Remedios Copa
Colectivo Prometeo
Cuando priman intereses particulares y los lobbies controlan a los gobiernos es imposible actuar con coherencia y que prime el bien común. Comparto con Fernando Valladares la opinión de que la ciudadanía no basta para detener el deterioro ambiental. Según él hay que investigar sobornos y fraudes con la evaluación del impacto ambiental.
En este sentido, podemos hablar de ALTRI, de la proliferación de parques eólicos incluso dentro de la Red Natura y del traslado injustificado de jueces en el TSJ, desplazando a otros puestos a todos los que habían emitido autos o sentencias que no fueran proclives a proyectos eólicos que no cumplían los requisitos.
También podríamos hablar de la puesta en funcionamiento de minas cuyo impacto ambiental era de tal calibre que la propia Xunta había obligado a cerrar y cuya explotación ahora vuelve a ser autorizada. La U E ya decidió que Galicia, Extremadura y Andalucía serán objeto de apertura de minas para la explotación de materias primas críticas. La patronal minera ve con muy buenos ojos estos proyectos para los que reclama más dotación económica del Gobierno para “cumplir con los objetivos de la Agenda 2030”, esa es la excusa que justificará que empresas privadas, incluso corporaciones extranjeras que no radican ni cotizan en España, reciban dinero público a manos llenas, en concepto de subvenciones, que revertirán en el aumento de sus beneficios privados.
Galicia y Andalucía son las comunidades que, por ahora, aparecen señaladas con más recursos estratégicos destacando el litio, grafito, cobalto y níquel, entre otros, que se utilizan para la fabricación de una amplia gama de productos tecnológicos: baterías para vehículos eléctricos, teléfonos inteligentes, paneles solares, turbinas eólicas, equipos médicos, industria armamentística, I A y robótica.
Con respecto a Andalucía, el Director General de Primigea, (Confederación Española de las Industrias de Materias Primas y Minerales), asegura que en un tiempo no muy lejano habrá nuevos proyectos mineros de materias primas críticas y fundamentales, puesto que la Junta de Andalucía mantiene esta apuesta por el “sector de materias primas minerales en la Estrategia minera Sostenible Andaluza 2030” y, el Consejo de Ministros ya dio luz verde al plan de acción para la búsqueda de nuevos yacimientos entre 2026-2030. Asegura Luaces que la Comunidad andaluza es la mejor dotada de todo el plan de minería de materias primas críticas y tendrá un plus de poder investigar con recursos del Estado. Sobre todo, lo dicho, las subvenciones que no falten.
Toda esta exposición “aparentemente tan prometedora” debería ir acompañada de los “contras” que inevitablemente acompañan a los flamantes “pros”, pero de los “contras” no abundará información para que los proyectos no sean retrasados, frenados ni trastocados. Aunque de cuestionar los proyectos posiblemente se encargarán circunstancias ajenas, devenidas de las limitaciones del planeta y de la aceleración del colapso provocado por las acciones de Trump, Netanyahu y Zelenski atacando las fuentes de producción energética. Pero ese análisis y las consecuencias de esos ataques requieren consideraciones dignas de otro artículo.
Antonio Turiel habla de una transición energética que no cuadra. El reconocido divulgador y científico del CSIC cuestiona la fe ciega en el “todo eléctrico” y, una vez más, advierte de los límites físicos, materiales y sociales de una transición energética basada en grandes infraestructuras; porque, pese a que la transición energética se ha convertido en uno de los grandes consensos políticos y económicos de nuestro tiempo, la llamada “renovable eléctrica industrial”, basada en megaplantas eólicas y solares, la electrificación masiva y sustitución tecnológica, no dejan de ser simplificaciones peligrosas y constitutivas de un autoengaño colectivo. El propio Macron, afirmaba recientemente en relación con el desarrollo de las renovables en España que teníamos un exceso de megaplantas y energía eólica que no estaba ajustado a la necesidad real.
Turiel no se cuestiona la necesidad de la transición energética, lo que sí cuestiona profundamente el cómo se está planteando. Siempre cuestionó la creencia de sustituir los combustibles fósiles por un sistema de energía 100% renovable. Además, pensar en una la sustitución de la energía fósil por un enchufe es ignorar la estructura real del sistema energético y olvidar que la electricidad representa solo una parte del consumo energético total y que la energía está ligada a sistemas industriales que hoy dependen de combustibles fósiles.
La dependencia de las renovables de la energía fósil echa por tierra el mito del reemplazo porque la transición energética actual está construida sobre el mismo sistema fósil que pretende superar y, el despliegue de las energías renovables no es independiente de las energías fósiles. Y el problema no es solamente energético porque necesita materiales materiales como el cobre, el litio y las tierras raras que son finitos y cada vez más caros en la medida en que escasean.
En el mismo sentido que señalaba Macron, Turiel apunta a la necesaria consideración de las limitaciones de almacenamiento y la necesidad de redes eléctricas sobredimensionadas que pudiendo hacer que el modelo funcione bien en ciertos márgenes no significa que pueda hacerlo a escala global sin llevar a cabo transformaciones profundas. Por último, el problema no es solo de oferta energética sino de demanda.
Y de la demanda probablemente tengamos que hablar muy pronto. También será inevitable el decrecimiento.
Para Turiel, el diagnóstico es tan claro como incómodo: la transición energética no será limpia, rápida ni indolora.

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