ética y estética en estos vaivenes.