En febrero de este año y bajo el título de El día (D+1) escribí en Mundo Obrero lo que sigue: Y
nosotros, la izquierda y demás organizaciones surgidas al aire de
luchas para conseguir que los DDHH sean aplicados consecuentemente. Me
temo que los objetivos, las metas y los esfuerzos se están priorizando
casi exclusivamente en el día D, en las elecciones y sus resultados. ¿Y
después qué?
El día (D+1) debiera ser el centro de todas las planificaciones, cálculos y proyectos de las fuerzas políticas, sociales y culturales con vocación de construir la Alternativa y además con vocación de saber para esa causa a la mayoría de la población. Se trata de ir concitando la forja de un contrapoder que sepa ejercer la presión que el poder ejerce desde sus centros de decisión e influencia.
Aquél artículo estaba escrito desde la esperanza puesta en que el sentido común de las organizaciones políticas, sociales, culturales y plataformas de lucha por conseguir un Cambio Concreto, posibilitase un entendimiento programático, político y de lucha organizada para conseguirlo una vez pasado el trámite electoral. No se trataba de pedir algo que por entonces ya aparecía como imposible, la unidad previa en todas sus manifestaciones con la vista puesta en el citado día (D+1) sino un apunte, una esperanza fundada, una predisposición, un atisbo coincidencia en tres cuestiones claves: señalar el enemigo, prepararse para combatirlo y preparar la base programática de una nueva situación. Ya se había aceptado con resignación que la dinámica electoral cegaba la visión del futuro.
El día (D+1) debiera ser el centro de todas las planificaciones, cálculos y proyectos de las fuerzas políticas, sociales y culturales con vocación de construir la Alternativa y además con vocación de saber para esa causa a la mayoría de la población. Se trata de ir concitando la forja de un contrapoder que sepa ejercer la presión que el poder ejerce desde sus centros de decisión e influencia.
Aquél artículo estaba escrito desde la esperanza puesta en que el sentido común de las organizaciones políticas, sociales, culturales y plataformas de lucha por conseguir un Cambio Concreto, posibilitase un entendimiento programático, político y de lucha organizada para conseguirlo una vez pasado el trámite electoral. No se trataba de pedir algo que por entonces ya aparecía como imposible, la unidad previa en todas sus manifestaciones con la vista puesta en el citado día (D+1) sino un apunte, una esperanza fundada, una predisposición, un atisbo coincidencia en tres cuestiones claves: señalar el enemigo, prepararse para combatirlo y preparar la base programática de una nueva situación. Ya se había aceptado con resignación que la dinámica electoral cegaba la visión del futuro.













































