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martes, 9 de mayo de 2017

¿Francia derrota al Radicalismo?

Fuente: Vetustideces

José Antonio Naz Valverde.
Profesor de Francés
Colectivo Prometeo/FCSM.

     Esta frase como afirmación rotunda, sin la más mínima interrogante, se difundía el lunes desde las rotativas y televisiones de las grandes empresas comunicativas europeas. Las mismas que durante toda la precampaña y campaña de las elecciones presidenciales francesas han apoyado incondicionalmente al hombre señalado por todos los poderes "serios" de Francia y de Europa para ser el presidente necesario para mantener el orden establecido por la UE de los banqueros y los mercaderes. Y Macron ganó, a pesar de no representar a ningún partido, pero apoyado por los lideres de otros como Hollande, del partido socialista, que lo prefiere al de su propio partido. Aunque 1 de cada 4 electores no participó y el 12% de los que lo hicieron votaron en blanco o nulo. Obtuvo el 66% de los votos válidos frente al 34 % de su oponente. Es decir ha recibido el voto de un tercio del censo, unos 20 millones frente a los 11 de la señora Le Pen y 12 que no han querido elegir entre la derecha ultraliberal y la derecha racista.
     Según estos datos habría que concluir que dos terceras partes del electorado francés es "radical". A lo que habría que añadir los votos "barrage " (dique) recibidos por Macron de "radicales de izquierdas" para frenar a los "radicales de derechas".
   Pero lo importante es que se ha evitado el peligro del radicalismo, supongo que en la acepción de "reformas extremas", porque no creo que toda esos magníficos analistas políticos consideren peligroso"ir a la raíz" (la otra acepción del término). Todos los gobiernos de la UE y las buenas gentes pueden respirar y tranquilizarse. Macron va a continuar las reformas "moderadas" y tan necesarias, aunque la mayoría de la población francesa no las entienda y se haya enfrentado a ellas en los últimos años, como: 100.000 funcionarios menos, reformas laborales para facilitar la economía (despido libre, contratos parciales, aumento de la edad de jubilación, rebaja de las pensiones...),incrementar la privatización de los servicios públicos, profundizar las políticas monetarias europeas que tanto se han denunciado, reformas fiscales para que los ricos paguen menos y aumento del IVA, seguir sin rechistar las decisiones de la Troika y de los grandes bancos... En política internacional se ha evitado el peligro de las políticas de paz y neutralidad que propugnaban los extremistas y se afianzarán las alianzas con la OTAN y EEUU incrementando la participación en las guerras como la de Siria, sin necesidad de la aprobación de la ONU. Frente al racismo del Front National contra los inmigrantes se impondrá la política de la UE, seguir pagando a Turquía y otros países para que les impidan el paso, rechazando el radicalismo de la France Insoumise que pretendía considerar francesas a todas las personas que vivan en Francia.

jueves, 4 de mayo de 2017

La batalla de Francia: el odio a la República

 Fuente: Cuarto Poder
Fuente: France 24
Héctor Illueca 
FCSM Valencia
Manuel Monereo
Diputado Unidos Podemos
FCSM

Nunca he creído que amar a la patria impidiera amar a sus hijos;
tampoco comprendo que el internacionalismo del espíritu o de
las clases sea irreconciliable con el culto de la patria. O, más
bien, cuando interrogo mi conciencia, me doy perfecta cuenta de
que esta antinomia no existe. ¡Pobre corazón el que se prohíbe
albergar más de una ternura! 
Marc Bloch (La extraña derrota)

Se trata de esto, de odio, de un odio viejo y antiguo que se acentúa con los años y que hoy parece hacerse irreversible. El odio es a la “anomalía” francesa, a la singularidad francesa, a su específica relación entre Estado y sociedad y, sobre todo, al republicanismo, a unos valores basados en la igualdad, la libertad y los derechos de ciudadanía. ¿Por qué? Las élites francesas y las élites dominantes en la Unión Europea llevan años intentando liquidar un específico modo de ser, de estar y de organizarse del pueblo francés. Molesta, específicamente, el tamaño y dimensión del Estado, los mecanismos de regulación del mercado y los derechos laborales conquistados. Molesta la rebeldía subyacente, la capacidad de resistencia que se le supone a un pueblo al que se teme y al que se desprecia. Molesta la Francia surgida de la Resistencia, la Francia de los días gloriosos y de las conquistas del Estado del bienestar. Molesta la República.
No se trata de idealizar el pasado. Todo lo anterior, lo sabemos sobradamente, ha sido erosionado, disminuido, limitado, pero sigue vivo y basta movilizarlo con honestidad para que se organice y se convierta en una opción política real. Jean-Luc Mélenchon es el mejor ejemplo de lo que acabamos de decir y, si se nos permite, Marine Le Pen es también un reflejo de esto. No hay que confundir las causas con los efectos. Las élites dominantes llevan años intentando imponer un nuevo régimen político contra la Francia republicana. Llevan años criticando la burocratización, el conservadurismo de la sociedad, los excesos de la democracia, la baja competitividad y, sobre todo, la dotación de derechos y libertades conseguidos por las clases trabajadoras.