Remedios Copa
Colectivo Prometeo
El mundo está amenazado de múltiples peligros que acechan a la humanidad desde diversos ámbitos y por múltiples causas, unas constituyen por sí mismas una auténtica amenaza para toda la humanidad y otras se potencian mutuamente por sinergias coincidentes en la capacidad de sus consecuencias nocivas tanto individuales como en conjunto global.
Hasta hace poco, (y todavía hay quienes lo siguen haciendo), negar el cambio climático estaba a la orden del día. Los recientes acontecimientos, cada vez más frecuentes, cercanos, incontrolables y de graves consecuencias están demostrando las terribles consecuencias; me refiero a los desastres medioambientales sufridos en nuestro país que obligaron incluso a desplazamientos de población, los económicos y de vidas humanas.
Pero más allá de estos cuya evidencia asusta, están las pérdidas de flora y fauna que repercutirán en nuestro futuro en el corto y medio plazo, o peor aún, las pérdidas de cosechas actuales y la imposibilidad incluso de llevar a cabo los ciclos siguientes tanto por el daño en el terreno de cultivo, como en el deterioro de instalaciones costosas y el daño en los elementos de producción que van más allá de un ciclo de cosecha, como pueden ser los frutales y viñedos, por ejemplo, o los que aniquilan los criaderos de marisco en las rías, la muerte de la población de peces en los ríos y la destrucción de piscifactorías y muerte de sus criaderos. En este punto ya podemos hablar de cómo afecta a las bases de la alimentación y por tanto de la amenaza de hambre.
A propósito del hambre, aún teniendo los alimentos listos para su distribución, el deterioro de las vías de comunicación o la escasez de combustible para transportarlos puede dejar las líneas de los supermercados desabastecidas, creando situaciones dramáticas sobre todo en las ciudades.
Puesto que la reparación de los daños sufridos en las infraestructuras, tanto vías de comunicación como en estructuras de producción, tienen costes económicos elevados y requerirán un buen pellizco de los presupuestos del erario púbico que, como vienen pretendiendo derecha y ultraderecha, acabará por mermar todavía más los recursos disponibles para el bienestar social y otras necesidades de la población, sobre todo si no se toman medidas contundentes para que los verdaderamente adinerados y pudientes paguen impuestos acordes a su situación. Por otra parte, esa limitación de recursos recaudados/recaudables hará más lenta la restauración de las infraestructuras del Estado y limitará la posibilidad de ayudar a paliar la restauración de estructuras de producción particulares, haciendo que muchas de las pequeñas no puedan recuperase.
Esta parte de las amenazas, ya realidades, se agrava por la falta de medidas contundentes frente al calentamiento global y el cambio climático y, los errores cometidos en muchos de los planteamientos a la hora de frenar y paliar sus efectos, (respondiendo más a intereses de negocio que a necesidades y eficacia real de los proyectos), decisiones que consumieron muchas veces inútilmente una ingente cantidad de recursos públicos de manera ineficiente.
Los daños de los incendios, Dana, inundaciones y otros eventos climáticos probablemente superen ya los costes que se hubieran requerido para evitarlos. Esto sin contar que las vidas humanas y la biodiversidad perdida no tienen precio, y el sufrimiento causado en sus víctimas tampoco.
Ni que decir tiene que otra de las grandes amenazas para humanidad la crean los señores de la guerra y los gobiernos títere al servicio de la industria armamentista, esa que no puede subsistir sin las guerras. La industria de la guerra es una devoradora de los recursos presupuestarios del país, (no solo del nuestro), consume bienes finitos que ya son escasos en la naturaleza, lo que a su vez contribuye a la guerra imperialista por su control y acaparamiento, transforma la economía y las formas de desarrollo de los países, (ejemplo: el nuevo enfoque de la industria en la U E), condiciona el tipo de sociedad y trastoca sus valores.
En la amenaza de las guerras, con la pata del imperialismo hegemón que lucha por mantener el poder por un lado, y la del neocapitalismo extractivista y salvaje que lucha por su interés económico por el otro, acumulando de ese modo cada vez más poder y riqueza en menos manos y más desigualdad y miseria en el resto, también genera otros peligros para la humanidad.
Las guerras son el mayor depredador de recursos escasos del planeta, generan intensa contaminación y contribución al calentamiento global, ponen en riesgo de accidentes nucleares, incluso involuntarios, que pueden afectar a parte o a toda la población y por supuesto, estamos en riesgo de una guerra nuclear que puede ser el fin de la vida en el planeta.
Pero hay un asunto que no debemos olvidar: entre las armas que estos poderes utilizan contra la población, en aras de sus intereses y objetivos, están los genocidios. Según algunas fuentes se podrían contabilizar hasta siete en este momento, aunque el más visible en los medios sea Gaza; últimamente también se empieza a hablar del genocidio de Sudán en los medios.
Guerras, neocapitalismo, calentamiento global y cambio climático, agotamiento de recursos finitos en el planeta, imperialismo, neofascismo y ruptura de las reglas establecidas, han puesto el mundo en una crisis que empieza a ser denominada como la crisis civilizatoria o crisis del todo.
Lo evidente es que las élites han puesto a la humanidad entera al borde del abismo.

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