Pepe Aguza
Colectivo Prometeo
En estas fechas todos los escaparates de las tiendas y negocios se llenan de deseos de “Felices Fiestas” y “Feliz Navidad”, cuatro palabras repetidas hasta la saciedad por las personas de manera automática e instintiva, sin un ápice de credibilidad.
Unas fiestas creadas e intencionalmente cambiadas de fecha en el siglo IV, para festejar el nacimiento de Jesús de Nazaret por los cristianos, cuyo origen se remonta al mandato del Papa Julio I, gobernante de la Iglesia entre los años 320 y 353, en el Concilio de Nicea, por intereses puramente egoístas de infravalorar otras celebraciones de origen pagano en Roma.
Las calles iluminadas en un derroche energía y luces, mientras miles de hogares no pueden pagar la factura eléctrica, avenidas saturadas de árboles de Navidad y decoraciones, se llenan de miles de personas, que en un trasiego continuo, despilfarran en compras, regalos y comidas, ignorando las decenas de criaturas mendigando en aceras o soportales, malviviendo mientras suplican una limosna para poder subsistir o una oportunidad para algún trabajo precario con que pagar el albergue y evitar dormir a la intemperie, bajo el frío y la lluvia.
Cientos de personas, sin techo, cuyas viviendas han sido embargadas o han perdido el trabajo, e incluso en algunos casos hasta la familia, que solo pueden acudir a comedores sociales, bancos de alimentos o servicios sociales, para poder recibir alguna ayuda o comer cada día.

