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viernes, 26 de marzo de 2021

Mirando hacia el Nacionalcatolicismo

 




Aureliano Sáinz
Coordinador de Córdoba Laica

    Hacia mediados de los setenta del siglo pasado, la dictadura franquista estaba dando sus últimos coletazos. Francisco Franco, quien fuera “Caudillo de España por la gracia de Dios”, lema que aparecía en las monedas que empezaron a circular en nuestro país a partir de 1946, se encontraba gravemente enfermo, por lo que su fallecimiento acontecería el 20 de noviembre de 1975.

Ante las numerosas movilizaciones populares que se daban contra la dictadura, era necesario empezar el desmantelamiento de un régimen en el que, entre otras cosas, la fusión del Estado con la Iglesia era total, dado que la religión católica era la oficial, con todos los privilegios que ello implicaba, dado que se había convertido en el sostén ideológico y moral de la dictadura.

La construcción de un Estado democrático se hacía inevitable, ya que la pervivencia del régimen franquista era rechazada por una parte muy importante de la sociedad española. En la nueva Constitución española, aprobada en referéndum el 6 de diciembre de 1978, en su artículo 16, se declaraba el Estado como aconfesional.

Pero desmontar todos los privilegios acumulados por parte de la Iglesia católica no iba a ser nada fácil, puesto que se buscó un añadido al final de la redacción del artículo en el que se decía “Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia católica”.

domingo, 24 de enero de 2021

La cruz de los caídos y el señor obispo



Aureliano Sáinz
Coordinador de Córdoba Laica


    Hace ya cuarenta y cinco años que falleció Francisco Franco, pero algunos siguen añorando su régimen dictatorial, de modo que continúan como si todavía existiera el nacionalcatolicismo, que era la estricta fusión entre el Estado y la religión católica, dado que estaba considerada la religión oficial, por lo que todos los españoles tenían que ser educados bajo esta fe si no quisieran quedar socialmente marginados.
A ellos de nada les sirve que en la Constitución aprobada en diciembre de 1978 y que en su artículo 16 se indique: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal”.

Su aprobación fue un paso importante, ya que del texto se deducía que en términos de las creencias (religiosas o no religiosas) pasábamos a ser un país aconfesional, en el que todas se encontraban en nivel de igualdad anta la ley. Por otro lado, implicaba, aunque solo fuera como declaración, que era posible acabar con la multitud de privilegios, reales y simbólicos, que la Iglesia católica había obtenido del dictador por apoyar el golpe de Estado contra el Gobierno legítimo de la Segunda República Española.

Pero una cosa es la ley y otra es la realidad, porque la Iglesia católica sigue teniendo multitudes privilegios que se resiste ceder, pues está construida sobre ellos. Desde este punto de vista, se entienden las amenazas veladas que el obispo Demetrio Fernández, el mismo que se ha vacunado inmediatamente contra la covid-19, hizo en sus declaraciones durante la misa del domingo 17 de enero celebrada en Aguilar de la Frontera.