Juan Rivera
Colectivo Prometeo
El escrito tiene un
título que parece de cuento cuando en realidad es de un chiste malo. Hace unos
días la empresa Ferrovial que se nutrió y creció gracias al biberón de las
obras públicas pagadas por el Estado español (es decir, por ti, por mí y por todas las personas que
nos rodean) anunció su decisión de trasladar su sede a los Países Bajos.
Como el ahorro fiscal – según
los entendidos en la materia– es mínimo, barajándose
cifras ridículas para una entidad de su tamaño (
según la revista El Economista 8 millones de euros) las
causas del cambio de sede podrían tener más que ver con el cabreo de su presidente Rafael del Pino -según
Forbes tercera fortuna del país tras los Ortega,padre e hija-, por
lo que le tocaría pagar tras el impuesto a las grandes fortunas
aprobado por las Cortes a finales del año pasado.
Ya se sabe, una cosa es que se te llene la boca de “ España, España” y otra la de creerse el “Hacienda somos todos”.
Siempre hubo clases y a poco que eches un vistazo al órgano
de gobierno de la Fundación Rafael del Pino encontrarás en él los apellidos del santoral franquista ( Del Pino, Calvo Sotelo, Espinosa de los Monteros, Pemán,
Isasi..). Por si no lo tenías claro.
Nos encontramos nuevamente ante una diáfana muestra de la peculiaridad del capitalismo hispano: el “capitalismo de amiguetes”.
La conocida variante autóctona en la que el inversor, gracias a sus conexiones políticas no asume riesgos y siempre gana.Se desarrolla parasitando al Estado y siempre tiene en los órganos de decisión política personajes dispuestos a defenderlo. De ahí la importancia de las “puertas giratorias” que deben permanecer siempre bien engrasadas.
Para permitir el paso franco de los consejos de ministros o gobiernos autonómicos y municipales hacia los consejos de administración sin que lo estropeen minucias como la falta de ética y estética en estos vaivenes.
