Remedios Copa
Colectivo Prometeo
Parece que el mundo está por la labor de alcanzar el desastre absoluto lo antes posible.
Ni los múltiples estudios científicos ni las advertencias divulgadas sobre las consecuencias de la huida hacia adelante tuvieron una respuesta coherente destinada a detener, o cuando menos a frenar, las trágicas consecuencias a las que el paradigma neocapitalista nos estaba avocando; un abismo que se está tragando a diario miles de especies en el planeta y que finalmente también peligraba la especie humana porque la vida en el planeta tierra sería imposible.
Ahora que los terribles eventos climáticos ya están dando la cara y llevándose por delante cada vez más vidas humanas, e inclusa la hambruna asoma poco a poco su patita, es irrenunciable reflexionar sobre ello y exigir el abordaje serio y prioritario, sin más dilaciones ni más “soluciones” de pacotilla que únicamente responden a un lavado de cara para justificar que algunos sigan haciendo negocio con un pretexto inútil que incluso empeora la situación.
No hay más que ver como se dispara la ola de incendios que estamos padeciendo en 2026, no solo en España sino en Europa y el resto del mundo. ¿Qué se está haciendo frente a eso? ¿Qué prevención se está diseñando y aplicando para evitarlo? ¿Por qué lo prioritario está siendo el enfoque armamentista en los presupuestos y las guerras sostenidas en el objetivo?
La inconsciencia humana sobre la forma de vida y consumo y la manipulación del enfoque de los verdaderos problemas de la humanidad están generando una ceguera colectiva que erradica el fomento del pensamiento crítico y, con ello, cualquier posibilidad de reacción colectiva frente a los intereses de un poder cada vez más concentrado, más absoluto y despótico.
Los actuales medios de comunicación, las redes sociales y la función de los algoritmos en ellas son un veneno para la información veraz y el pensamiento crítico. De los riesgos de la IA, tanto para el medioambiente como para la autonomía del pensamiento, ya se están haciendo bastantes advertencias y también estamos viendo la resistencia que hay a su desarrollo y control del uso.
Centrándonos en el meollo de la cuestión que debería ocuparnos y en los riesgos que supone no hacerlo, haré referencia a uno de los informes que periódicamente realiza la ONG Canadiense Grupo ETC, concretamente al informe de 2022 sobre Los barones de la alimentación, que tomaré del extracto recogido por José Esquinas y Mónica García Prieto y señalan lo siguiente:
El año 2020 fue horrible para la seguridad alimentaria y la salud, pero de enorme auge para las grandes industrias agrícolas y de alimentos. En medio de una pandemia global –combinada con crisis climáticas, estancamiento en las cadenas de suministro, picos de precios, aumento del hambre, escasez de alimentos y energía, conflictos civiles, violencia racial y guerras- los barones de los alimentos aprovecharon al máximo las crisis convergentes para reforzar su control sobre cada eslabón de la cadena alimentaria industrial. Al hacerlo, socavan los derechos de campesinas y campesinos, pastores, pescadores y otros productores no industriales a producir alimentos para sus comunidades y muchas otras. Los barones de la alimentación explotan a los trabajadores, envenenan el suelo y el agua, disminuyen la biodiversidad e impiden la justicia climática y perpetúan un sistema alimentario estructurado sobre la injusticia racial y económica.
La mencionada ONG resaltaba la extrema inseguridad alimentaria en aquellos momentos y la escasa competencia y poca capacidad regulatoria que permitieron unas ganancias record en un mercado dónde un puñado de “gigantes” pueden “abusar de su fuerza para eliminar rivales, aumentar precios, secuestrar la agenda de investigación y desarrollo, monopolizar tecnologías y maximizar las ganancias”.
La ONG Canadiense también llama la atención sobre “tres tendencias críticas multisectoriales” que aumentan la capacidad de los barones de la alimentación: los gigantes agroindustriales, los gigantes tecnológicos y los gigantes financieros. Ese aspecto ya requiere de otro espacio para exponer la ironía de que la red alimentaria campesina alimenta al 70% de la población mundial usando para ello “menos del 30% de la tierra, el agua y los recursos agrícolas del mundo”. Pero quienes se llevan las ganancias son las grandes corporaciones agroalimentarias que especulan con los bienes de primera necesidad.
Teniendo en cuenta lo que llevamos expuesto, deberíamos preocuparnos seriamente por la soberanía y justicia alimentaria, mediante la producción y consumo de proximidad, la defensa de los mercados locales, ganadería extensiva y la variedad de cultivos agrícolas. Por eso es imprescindible que la propiedad de las tierras no se concentre en grandes latifundios ni pase a manos de empresas extranjeras.
Tampoco hay que olvidar la necesidad de controlar los efectos de las industrias contaminantes y la minería, sobre todo a cielo abierto, que pueden convertir zonas agroalimentarias en terrenos de sacrificio; riesgos que ponen en peligro a las zonas que los científicos señalaron como fundamentales para garantizar la soberanía alimentaria en España ante la crisis de calentamiento global, concretamente el norte de la península ibérica, actualmente en peligro por la masificación eólica, los vertidos tóxicos de minas que no han sido tratados ni eliminados, a lo que hay que añadir los proyectos de minería extractiva de materiales escasos y requeridos por la industria armamentista, la IA y la robótica, y que afectan masivamente a Galicia, pero también a Extremadura y Andalucía. De hecho en Galicia se han llegado a invadir zonas de la Red Natura, se frenó la calificación de otras y, la titularidad de las empresas explotadoras está en manos de Corporaciones multinacionales que no tributan en Galicia.
Aunque el panorama es desolador, las batallas que siempre se pierden son las que no se han dado, y como ejemplo local tenemos el proyecto ALTRI y como internacional, otros como Gustavo Petro, que antes de irse cerró la puerta a la explotación de hidrocarburos en el 42% del territorio continental de Colombia, declarándolo Reserva de Recursos Naturales Renovables, o el ejemplo de la mujer indígena, Josefina Tunki, que protagonizó la lucha contra la corporación que intentaba la extracción en Ecuador y consiguió recientemente vencer en los Tribunales.

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