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lunes, 2 de diciembre de 2019

Sensatez, valentía y proyecto ( y VI)


Julio Anguita
Colectivo Prometeo

Fuente: El Economista

    El profesor Juan Ramón Capella en su libro "Un fin del mundo:Constitución y democracia en el cambio de época", afronta con serenidad y valentía la cuestión de la hipotética, pero necesaria, consulta al pueblo de Cataluña. Sintetizaré su propuesta con algunos comentarios y añadidos míos.
Para Capella la consulta sobre la separación de Cataluña afecta a este territorio pero, además, al resto de España. En consecuencia el ejercicio de la libre determinación debe ser, necesariamente, consensuado. Y por ende, añado, derivado de un pacto político que represente a la mayoría ciudadana de ambas partes. Es decir, como dice el profesor, que una mayoría de ciudadanos constitucionalice ese consenso.

    Iniciar este camino conlleva una gran campaña de argumentación política y de debate que, a mi juicio, debe estar presidida por la ausencia de conflictos, altercados y acciones coercitivas ligadas al objeto de la consulta y realizadas por cualquiera de las opciones que se someten a la libre determinación consensuada. Y ello supone, al menos, un período de seis meses. En esta atmósfera de debate ciudadano pacífico y libre, el comienzo del proceso debiera iniciarse desde el Parlament de Catalunya con el objetivo de conseguir una voluntad sostenida de ejercer ese derecho, lo cual impone una mayoría parlamentaria, la convocatoria posterior de elecciones y la ratificación del ejercicio de libre determinación por la cámara resultante de esos nuevos comicios. Si la nueva cámara ratificase la decisión de la anterior, se convocaría el referéndum pertinente.

lunes, 18 de noviembre de 2019

Julio Anguita:Sensatez, valentía y proyecto (III y IV)




Fuente: El Economista
Julio Anguita
Colectivo Prometeo

III

    La Constitución de la II República en su artículo 8º establecía que el Estado español estará integrado por Municipios mancomunados en provincias y por las regiones que se constituyen en régimen de autonomía.
   La palabra "nacionalidad", referida a cualquier ente autónomo que pudiera crearse, no aparece ni una sola vez en el texto. En función del citado artículo Cataluña obtuvo su estatuto de autonomía en 1932, Vizcaya, Guipúzcoa y Álava (no se nombraba a Euskadi), en 1936. El de Galicia fue aprobado por las Cortes de la República en el exilio mejicano en 1945. En los tres estatutos cada región se afirmaba como parte constitutiva del Estado Español.
    Los entre bastidores de la Transición, llenos de presiones y amenazas por parte de los poderes fácticos del franquismo, tabúes y pies forzados (la monarquía), produjo la Constitución de 1978 en la que aparecen los términos regiones y nacionalidades aunque sin especificar quienes eran unas y otras. A pesar de ello se sobreentendía que las nacionalidades eran las que habían tenido estatuto aprobado o gestado con la República y en consecuencia podían alcanzar un autonomía "de primera" según el artículo 151". Las demás autonomías disponían del artículo 143 para alcanzar una autonomía "de segunda". Andalucía rompió de manera sorpresiva el reparto previsto y logró su autonomía por el 151, aunque sin las consecuencias lógicas derivadas de aquella gesta del pueblo andaluz. La Constitución, por otra parte, reconocía los derechos históricos de los territorios forales y la especificidad de Navarra. Y junto a ello una Ley Electoral que primaba de manera muy significativa, a los partidos mayoritarios (PSOE y PP) y a los partidos nacionalistas (PNV, ERC y CiU).Y sobrevolando todo ello, el equívoco de fingir ignorar que los términos nación y nacionalidad son sinónimos. La Constitución, ante la realidad de una España plurinacional dio una larga cambiada, y a esperar que escampe. Pero sigue lloviendo.

martes, 5 de noviembre de 2019

Julio Anguita:Sensatez, valentía y proyecto (II)


Benlliure: Palique y trago


Fuente:El Economista

Sensatez, valentía y proyecto ( I)

Sensatez, valentía y proyecto (II) 
            Puede resultar ingenuo cuando no cándido, recurrir a la sensatez para abordar el conflicto que localmente se manifiesta en Cataluña, pero que afecta a la estructura misma del Estado diseñado en la Constitución de 1978.  Ese conflicto - larvado a veces y manifiestamente virulento en otras-  ha existido durante siglos sin que haya encontrado una voluntad política común para abordarlo con perspectivas de construir un nuevo marco estable para la convivencia. Durante siglos se ha puesto en práctica la máxima de Ortega y Gasset que decía que con Cataluña a lo más que se podía llegar era a conllevarse. ¿Cómo se ha ido expresando y planteando el problema? Para enfocar esta cuestión reproduzco una serie de citas breves que inducirán a reflexionar y a continuar indagando.
            Antonio Alcalá Galiano (1768- 1865) ante las Cortes de Cádiz:
            Uno de los objetivos principales que nos debemos proponer nosotros es hacer a la Nación Española una nación que no lo es ni lo ha sido hasta ahora.
            Valentín Almirall (1841-1904). Ideólogo del catalanismo político:
            Los catalanes son, por tanto, en  general tan españoles como los habitantes de las demás regiones de España.
            José Ortega y Gasset (1883-1955):
            Dado que España no existe como nación, el deber de los intelectuales es construir España.

lunes, 28 de octubre de 2019

Julio Anguita/ Sensatez, valentía y proyecto ( I):los pirómanos del artículo 155 y de la independencia en Cataluña



Pieter Brueghel: La parábola de los ciegos

[Nuestro querido compañero Julio  publicará en El Economista una serie de reflexiones sobre Cataluña.Esta es la primera entrega]

Julio Anguita
Colectivo Prometeo
Sensatez, valentía y proyecto (I)


                   Según la RAE el vocablo sensatez es sinónimo de sabiduría, juicio, lógica, reflexión, madurez, etc. Asimismo algunos sinónimos de valentía son esfuerzo, ánimo, temple, laboriosidad, tesón, firmeza, etc. la combinación de ambas series conduce a una virtud fundamental e imprescindible en la acción política: la prudencia. La prudencia política es la capacidad de pensar ante ciertos acontecimientos, o actividades sobre los riesgos posibles que éstos conllevan y adecuar o modificar la conducta para no recibir o producir perjuicios innecesarios, difícilmente reparables o irreparables del todo.  En esta hora de España y Cataluña, solamente la sensatez y la valentía, al servicio ambas de un proyecto de convivencia (que no de simple coexistencia), son la garantía de que podamos evitar, en primer lugar, la repetición de hechos históricos sangrientos y además sentar las bases de un nuevo marco constitucional para toda España. Necesitamos, pues, políticos sensatos, valientes, con propuestas superadoras del conflicto y - si no es mucho pedir – con algunas nociones de la llamada Historia de España.

         Desde mi condena a la violencia gratuita, salvaje y además inútil, no se puede considerar la de estos últimos días como algo inusitado o novedoso. A lo largo de la historia de Cataluña, y especialmente de Barcelona, han ido sucediéndose hechos violentos, con decenas de muertos y centenares de edificios destruidos. Una breve e incompleta reseña de los mismos se hace imprescindible para situarnos en una correcta evaluación de la realidad presente.