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viernes, 23 de diciembre de 2022

Navidad y Pobreza




Pepe Aguza
Colectivo Prometeo



    En estas fechas todos los escaparates de las tiendas y negocios se llenan de deseos de “Felices Fiestas” y “Feliz Navidad”, cuatro palabras repetidas hasta la saciedad por las personas de manera automática e instintiva, sin un ápice de credibilidad.

   Unas fiestas creadas e intencionalmente cambiadas de fecha en el siglo IV, para festejar el nacimiento de Jesús de Nazaret por los cristianos, cuyo origen se remonta al mandato del Papa Julio I, gobernante de la Iglesia entre los años 320 y 353, en el Concilio de Nicea, por intereses puramente egoístas de infravalorar otras celebraciones de origen pagano en Roma.

Las calles iluminadas en un derroche energía y luces, mientras miles de hogares no pueden pagar la factura eléctrica, avenidas saturadas de árboles de Navidad y decoraciones, se llenan de miles de personas, que en un trasiego continuo, despilfarran en compras, regalos y comidas, ignorando las decenas de criaturas mendigando en aceras o soportales, malviviendo mientras suplican una limosna para poder subsistir o una oportunidad para algún trabajo precario con que pagar el albergue y evitar dormir a la intemperie, bajo el frío y la lluvia.

Cientos de personas, sin techo, cuyas viviendas han sido embargadas o han perdido el trabajo, e incluso en algunos casos hasta la familia, que solo pueden acudir a comedores sociales, bancos de alimentos o servicios sociales, para poder recibir alguna ayuda o comer cada día.

sábado, 24 de diciembre de 2016

La otra cara de la navidad

Antonio Pintor
Miembro del Colectivo Prometeo

    Debo advertir que a mí no me gusta la navidad. Ni en esencia ni en apariencia. Me explico.
    Cuando hablo de esencia me refiero al mito de la “sagrada familia”, que junto al de los “reyes magos” están en el origen de estos festejos. No me gusta por la impostura que supone presentarlos como historias en vez de mitos, como puede ser Hércules, el caballo alado Pegaso, las sirenas, etc. Con el agravante añadido de ser la infancia el principal objetivo al que van dirigidos. Inoculando en sus pequeños cerebros en desarrollo unas disparatadas “historias” como si fueran ciertas.
   Así nos encontramos con que instituciones que deberían cuidar por la salud mental y el buen desarrollo físico e intelectual de los pequeños, como son la familia, la escuela y la sociedad, colaboran para hacer pasar por verdades lo que solo son cuentos, contribuyendo a formar una población crédula y supersticiosa en lugar de ciudadanos críticos y racionales.
Si nos fijamos en la llamada “sagrada familia”, lo menos que podemos decir es que se trata de una familia muy peculiar. Pues tenemos una madre que aunque acaba de parir sigue siendo virgen, un padre que no ha participado en el acto de fecundación, y al parecer sigue en abstinencia sexual dada la supuesta virginidad de su esposa y un niño que es al mismo tiempo hijo y su propio padre, ya que representa una de las tres maneras en que se metamorfosea el dios cristiano. En fin, una historia “muy razonable” y rigurosa, que se viene contando de manera reiterada desde hace dos mil años, para formar ciudadanos racionales, críticos y difíciles de manipular. ¿O quizás ocurra lo contrario?
De los “reyes magos” solo dos consideraciones. La primera es que, independientemente de la edad, creer que tres personajes montados en unos camellos son los repartidores de juguetes a todos los niños del mundo, demuestra una falta de inteligencia preocupante. Y la segunda que, más pronto que tarde, los niños descubren que los adultos, y en especial los padres, no son dignos de confianza, sino unos mentirosos. Sin entrar en consideraciones más profundas como la desigualdad de los regalos en función del poder adquisitivo y no de la “buena o mala” conducta del destinatario como nos pretenden hacer creer.