viernes, 6 de marzo de 2026

Sobran razones



Javier Madrazo Lavín
Colectivo Prometeo

Las personas de izquierda asistimos perplejas a un escenario que ni en nuestras peores pesadillas pudimos imaginar. No quiero poner el acento en las boutades que lanzan como metralla Donald Trump, Isabel Díaz Ayuso o Javier Milei. Bastante eco tienen en los medios de comunicación y redes sociales, que cada día nos bombardean con su imagen, sus bulos y sus consignas totalitarias. Son solo títeres, tontos útiles, que las élites tecnológicas y económicas, quienes de verdad mueven los hilos de esta ola reaccionaria, necesitan para dinamitar desde dentro la democracia, las libertades y los derechos humanos. El auge de la ultraderecha en el mundo es el resultado de una operación planificada por quienes detentan el poder real para imponer un nuevo modelo de gobernanza, que reniega de la democracia y reivindica el neofascismo. Sólo una izquierda fuerte, con vocación de sumar sensibilidades y voluntades, podrá hacer frente al avance del totalitarismo. Hoy más que nunca es necesaria una izquierda cohesionada, coherente, íntegra, ética, valiente y capaz de transmitir confianza, credibilidad e ilusión. Lamentablemente, no parece una tarea fácil.

En España, VOX recoge más votos elección tras elección y gana representación institucional, obligando al PP a asumir sus postulados más extremistas. Dan ganas de huir y esperar a que la tormenta amaine. Error. Es el momento de plantar cara a los abusos de una oligarquía, que se ha quitado la máscara y nos muestra sin tapujos sus miserias y su talante más autoritario.


El caso Epstein ha dejado en evidencia toda la corrupción y podredumbre de un sistema en el que las grandes empresas, el establishment político, la judicatura y hasta las monarquías europeas se reparten el mundo en la mesa de un pedófilo reconocido. De ninguna manera debemos caer en el derrotismo. Por el contrario, hay que fortalecer la esperanza activa en un mundo más justo, igualitario y humano. Los discursos y acciones de la ultraderecha están siendo tan repudiables que provocan un efecto contrario al esperado por sus líderes. Minneapolis es un ejemplo. En EEUU surgen voces de repulsa a Donald Trump, que asiste a las primeras movilizaciones en su contra, y Europa, al menos una parte de su ciudadanía, sabe que el futuro pasa por recuperar sus valores y su historia como tierra de acogida y referente de libertad y democracia.

Es obvio que el miedo y la frustración pueden conducir a la inacción. No debemos caer en esta trampa ni resignarnos ante un próximo gobierno en España pilotado de facto por VOX. Tampoco debemos interiorizar la derrota como algo inevitable. La izquierda no puede vivir en estado de shock, incapaz de arriesgar, tomar decisiones y construir una alternativa atractiva, sólida, estable y convincente. La propuesta de unidad lanzada por Gabriel Rufián merece ser escuchada y marcar el punto de partida de un proceso de reflexión sincero sobre la unidad de la izquierda. Claro que para ello es necesario aparcar egos, ambiciones personales y actuar con tanta generosidad como altura de miras.

La mayoría de progreso que ha sustentando el Gobierno de Pedro Sánchez, excluidos Junts y PNV por razones obvias, ha demostrado que la izquierda, cuando tiene opción para ello, gestiona pensando en el bien común y en las necesidades de la gente. La unidad de acción ha permitido cuidar a las personas y colectivos más vulnerables; ha profundizado en derechos sociales; ha promovido iniciativas en defensa del acceso a una vivienda digna, a servicios públicos de calidad, a un medio ambiente sano, a un futuro sostenible y a la regularización de las personas inmigrantes. Hablamos de políticas que mejoran vidas; políticas que PP y VOX pretenden revertir a favor del desmantelamiento del estado del bienestar y la superación de la democracia. Quiero creer que esta izquierda, que ha sabido trabajar junta más allá de las diferencias, sepa ahora actuar con madurez y valore, con la ley electoral y la ley D’hondt en la mano, cuál es el camino más útil para sumar escaños y conformar una mayoría de progreso que frustre las expectativas de Feijóo y Abascal.

Recuerdo haber publicado en este mismo diario en 2010 un artículo, bajo el título «Sobran razones». Este fue el eslogan propuesto por Rafael Alberti en 1993 como lema de campaña de IU en las elecciones generales de aquel año. Un gran acierto entonces, hoy más vigente que nunca. «Sobran razones» para entenderse; para buscar acuerdos de mínimos, en los que los contenidos prevalezcan sobre los hiperliderazgos; sin temas tabú ni vetos cruzados. Frenar a la derecha y movilizar a la izquierda es un reto para las formaciones progresistas. Aquellas con fuerte arraigo en su Comunidad -Bildu, ERC, BNG y Compromís- deben impulsar frentes amplios en su ámbito territorial para ensanchar su representación, e IU, Sumar, Podemos, Comunes y Más Madrid deben hacer lo mismo en el resto del Estado, respetando sus diferencias. Cada escaño cuenta. Es una exigencia de la ciudadanía progresista, que ni entiende ni comparte la división de la izquierda y quiere que esta vez su voto en las urnas sea útil para decir «no» al PP y a VOX.

«Sobran razones» para esta demanda, pero más aún en un contexto de guerra y carrera armamentística, en el que Feijóo y Abascal siempre estarán del lado de Trump y Netanyahu, defendiendo la intervención militar sobre el respeto al derecho internacional.

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