miércoles, 18 de enero de 2012

El PP: primeras medidas, un ataque a las clases más desfavorecidas.

                                            Daumier: " El vientre legislativo"





Juan García Ballesteros

     Porque tenemos memoria y todo está escrito, la subida de impuestos y congelaciones del PP resulta inadmisible. Durante la última legislatura esta derecha reaccionaria e insolidaria ha tenido como gran objetivo atacar la nefasta y dura, con los más desfavorecidos, política económica del PSOE, cuando realmente sabía que le estaba allanando el camino para ellos continuar destruyendo la frágil política social y el débil estado de bienestar. 
     Una y otra vez (Algunos ejemplos: Dolores de Cospedal (6-9-2011) “Nunca se ha salida de España de una crisis económica subiendo los impuestos”, González Pons (3-10-11) “El PSOE quiere subir los impuestos para que todo siga como está, el PP quiere bajar los impuestos para que todo cambie”, Cristóbal Montoro (4-11-11): “Más impuestos nos traerá menos crecimiento y más paro”, Mariano Rajoy 20-12-11: “Mi intención es no subir los impuestos”) han repetido que la subida de impuestos no contribuiría a acabar con la difícil situación económica y con el paro y, por tanto, ellos no lo harían. 

     Estas críticas siempre han estado carentes de propuestas sobre su modelo económico o sociopolítico. Esta ocultación de sus intenciones tenía como único fin no desvelar a los electores su política neoliberal y llegar a la Moncloa con las manos libres para poner en práctica una desastrosa política económica que dejará en pañales lo hecho por el gobierno anterior. Le ha faltado tiempo para reírse de sus electores, para burlarse de sus propias propuestas electorales, para aplicar el más duro programa de recortes de la democracia. 
     Veamos:
Se congela el salario mínimo (641 €), uno de los más bajos de la UE, a pesar de la recomendación de la Carta Social Europea que aconseja para nuestro país que sea de 1.026 €. La subida del impuesto directo (IRPF) tiene una progresividad escasísima, pues supone que de los 4000 millones de € que se quieren recaudar, el 95 % corresponde a aquellos que ganan menos de 50.000 € anuales. Está claro que lo que pagarán las rentas altas será una mínima parte. Se paraliza la ley de dependencia, con un grave perjuicio sobre todo para la clase trabajadora que se encuentra sin medios para atender a sus mayores o personas necesitadas. No sólo se congela el salario a los empleados públicos, sino que se les sube la jornada laboral (37,5 h) y se paraliza la contratación de nuevos puestos de trabajo en el sector público, cuando somos uno de los países europeos que menos tiene por número de habitantes. Los jóvenes se pueden olvidar de la renta de emancipación. A los jubilados se les sube el 1 % que presentan como un cumplimiento de sus promesas electorales cuando realmente supone una pérdida de su poder adquisitivo (2,4 del IPC más la subida del IRPF). Se congela también el Indicador Público de Renta de Efectos Múltiples (IPREM), que se toma como referencia del nivel de renta para determinar el acceso y la cuantía de algunas ayudas, en 532 euros. La subida del Impuesto de Bienes e Inmuebles (IBI) de las viviendas, por encima del valor medio, que afecta a la gran mayoría de los ciudadanos, es otro atentado contra los más necesitados. Se recorte en 900 millones de euros la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) y en 600 millones el apoyo a la investigación y al desarrollo (I+D+i).
    Todo esto merecía una explicación y la han dado. Los voceros de este nefasto Gobierno (Vicepresidenta y ministros, Rajoy está desparecido), todos a una, proclaman en todos los medios su asombro, sus turbación por haberse encontrado de pronto con un déficit público del 8 % (dos puntos más de lo previsto). Por ello, plantean como “imprescindibles” las medidas tomadas. Pero ¿cómo es posible que este señor, actual Presidente del Gobierno, no se haya enterado que esta desviación del déficit público que en un 75 % corresponde a las comunidades autónomas, la inmensa mayoría (11) gobernadas por ellos? ¿No conoce la situación de despilfarro de las arcas públicas de la Comunidad Valenciana que ellos presiden, -Moody´s ha rebajado su calificación hasta el bono basura-? ¿No había escuchado las previsiones de sus expertos antes de las elecciones afirmando que el déficit superaría el 8 %? Parece que el señor Rajoy vive en “otro mundo” y a ese es al único que quiere darle explicaciones (los mercados y los dictados del BCE).
     Posiblemente el decreto del tijeretazo estaba preparado antes de las elecciones, pero era muy peligroso publicarlo ¿Qué hubieran hecho los millones de electores que hoy se sienten engañados, burlados por unas promesas que han quemado en el fuego de la mentira y de la hipocresía? Seguro que muchos ya estarán arrepentidos, pero es demasiado tarde. Se ha fiado de promesas huecas, de trampas del lenguaje, de compromisos inconsistentes.
     Pero todo esto, si lo analizamos bien, tiene una lógica que esta derecha reaccionaria que nos gobierna, sigue. Les importa muy poco los de abajo (trabajadores, autónomos, pequeños y medianos empresarios, jubilados…). Sus fines están muy altos: obedecer ciegamente los mandatos de los mercados (bancos, entidades financieras, grandes empresas…) y seguir fielmente lo que ordenen los poderosos defensores del neoliberalismo: Alemania, Francia, BCE, Agencias de Calificación… que en definitiva son los que están sacando provecho de la crisis.
     Está claro que el PP sólo nos ha enseñado la patita de los recortes. Lo inmediato será la adaptación de la Reforma Laboral a las exigencias de la COE, en perjuicio de derechos que los trabajadores han logrado con su lucha de muchos años. Seguro que, ya lo dijo la vicepresidenta “es el inicio del inicio” de nuevos y mucho más duros ajustes, después de las elecciones andaluzas, con su mayoría absoluta, se atreverán, sin ningún rubor, a dar varias vueltas de tuerca para apretar hasta ahogar el cuello de los más desfavorecidos: privatizará empresas públicas, seguirá recortando derechos sociales como la educación, la sanidad y el paro, continuará con la bajada de salarios y, por tanto, con la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores y, probablemente, no se resista a una subida del IVA.
     Se ha demostrado ya en otros países y en el nuestro en los dos últimos años, que los recortes sociales y salariales no posibilitarán la resuperación económica, destruirán más empleo, habrá menos ingresos fiscales, menos consumo y, por lo tanto, más empresas en crisis. Para reducir el déficit es necesario cambiar totalmente la política económica. Hay que exigir a los bancos que el dinero que le presta el Gobierno o el BCE se utilice para dar préstamos a las familias, abrir líneas de crédito a las empresas para avanzar hacia un cambio de modelo productivo, sin olvidar la creación de una banca pública que posibilite la circulación de créditos a unos intereses favorables. Para reducir el déficit hay que buscar el dinero dónde lo hay. Por eso hay que subir el impuesto de sociedades, se debe modificar el tratamiento legal y fiscal de la SICAV, se ha de perseguir con contundencia el fraude fiscal y el dinero negro, se tiene que acabar con los paraísos fiscales, se debe recuperar totalmente el impuesto de patrimonio, se ha de plantear una reforma fiscal progresiva y más justa, se tiene que grabar fiscalmente a las grandes fortunas y a los beneficios millonarios de los ricos y se deben poner impuestos a las ganancias de los bancos y a las transacciones financieras.
Ante esta calamitosa realidad, ante esta situación de emergencia económica y social hay que plantear respuestas duras desde los colectivos sociales. La única posibilidad de parar este desastre es la movilización social (debates, manifestaciones, huelgas, concentraciones…) de forma continuada e intensa con la unión de las fuerzas políticas y sindicales, de todas las nuevas formas de poder ciudadano (mesas de convergencia, 15M, socialismo21, plataforma por una vivienda digna, DRY), ONGs, asociaciones de vecinos y de todos aquellos ciudadanos que sienten engañados y perjudicados por las decisiones nefastas del gobierno anterior y del actual. Entre todos podremos, en la calle, en los lugares de trabajo, en los foros sociales, recuperando la soberanía popular y planteando alternativas serias y posibles, acabar con la prepotencia de este gobierno y cambiar esta difícil situación hacia una salida justa, democrática y social de la crisis.

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