Remedios Copa
Colectivo Prometeo
Cuando el mundo amanece con noticias aterradoras que dejan pocas esperanzas a las que aferrarse para continuar acostumbro a recurrir a la filosofía para entender al menos qué nos ha llevado hasta aquí. Lo hago tratando de entender de qué hilos han tirado quienes nos manipulan y dirigen al abismo y, de ese modo, explorar si todavía nos queda alguna posibilidad de cortarlos y reconducir el mundo que nos ha tocado habitar.
Con frecuencia menciono al filósofo surcoreano Byung-Chul Han que lleva años analizando la sociedad actual y por qué tantas personas se sienten agotadas, angustiadas y deprimidas. Pero hoy echaré mano de otro autor que también forma parte de mis favoritos cuando de entender lo que ocurre en nuestra sociedad se trata: Zygmunt Bauman.
Z. Bauman nació en Poznan en noviembre de 1925, fallecido en enero de 2017, fue un sociólogo, filósofo y ensayista cuya destacada obra comienza en la década de 1.950 y aborda un amplio abanico de cuestiones. En 2010 recibió junto con Alain Touraine, también sociólogo, el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades; premio que también recibió Byung-Chul Han en 2025.
La obra de Bauman aborda las clases sociales, el socialismo, el holocausto, la hermenéutica, la modernidad y postmodernidad, el consumismo, la globlización y la nueva pobreza. A él se deben los conceptos de “modernidad líquida”, “amor líquido”, “vida líquida”.
El líquido representa lo flexible, lo cambiante y lo inmediato, escenario que da lugar a oportunidades pero también a riesgos y, si bien tenemos la libertad de reinventarnos continuamente y sin ataduras, también tenemos la inseguridad de no tener ningún soporte firme en el que poder sustentarnos. Bauman aplicó la metáfora líquida a todo tipo de relación personal o proceso social, desde las relaciones amorosas, a la política, el arte y la educación.
La modernidad líquida es como si la posibilidad de una modernidad fructífera y verdadera se nos escapara de entre las manos como agua entre los dedos. Viviendo en esta modernidad líquida, donde todo cambia rápidamente y nada parece ser permanente, es común experimentar una mayor incertidumbre y que las personas pueden sentirse desorientadas y sin un rumbo claro. Es en esta modernidad dónde el autor señala como conceptos básicos de importancia la emancipación, la individualidad, tiempo y espacio, trabajo y comunidad.
Profundizó en la investigación de la estratificación social y el movimiento obrero. Fue influido por Gramsci y nunca llegó a renegar de los postulados marxistas. Sus obras analizan las relaciones entre la modernidad, la burocracia, la racionalidad y la exclusión social. En su libro “Holocausto” trata el tema en relación con la modernidad.
Conocedor de Sigmund Freud, también concibe la modernidad europea como un producto de transacción entre cesión de libertades y comodidad para disfrutar de un nivel de beneficios y seguridad.
Cuestionaba la globalización y ejerció una influencia considerable en el movimiento antiglobalización desde finales de 1990.
También era contrario a las tendencias sionistas de su padre. No me voy a resistir a traer a colación el extracto de una entrevista realizada por el semanario polaco Polityka en 2011, en la que criticó al sionismo y a Israel, afirmando sobe las operaciones israelíes en Palestina y el terrorismo lo siguiente:
"[...] la opresión y la humillación de la nación [Palestina] fue, es y será siempre una receta para el terrorismo, no para su erradicación. Además, estos dos fenómenos están conectados entre sí: como los políticos [israelíes] tiemblan ante la paz, porque sin una guerra y una movilización total no pueden gobernar, no sonríen en absoluto al final del terrorismo palestino. [...] Yo diría que hay retroalimentación entre extremistas israelíes y palestinos. Se necesitan mutuamente para sobrevivir, no pueden vivir unos sin los otros”.
Bauman es una referencia obligada en relación con la sociedad actual, el trabajo precario, el descarte social, la injusticia y la pobreza. Una sociedad enferma en la que las desigualdades son cada vez mayores, las amenazas de todo tipo y el sufrimiento van en aumento.
El autor fue consciente de lo que se avecinaba: tener un trabajo ya no garantiza estar a salvo de la pobreza ni de la exclusión social. Tanto él como Byung-Chul Han reflejan como el afán por el progreso, el orden y la eficiencia de la actual excluyen sistemáticamente a todas las personas que no encajan en el sistema y son rechazadas por el modelo dominante de productividad, consumo y movilidad; un modelo en el que el sistema consigue que los individuos se esclavicen a sí mismos sometiéndose voluntariamente, como dice Byung-Chul Han.
Los datos del último informe sobre el estado de la pobreza de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español muestran la disonancia entre el crecimiento económico y la precariedad estructural que mantiene a millones de personas atrapadas.
Es en ese contexto dónde cada vez se produce mayor “descarte”de población, porque tener un trabajo ya no es garantía de seguridad y, si no se garantiza empleo de calidad y un marco normativo seguro y justo, gran parte de la población permanecerá en la pobreza debido a que los modelos actuales, basados en el afán de progreso, orden y rendimiento, son verdaderos generadores de lo que se ha dado en llamar “residuos humanos” y que se está “normalizando” cada vez más. Zygmunt Bauman formuló hace más de dos décadas en su obra “Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias” la situación que se avecinaba.

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