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martes, 17 de enero de 2023
domingo, 15 de noviembre de 2020
Educación Laica para mantener la cabeza
José Antonio Naz Valverde
Profesor jubilado de francés
Miembro del Colectivo Prometeo y de Córdoba Laica.
Profesor jubilado de francés
Miembro del Colectivo Prometeo y de Córdoba Laica.
Hace un mes, un joven musulman decapitaba a un profesor francés por haber mostrado imágenes indecorosas de Alá en una clase de Moral Cívica, ilustrando la libertad de expresión en un Estado laico y democrático. Este hecho apenas tuvo repercusión en los medios de prensa españoles, ni en la clase política. Pero en Francia provocó reacciones de toda la sociedad, de todos los sectores educativos, del gobierno y de todos los partidos políticos sin excepción . A las condenas se sumaron los líderes religiosos islámicos. Todos argumentaban la necesidad de seguir profundizando en el laicismo en la educación.
El ministro de educación explicaba que el profesor fue asesinado por poner “el saber al servicio del espíritu crítico”, para “formar ciudadanos libres”; como decía el presidente Macron, porque “explicaba la libertad de expresión, la libertad de creer o no creer”. El escritor Pascal Bruckner argumenta que los fundamentalísimos no soportan que se despierten las conciencias en las escuelas, porque ellos se desarrollan en la ignorancia y la estupidez, que favorecen el odio. Y explica las reacciones antifrancesas en distintos países “islámicos”, por su modelo de laicismo, no porque opriman a los musulmanes, sino porque dan a todos la libertad de ser indiferentes a las religiones, les libera de la opresión religiosa. El laicismo protege todas las creencias, también las religiosas, en su desarrollo individual, pero protege igualmente a la sociedad de todas ellas. Hay un respeto para todas las creencias, pero ninguna neutralidad, sino denuncia contundente de los fundamentalismos y persecución penal de la violencia. Este debate en nuestro país vecino se está materializando en medidas concretas de reforzamiento del laicismo y de los valores ciudadanos en los centros escolares, potenciando la “Charte de la laïcité á l’école”.
Mientras tanto, en las cortes del Estado Español se está debatiendo una reforma de ley de Educación que, si no se producen cambios al texto propuesto, mantiene el dogma religioso en los centros escolares. Cuarenta años después de una Constitución que proclama la “aconfesionalidad” del Estado, y cuarenta previos de una cruzada genocida y un régimen dictatorial- catolico , se sigue subvencionando con dinero público centros que forman en dogmas e idearios particulares, se pagan catequistas, seleccionados por los jefes religiosos, en los centros de titularidad pública, y se dedican más horas del curriculum a estas catequesis que al aprendizaje de saberes o materias fundamentales.
Mientras tanto, en las cortes del Estado Español se está debatiendo una reforma de ley de Educación que, si no se producen cambios al texto propuesto, mantiene el dogma religioso en los centros escolares. Cuarenta años después de una Constitución que proclama la “aconfesionalidad” del Estado, y cuarenta previos de una cruzada genocida y un régimen dictatorial- catolico , se sigue subvencionando con dinero público centros que forman en dogmas e idearios particulares, se pagan catequistas, seleccionados por los jefes religiosos, en los centros de titularidad pública, y se dedican más horas del curriculum a estas catequesis que al aprendizaje de saberes o materias fundamentales.
viernes, 20 de noviembre de 2015
Otras visiones, otras lecturas: Cómo surge el ISIS, cómo se financia, quiénes hacen la vista gorda y el paso al frente de Francia, el crecimiento del ISIS y las injerencias
eldiario.es
Los inicios de lo que después sería el ISIS
Los
antecedentes que dieron lugar al ISIS surgen en el contexto de la
ocupación de Irak. Tras la toma del país por las tropas británicas y
estadounidenses (y españolas hasta 2004), se formaron diversos grupos
armados para luchar contra los invasores.
Entre ellos aparece la
autodenominada organización de la base yihadista en Mesopotamia
(procedente de Jamaa al Tawhid wal-Jihad, nacida en 1999), conocida en
la prensa como Al Qaeda en Irak. Posteriormente se uniría a otros grupos
bajo el nombre primero de Consejo de Muyaidines y después, en 2006,
Estado Islámico de Irak.
El contexto en Irak
Miles de
iraquíes fueron detenidos en cárceles secretas estadounidenses, donde
recibieron torturas diarias. Algunos arrestados desaparecían para
siempre. Otros reaparecían años después devastados por las torturas, y
con una sobrevenida, inquebrantable y extremista fe religiosa.
Tras
la ocupación EEUU desarticuló inmediatamente las Fuerzas Armadas
iraquíes, criminalizó el partido Baaz e integró a milicias sectarias en
las nuevas fuerzas de seguridad iraquíes para luchar contra la
resistencia. Fomentó las divisiones y entrenó a integrantes de milicias
policiales que sembraron el terror.
Fue lo que se llamó los
escuadrones de la muerte, comandos que arrestaron a miles de jóvenes
suníes, muchos de los cuales aparecían semanas después muertos en las
calles de ciudades como Bagdad, con orificios de bala en la cabeza, pies
o pulmones, con huesos rotos, cráneos aplastados, piel quemada o
arrancada, signos de descargas eléctricas u ojos fuera de sus órbitas.
Cientos
de miles de familias huyeron del país. En tan solo unos meses más de
cinco millones de iraquíes se convirtieron en refugiados. Dos millones y
medio de ellos se instalaron en Siria.
En poco tiempo Irak, que
había sido un país donde muchos chiíes y suníes convivían juntos, donde
un elevado porcentaje de los matrimonios eran mixtos, donde no había
grandes tensiones sectarias, se convirtió en un infierno. Muchos
antiguos integrantes de las Fuerzas Armadas desmanteladas compartieron
celda con miembros de grupos religiosos que iban radicalizándose a
medida que aumentaba la violencia y la represión.
El grupo de la cárcel de Camp Bucca
Abu
Baker Al Bagdadi, que se convertiría en 2010 en el líder del Estado
Islámico de Irak, fue arrestado por los estadounidenses en 2004 en la
ciudad de Faluya, duramente golpeada por las fuerzas de ocupación, que
bombardearon viviendas, mercados, escuelas, hospitales y emplearon
fósforo blanco, un armamento letal que abrasa la piel de sus víctimas.
El dolor provocado en aquella ciudad es recordado hasta día de hoy por
sus habitantes.
Al Bagdadi fue enviado a la cárcel de Camp Bucca,
donde las torturas estaban a la orden del día. Algunos se empaparon allí
de las doctrinas más extremistas y desvirtuadas del Islam, como el
wahabismo. De aquella prisión saldrían muchos hombres listos para
integrar las filas del Estado Islámico (ISIS o Daesh).
domingo, 15 de noviembre de 2015
Queremos la paz. No a la guerra
Manuel
Marrero Morales
Colectivo Prometeo/ FCSM
Un viejo adagio
latino decía "Si vis pacem para bellum" (si quieres la paz, prepara la
guerra) Pero Occidente ha cambiado el texto por "Si vis bellum, para
bellum" (si quieres la guerra, prepara la guerra), porque esa parece la
máxima que pretende seguir profundizando Occidente frente al Estado
Islámico, que en poco tiempo ha pasado de referencia ideológica
deslocalizada a tomar posesión de unas tierras y a hacerse una realidad
tangible
La
guerra es el fracaso de la razón. Y declarar en Francia el Estado de
guerra es el reconocimiento de un fracaso político
y policial. La creación de frentes "anti", como quieren
PP-PSOE-Cs, no ofrece soluciones, antes al contrario, genera
reacciones y respuestas simétricas.
El
desencanto de centenares de jóvenes idealistas (cual brigadistas
internacionales apuntados a la causa del islamismo radical) ha hecho
expandirse la idea no sólo en la parte de Siria que hoy ocupa el
Estado Islamico, sino, de manera transversal, en muchos de los paises
de la UE y de la vecina Africa.
domingo, 18 de octubre de 2015
Otras visiones, otras lecturas: Aristóteles Moreno, "Crónica de un Expolio"
Detalle del Mirhab de la Mezquita de Córdoba
Crónica de un expolio
Publicado en www.secretolivo.com
En marzo de 1972, en sesión
plenaria presidida por el alcalde Antonio Alarcón Constant, el Ayuntamiento de
Córdoba aprobó por unanimidad cursar a la UNESCO la solicitud para que la
Mezquita fuera declarada Monumento Internacional, lo que años después acabó por
denominarse Patrimonio Mundial. El acta oficial no dejaba lugar a dudas. La
Mezquita de Córdoba, indica el documento manuscrito en tinta azul, es
“universalmente reconocida por su carácter de joya única del arte árabe”. No la
Catedral. Ni siquiera la Mezquita Catedral. El Ayuntamiento en pleno, en las
postrimerías de la dictadura franquista, nada sospechoso de veleidades
laicistas, ni mucho menos yihadistas, expresaba una encendida defensa del
extraordinario monumento omeya a lo largo de cuatro páginas plagadas de
argumentos patrimoniales, artísticos e históricos.
“Dadas las características de nuestra Mezquita”, declaraba solemne Antonio Alarcón Constant, “el alcalde que suscribe tiene el honor de proponer que se acuerde elevar petición a la Unesco, a través del Ministerio de Educación y Ciencia, para que la Mezquita de Córdoba sea declarada Monumento Internacional”. Cuatro meses después, en una nueva sesión municipal, el alcalde ponía en marcha una comisión de expertos con el objeto de elaborar un expediente detallado que justificara ante el organismo internacional la pertinencia de la candidatura. Alarcón Constant recordó sin medias tintas la misión histórica del Consistorio como administración garante de la conservación de la Mezquita. Y trajo a la memoria el ya legendario episodio que enfrentó en el siglo XVI al comendador Luis de la Cerda, como representante de la ciudadanía cordobesa, y al obispo Alonso Manrique, empeñado en demoler el tesoro arquitectónico andalusí para construir en su corazón una Catedral renacentista.
En un texto inequívoco, que se conserva en el Archivo Municipal, Alarcón Constant se proclamó heredero de la determinación de Luis de la Cerda por defender la integridad del singular monumento cordobés frente a la Iglesia y elogió sin fisuras el papel secular del Ayuntamiento como custodio de sus valores universales. En los años setenta, la ciudad estaba inmersa en un gran debate sobre la oportunidad de desmontar la Catedral y devolver la Mezquita a su “pureza”. Ese es el término exacto que usó en repetidas ocasiones el alcalde de Córdoba y la mayoría de expertos que, encabezados por Rafael Castejón, director de la Real Academia, y Rafael de la Hoz Arderius, director general de Arquitectura, abogaban por la restitución del espacio islámico perturbado bruscamente por el apéndice injertado en su interior en 1523.
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