Tania Sánchez y el ‘partido Bankia’: así mandan los que no se presentan a las elecciones
Manuel Monereo

Este es un problema permanente y cada vez más importante en nuestras escuálidas democracias capitalistas: cómo mandan los que no se presentan a las elecciones. Conviene detenerse un momento. Las fuerzas del capital tienen un poder estructural en nuestras sociedades que las capacitan para controlar y, en gran parte, determinar la vida pública. Democracia y capitalismo son realidades contradictorias y expresan un conflicto que, en determinados momentos, es especialmente agudo y hasta radical. Para mandar en estos regímenes electorales el Estado debe tener una cierta autonomía para unificar al bloque de poder dominante y organizar el consenso de las clases subalternas, desde, nunca se debe olvidar, su monopolio de la violencia más o menos legitimada. Cuando llega una crisis del sistema, esa relativa autonomía del Estado se hace más estrecha y la subordinación al capital es mucho más evidente. Esta es la etapa que estamos viviendo aquí y ahora.
Los cambios son tan acelerados y la sucesión de datos, noticias e informaciones tan ingente que el peligro que se corre es que perdamos el control sobre la realidad y nos convirtamos en esclavos de los acontecimientos. La clave está, no es nada fácil, en definir bien la fase y situar cada hecho, cada dato, en la relación con esta, y volver una y otra vez a ella, “leyéndola” permanentemente y cuestionándola. El “núcleo duro” de la fase hoy en la lucha entre las fuerzas de la ruptura y las fuerzas de la restauración: en el centro, el poder del Estado. La aparición de Podemos cuestiona el bipartidismo dominante y abre la crisis del régimen del 78, mejor dicho, es el 15M quien inicia el proceso y el partido de Pablo Iglesias lo profundiza y acelera. No entender esto es incapacitarse para comprender lo que pasa y, entre otras muchas cosas, no ver la dura y sistemática reacción de los poderes existentes, las fuerzas que organizan la enésima restauración borbónica en nuestro país.
La señal, el hecho políticamente relevante, es la intervención de los poderes económico-mediáticos en los partidos y en la modificación acelerada del sistema de fuerzas políticas promovido e impulsado por los que mandan y no se presentan a las elecciones. La así llamada ‘batalla de Madrid’ es un laboratorio apasionante y, a veces, dramático de estos cambios. Hemos vistos en pocos meses cómo eran liquidados tres candidatos de peso por el mismo procedimiento: campañas mediáticas perfectas y oportunas que consiguen, casualmente, que las direcciones de los partidos cambien de cabezas de cartel. Así ocurrió con
Tania Sánchez, con
Tomás Gómez y con, nada más y nada menos,
Ignacio González, actual presidente de la Comunidad. Con
Mauricio Valiente está a punto de pasar algo parecido y con los mismos protagonistas: periódicos, partidos del régimen, poderes económicos. Las cosas están llegando a tal complejidad que está siendo necesario construir una alternativa creíble a la propia derecha realmente existente: Ciudadanos al rescate. Es algo más que casta: una “trama” al servicio de la restauración, del nuevo régimen que está naciendo de las ruinas del 78.