domingo, 15 de noviembre de 2015

Queremos la paz. No a la guerra


Manuel Marrero Morales
Colectivo Prometeo/ FCSM
 
    Un viejo adagio latino decía "Si vis pacem para bellum" (si quieres la paz, prepara la guerra) Pero Occidente ha cambiado el texto por "Si vis bellum, para bellum" (si quieres la guerra, prepara la guerra), porque esa parece la máxima que pretende seguir profundizando Occidente frente al Estado Islámico, que en poco tiempo ha pasado de referencia ideológica deslocalizada a tomar posesión de unas tierras y a hacerse una realidad tangible

     La guerra es el fracaso de la razón. Y declarar en Francia el Estado de guerra es el reconocimiento de un fracaso político y policial. La creación de frentes "anti", como quieren PP-PSOE-Cs, no ofrece soluciones, antes al contrario, genera reacciones y respuestas simétricas.

     El desencanto de centenares de jóvenes idealistas (cual brigadistas internacionales apuntados a la causa del islamismo radical) ha hecho expandirse la idea no sólo en la parte de Siria que hoy ocupa el Estado Islamico, sino, de manera transversal, en muchos de los paises de la UE y de la vecina Africa.

     El desafecto de una parte de la población hacia la propia sociedad en que vive les lleva a afirmar a muchos que "No me siento del todo de dónde son mis padres, tampoco me siento de aquí. Me queda mi religión". Y ahí es donde aparece el elemento religioso, desde el planteamiento radical, -tan frecuente desgraciadamente en otros ámbitos-, de dividir el mundo entre fieles e infieles, los nuestros y los que están contra nosotros, unida a la promesa de alcanzar el,paraíso a través del martirio. Y, además, con la facilidad de que cuando se comete un atentado no tienen que preocuparse de la logística de la huida, pues se suicidan en el intento.

     Las políticas asimilacionistas, -transformarlos en franceses-, fracasaron. Y fueron sustituidas por la integración, más suave, que, es evidente, tampoco lo han solucionado. Posiblemente, sean ciudadanos franceses los que han atentado contra sus conciudadanos.

La brecha de desigualdad de 14 a 1 entre ambas orillas del Mediterráneo trae consigo que entre los del Sur, muchos entiendan que los responsables de esta situación viven en el Norte, donde no somos conscientes de que una parte de esa diferencia se la debemos también a esquilmar al Sur.

      Como prevalecen los intereses económicos sobre los valores democráticos y la defensa de los derechos humanos, resulta que nuestros gobernantes y los propios medios de comunicación consideran aliado a un país como Arabia Saudí, que sustenta al Estado Islamico, El trato injusto y desigual dado a las posibles soluciones de los conflictos son razones, que refuerzan otras actuaciones. El ejemplo paradigmático es la ocupación e intervención israelí en los Territorios Palestinos y en contra de su población, que las organizaciones internacionales no quieren solucionar y que se utilizan como excusa de otras actuaciones por terceras partes.

Casi a diario, asistimos a acciones militares unilaterales, a injerencias, a injerencias incluso denominadas humanitarias, y, de manera especial, a no solucionar problemas estructurales que fabrican terroristas. Acción-reacción es el mecanismo que parece que se impone en las relaciones internacionales. Es una lógica perversa, pues forma parte de la espiral del terror, del miedo, de la sinrazón.

     El Estado islámico usa el miedo como instrumento de poder. Y nada mejor que la publicidad que se alcanzan con estas acciones. La declaración de un Estado de Guerra es un triunfo para los terroristas y un peligro para las libertades y la democracia, pues de inmediato se imponen los recortes de libertades bajo la falsa promesa de seguridad.

     Ser musulman no es ser islamista radical. Sin embargo, hay sectores interesados en extender la sombra de la duda, asimilando a las personas refugiadas con terroristas potenciales. Y están favoreciendo el crecimiento de los planteamientos xenofobos.

    Los intereses económicos mueven el planeta. La apropiación y explotación de las riquezas minerales y energéticas subyacen detrás de todos los conflictos. Si además se le añaden elementos de intolerancia, sinrazones de guerras contra los infieles, prevaleciendo ideas imperialistas de dominación sobre ideas de cooperación y defensa de los derechos humanos, nos encontramos con estas situaciones donde se impone el terror y el miedo..

     La libertad y la democracia se tienen que imponer al terror. Queremos La Paz. Pongamos los medios para alcanzarla.