Remedios Copa
Colectivo Prometeo
Se ha caído la pantalla y lo que se ve es un cuerpo que ya aprendió a funcionar sin cerebro.
El gobierno de los peores ya está aquí. Y no es por casualidad. Lleva mucho tiempo gestándose y, el líder que vemos en la pantalla no es el que toma decisiones, es el elegido para ser utilizado y, cuando interese, será desechado. No es casualidad que estemos siendo gobernados por los peores; es una elección de otros en la sombra que encumbran a los incompetentes e incapaces, los más inútiles, los que aceptan sin sonrojarse un cargo para el que no están preparados.
A los que de verdad son válidos y honestos las trabas que han de superar para llegar al poder se lo hacen cada vez más imposible. Y cuando logran llegar, primero intentan doblegarlos y si se resisten, los derrocan, matan o secuestran.
Y si te preguntas por qué la ciudadanía vota a los incompetentes, la respuesta te remite al primer párrafo. Por algo advierten los expertos que no hay que culpar a la sociedad que los encumbra sin tener en cuenta un análisis más profundo de cómo se ha llegado hasta aquí y de qué ocultos intereses hay detrás de las bambalinas.
Se tiende a pensar que las sociedades están preparadas para elegir al mejor, pero las técnicas de ingeniería social han conseguido una sociedad falta de información veraz, sin la cual no puede haber pensamiento crítico y criterio personal correctamente formado. Por eso la sociedad vota al relato y no al candidato. Estoy hablando del contenido del programa que se presenta a votación por un lado y, la preparación, aptitudes y valores éticos del candidato elegible.
Los que se mueven -y mueven el mundo- en las sombras tienen bajo su control los medios que condicionan la información y crean el relato. Y el relato es lo que compra el votante. Ese comportamiento es el síntoma de la enfermedad que afecta a una sociedad cuyos cuerpos ya aprendieron a funcionar sin cerebro.
Existe un problema con lo relativo a la manipulación de masas y la explicación de por qué se elige a los peores y es que el sistema asume que existe un votante ideal, capaz de elegir correctamente, que fue corrompido por fuerzas externas, pero ese votante dice Byung Chul Han que nunca existió, que nunca votamos por competencia técnica sino por narrativa, por el líder que nos hace sentir algo. En ese sentido asegura que el verdadero cambio se produjo en el sistema y no en el electorado, que ha pasado de necesitar actores en el poder que aparentaran que la política importaba, lideres que al menos aparentaran entender de geopolítica, economía y administración pública, pero esa pantalla cayó y lo que ha quedado expuesto no es el caos, es una máquina funcionando con perfecta eficiencia pero sin conductor.
Asegura Byung Chul Han que no se trata de errores del sistema; son la enfermedad. Estos líderes no son errores del sistema, son el producto final. La pregunta que deberíamos hacernos no es cómo podríamos detener la invasión de los incompetentes, sino ¿por qué un sistema que se jacta de ser meritocrático, eficiente y racional, los prefiere exactamente así: visibles, ruidosos, y completamente prescindibles para las decisiones que realmente importan?. Tal vez de esto último se trate.
Y así hemos llegado al gobierno de los peores, la kakistocracia. No es nada que no podamos constatar a diario si abrimos los ojos y dejamos de mirar hacia otro lado.
Estamos ante el cenit de un diseño del capitalismo contemporáneo que separó la autoridad escénica del poder y, el líder que aparece en la pantalla y el poder que toma las decisiones reales han dejado de ser la misma entidad.
Ahora son los Bancos Centrales, las grandes Corporaciones Multinacionales y los Fondos de Inversión que controlan infraestructuras críticas quienes operan en la sombra, en silencio. Mientras eso sucede, el líder visible de turno atrae hacia sí todo el descontento y la indignación que las consecuencias de las decisiones de quienes tienen el autentico poder generan. La implementación de la desregulación financiera, la venta del sistema de agua potable a una Corporación o la circulación del dinero eludiendo cualquier obligación o control, transcurren en la sombra y sin vigilancia alguna.
Es la prueba de que el líder dejó de ser quien gobierna para convertirse en quien solo aparenta gobernar.

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