Juan Rivera
Colectivo Prometeo / FCSM
Estos días estamos
inmersos en la “Semana de los fastos constitucionales”.Son muchas
las iniciativas políticas y educativas que tienen como centro la
Constitución de 1978 y en todas los análisis críticos llegan a la
misma conclusión: el 6 de Diciembre no hay nada que celebrar.
Ya no disimulan lo
evidente, la Carta Magna española es una carcasa vacía de
contenido. Hasta hace poco los
oligarcas se conformaban con burlar los derechos- por la vía del
Incumplimiento
y del Descaro-
en ella contenidos.
A
partir de ahora, un Gobierno pagado de si mismo, convencido de que la
impunidad protege sus acciones anti-democráticas, va a intentar el
último giro de tuerca y , con la Ley Mordaza en ciernes, anularlos
directamente.
Resulta
curioso que quienes se envolvieron en los artículos de la
Constitución – a la que no votaron en su génesis- para considerar
intocable la Monarquía , los que perpetraron la reforma exprés del
artículo 135 ( que con la excusa de la estabilidad presupuestaria y
la limitación del déficit entregó maniatado a todo un país para
que el FMI y el capitalismo especulativo financiero lo trocease y
devoraran a placer los sectores públicos rentables) o los que hablan
a boca llena del “ imperio de la Ley”, sean tan laxos a la hora
de seguir leyendo y consideren prescindibles los artículos que en
el mismo texto, no en otro, recogen Derechos con mayúscula: a
la libertad de expresión y manifestación, Sanidad, Enseñanza,
Vivienda, Trabajo, Fin social de la propiedad...
Parece
que los artículos 16, 20, 21, 24,27, 31, 33, 42, 43... son los
amigos feos que pagan las copas al 1, 3 ó 4 pero no pueden
participar en la fiesta. Es
más,si fuesen honestos y aplicaran con rigor el artículo 9 que
habla de la sujeción de los poderes públicos a la Constitución,
los mandatarios deberían ordenar detenerse a si mismos.
Nada
que celebrar por tanto 35 años después de su promulgación. Para
los poderes fácticos la voladura controlada de los artículos con
carga social de la Constitución del 78 ha sido un éxito. Ahora,
con la ley de Represión Ciudadana quieren arrasar hasta los
cimientos de lo que un día se tituló “ Estado democrático de
Derecho”
Un
ejemplo práctico de lo escrito - la pérdida de derechos
constitucionales propiciada por el poder público que en teoría
debe defenderlos - lo vamos a vivir la próxima semana en Córdoba