Remedios Copa
Colectivo Prometeo
El simulacro, en política, es el momento en el la copia sustituye al original para que este pueda gobernar a sus anchas fuera del escenario y hacer sin interferencias el trabajo que interesa a sus objetivos.
Tenemos dos grandes ejemplos que ilustrarían a la perfección la situación actual: Trump y Zelenski.
Mientras Trump con su comportamiento teatral y estratosférico acaparaba todas las miradas nadie hablaba de lo que estaba sucediendo en la trastienda: firmó recortes fiscales para las corporaciones, desmontó las regulaciones ambientales, firmó contratos de reconstrucción, rescates bancarios sin seguimiento del curso del dinero, nombró jueces, y entre tanto, ¿nadie se preguntó quién elaboró la legislación que desreguló las finanzas, quién vigilaba las leyes que permitieron la mayor transferencia de riqueza hacia unos pocos arriba en décadas, o para qué corporación privatizó el servicio público?
Zelenski, el más representativo ejemplo del circo de la distracción, actor protagonista de la serie “Servidor del pueblo” en la que encarnaba a un gobernante que luchaba contra la corrupción. El éxito de la serie dio pié a la creación del partido político del mismo nombre, y sus promotores encumbraron a Zelenski como candidato a las elecciones y las ganó. El pueblo no reparó en si ese partido tenía o no un programa político ni si el contenido era acorde a sus intereses y necesidades; simplemente votó por la ficción de la serie, pensando que eso se haría realidad votando a Zelenski.
Lo cierto es que mientras la sociedad está instalada en el consumo de memes y otros contenidos de distracción, los oligarcas que controlaban Ucrania y que auparon a Zelenski al poder son los mismos, antes y después de su elección. Siguen las mismas redes de poder y los intereses no han cambiado. Por eso no interesa que llegue al poder un estadista real, porque puede poner en cuestión el orden establecido en la sombra y eso no lo quiere el sistema.
Cuando la imagen importa más que la sustancia surge el simulacro y entonces la copia sustituye al original. Es el momento que culmina con la sustitución de quien realmente ostenta el poder y está manejando el gobierno entre bambalinas, por una figura que teatraliza el rol de gobernante; el cometido de esa figura es desviar la atención del pueblo hacia esa copia ficticia para impedirle percibir lo que realmente está tramando el original, (el poder real).
Podríamos decir que la realidad política ha muerto. El sistema económico global no necesita líderes competentes sino gestores de emociones que arrastren a la población y la mantengan entretenida mientras la economía continúa funcionando según los intereses de corporaciones, bancos, etc., que operan en la sombra; ellos son el cerebro del proyecto pero no aparecen ante el público.
Aquí lo único que importa es la acumulación de capital y quienes tienen la misión de llevarla a cabo no deben desperdiciar energías ni sufrir desgaste en debates ni apariciones en público. Esa es la razón por la que tanto los lobbies como quienes negocian los grandes contratos y acuerdos de comercio internacionales actúan al margen de cualquier distracción; están únicamente a lo que importa: acumular capital, riqueza y bienes estratégicos. No están para perder el tiempo en otras guerras.
Hace mucho tiempo ya que el electorado, consumidor de información en redes sociales e influenciado por algoritmos que las manipulan, vota mayoritariamente sin conocer el programa del candidato, ni siquiera si tal programa existe redactado en alguna parte.
La gente vota por una narrativa determinada, basada en emociones y prejuicios, muchas veces inducidos. El relato gana a la coherencia y la presencia escénica a las ideas.
Cuando gobernar se vuelve sinónimo de actuar, las crisis se gestionan en función de los titulares. También las decisiones sobre grandes medidas necesarias se plantean en función de cómo se interpretarán, qué coste de imagen supondrán, qué titulares negativos pueden generar, o cómo lo puede utilizar la oposición.
Buena prueba de cómo funciona el sistema es la constatación de la manipulación en redes sociales y su intromisión e influencia en campañas electorales, algunas ya sufridas en países de la U E, a favor de las ideologías de ultraderecha. La reacción de las corporaciones, y del propio Trump, a cualquier intento europeo de regulación para evitar esas interferencias, así como cualquier medida preventiva que se pueda establecer para mitigar sus efectos, les enfurece y responden de manera provocadora y ofensiva, incluso amenazante.
Hemos visto recientemente las reacciones de Elon Musk cuando Europa intenta poner coto a la desinformación, bulos y manipulación en los contenidos de las redes sociales de determinadas plataformas. Tampoco las reacciones del magnate ante las medidas anunciadas por Macron en Francia, o por Pedro Sánchez en España, dejan lugar a dudas sobre sus intereses e intenciones. Insultos y prepotencia adornaron sus mensajes al Presidente Pedro Sánchez. Proteger a los menores de influencias distorsionadoras va contra el negocio de la reducida cúpula que lo controla y que sabe muy bien lo vulnerables que son los menores y lo fácilmente que se les puede manipular, hacer adictos y crear adeptos.
No es solo Musk quién se revela ante la U E. También a Trump le altera que sus corporaciones no puedan campar a sus anchas y sin restricción alguna en Europa. La idea de que la U E establezca algún tipo de limitación o control a sus redes, o se plantee tener sus propios sistemas tecnológicos y plataformas para la gestión de información, sin tener que depender absolutamente de los EE UU, parece que le levanta ampollas.
El reducido número de empresas conocidas como gigantes tecnológicos cuenta con cinco estadounidenses que son las dominantes: Alphabet, (Google), Amazon, Apple, Meta y Microsoft, conocidas como las “Cinco Grandes”, aunque podría incluir también a Nvidia y Tesla, con lo que EE UU ya tendría la ampliación comúnmente denominada “Los Siete Magníficos”.
Para terminar, volviendo al principio, el capitalismo financiero prefiere gobernantes que provengan del entretenimiento, con cuanta menos experiencia política mejor, porque la incapacidad del líder es una funcionalidad necesaria en el sistema.

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