Javier Madrazo Lavín
Colectivo Prometeo
Debo admitir que soy una de las personas decepcionadas por la acusación al ex presidente Zapatero de tráfico de influencias, que pone en jaque al Gobierno progresista y erosiona la credibilidad de la ciudadanía en la izquierda.
Su trayectoria está llena de luces y sombras, aunque en los últimos años las primeras han eclipsado a las segundas. Se recuperó la figura de Zapatero en un momento crítico para el PSOE y se reivindicó su legado como referente ético de la izquierda, abanderado del feminismo, la igualdad, los derechos sociales y la paz. Esto ha funcionado hasta que se ha hecho público el auto del juez Calama, que deja al expresidente y a su entorno en una situación complicada desde el punto de vista jurídico y personal. Las consecuencias políticas están por despejar, aunque sabemos que, a diferencia de la derecha, la izquierda sí recoge en las urnas el castigo por la corrupción.
Zapatero tiene derecho a la presunción de inocencia y a defenderse de todas las sospechas y acusaciones. Me gustaría que saliera libre de culpa de todo este proceso; sería la mejor noticia para una izquierda sumida en la desesperanza. Las elecciones generales tendrán lugar como muy tarde en el plazo máximo de un año y la amenaza de una alianza PP-Vox cobra más fuerza tras los cuatro últimos comicios autonómicos. Ojalá las distintas sensibilidades de la izquierda sean capaces de aparcar aquello que les separa, no tanto, y primar lo que les une, que es mucho. Toca salir del estado de shock en el que está sumida y al PSOE le corresponde actuar con transparencia y verdad. La izquierda o es ética o no es izquierda.
El expresidente socialista, que ha prestado un gran servicio a Pedro Sánchez, reforzando su perfil más progresista, es la misma persona que en 2010 rebajó el salario al funcionariado, recortó las pensiones y limitó derechos sociales, entre ellos la Ley de Dependencia. Cuando tuvo que decidir cómo hacer frente a una grave recesión eligió posicionarse con los sectores más privilegiados y penalizar a los más débiles. Modificó el artículo 135 de la Constitución, con el apoyo del PP, dando prioridad al pago de la deuda pública, limitando el déficit del Estado y de las CCAA. Su historia se ha reescrito y hasta que se ha conocido su imputación se le ha presentado como referente del matrimonio entre personas del mismo sexo, el feminismo, el fin de ETA y las políticas de igualdad y justicia Social.
Hay en todo ello parte de verdad, otra parte de relato construido y mucho pasado olvidado como si no hubiera existido. El tiempo dirá cuál será su futuro y cómo será visto y estudiado su legado. De momento, la persona que ha sido considerada el mejor talismán para el PSOE es ahora una rémora para la izquierda en un escenario preelectoral. Esta es, una mala noticia, al igual que lo es una práctica, entre muchas élites políticas, que se dejan atrapar por el encanto del dinero fácil, que llega a sus bolsillos a través de prácticas que, aunque pudieran ser legales, atentan contra la ética por mucho que se maquillen como conferencias, asesoramiento estratégico o lobby empresarial. Zapatero no es el único, pero las gentes de izquierdas quisiéramos que fuera el último. Referentes morales son quienes al dejar el cargo huyen de las puertas giratorias y viven una vida digna y austera. Pienso en personas como Gerardo Iglesias, Julio Anguita, Pepe Mujica o Juan Jose Ibarretxe, por poner algunos ejemplos.
Nos gustaría que al igual que hoy se investiga a Zapatero también se hubiera despejado la X de los GAL; o la implicación de «M.Rajoy» en Gürtel y Kitchen; o quién, como Aznar, nunca supo nada, pese a las imputaciones y penas de cárcel de su equipo más cercano en la Moncloa y en su partido. Sin obviar a quien ocupó la Jefatura del Estado y hoy disfruta de un retiro dorado pese a la ristra de evidencias en su contra. Las personas progresistas, debemos autoimponernos un nivel de exigencia y comportamiento ejemplar. No caben chapuzas como la de Leire Díez. A las cloacas no se las combate con más cloacas y el PSOE se ha equivocado por utilizar las mismas prácticas que el PP.
No es tiempo para el desánimo sino para aprender de los errores y mirar hacia delante con determinación.
Se lo debemos a las personas que militan desinteresadamente en favor de un mundo mejor y más justo. Cobra urgencia el relanzamiento y reconstrucción de una izquierda íntegra, coherente y moralmente irreprochable. Que no sea subalterna del PSOE, y con suficiente fuerza y capacidad de influencia para profundizar en las políticas de transformación. El futuro que necesitamos no llegará nunca de la mano del PP-VOX. El reto está en manos de la izquierda alternativa. A sus responsables les toca escuchar y reilusionar a la ciudadanía, suscribiendo un acuerdo que responda a sus necesidades y permita recuperar la confianza en un programa y unos ideales compartidos, sin vetos ni personalismos. Hablemos de vivienda, sanidad, educación, cuidados, sostenibilidad, igualdad y plurinacionalidad. Sólo queda dar el paso. Y el tiempo apremia.

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