domingo, 5 de mayo de 2013

Tramparencia ( II )


                                    Magritte: " El hijo del hombre"
 
Paco Espínola
Miembro del FCSM Granada
 
El filósofo Confucio escribió en un azucarillo: “Yo no puedo evitar que me mientas. Lo que sí puedo evitar es que me confundas”. La frase, leída por Wert, que para eso es ministro de Educación y Cultura, pasó inadvertida a Rajoy que, en ese momento, estaba conectando el plasma. Sin embargo, el pueblo llano, que no está para chuminás, ya le exige al Gobierno que llame a las cosas por su nombre y que se deje de neologismos y eufemismos para ocultar la verdad, que está clara a partir de las medidas tomadas. Porque una cosa es tomar medidas y otra tomarnos como ignorantes o imbéciles, ya que esto último es un insulto a la inteligencia, no en mi caso, puesto que llamarme “imbécil” no sería un insulto sino una definición.

En contra de las palabras del candidato Rajoy durante años y en la campaña electoral, la verdad silenciada ha venido a dejar claro su programa oculto, aquel que negaba a ciudadanos y periodistas: “El PP se opondrá a cualquier subida de impuestos, porque significa más paro y más recesión”, dijo un 29 de agosto de 2009. Dos años más tarde, y ya en pleno discurso de investidura, afirmaba tajante: “Mantendré mis compromisos electorales. El mayor esfuerzo no puede recaer en los ciudadanos, tiene que provenir de las Administraciones”. Claro que entonces tenía un chivo expiatorio llamado Zapatero, a la sazón presidente del Gobierno.


¿Qué ha quedado de aquellas palabras del candidato Rajoy, hoy Presidente ectoplasma?

La Administración, por mucha Ley que se presente, sigue siendo opaca. En España, por ejemplo, es imposible saber cuantos soldados han muerto en Irak, algo que en el Reino Unido es público. En julio de 2012 el Gobierno se comprometió a contarnos cuánto se gastaba en todo y nueve meses después siguen sin dar a luz.


Dicen que a la vuelta de estas vacaciones "habrá un impulso" a la tramitación del proyecto. Veremos qué pasa.


España es el único país europeo que no tiene una legislación que obligue a mantener una transparencia efectiva. Por eso, hace ahora un año y dos meses la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, anunció en su primera comparecencia ante la comisión Constitucional del Congreso que el Ejecutivo recién estrenado iba a remitir a la cámara una iniciativa legislativa denominada “Ley de transparencia, acceso a la información y buen gobierno”. Pero no fue así.


El presidente decidió a ir a Polonia a celebrar el gol de Fábregas contra Italia y cuando se preguntó al Gobierno el precio del viaje no hubo respuesta. Hoy sabemos gracias a Interviú que la cena del viaje de vuelta costó mil euros a base de solomillo, rodaballo, cerveza y vino.


El mismo día que se presentaron los presupuestos de 2012, Cristóbal Montoro —ministro de Hacienda— llamó al proyecto de amnistía fiscal "medidas excepcionales para incentivar la tributación de rentas no declaradas".

Una cosa es que el ministro culterano –palabra compuesta de “culto” y “ano”– no quiera llamar al pan, pan y al chorizo, amnistía, y otra que no haya datos actualizados de ese indulto. Tampoco hay forma de averiguar lo que ganan los tertulianos de la tele pública, o saber cuántos coches tiene cada Ministerio. o cómo se gastan los diputados los 3.000 euros que tienen para taxis al año, o cómo fueron las gestiones para que las empresas españolas se hicieran con el contrato del AVE a La Meca.


En unos casos la Administración simplemente no responde, en otros la excusa es la confidencialidad, como en el famoso contrato de la Comunidad Valenciana con Bernie Ecclestone para escuchar el sonido del Ferrari de Alonso.


En situaciones como esta yo sugeriría que a conceptos como suicidio, homicidio y genocidio deberíamos añadir el “semanticidio”, es decir, el asesinato del lenguaje. El mal uso deliberado del lenguaje rompe el contrato básico entre las personas, o sea, el acuerdo tácito sobre el uso apropiado de las palabras. Con lo cual, ustedes, señores del Gobierno, y un servidor, ciudadano imbécil y periodista de oficio, no tenemos nada más que decirnos.

1 comentario:

Javier Stracham dijo...

Un placer leerte Paco.Como bien dices estamos hasta las narices de serf tomados por tontos, hay que hacer frente ya y de forma contundente al verdadero poder por medio de sus capataces y al mismo tiempo dotar al activismo de una herramienta real de obstrucción y queramos o no, mañana , quizás pasado pero habrá de llegar tendremos que poner toda la carne en el asador, exponernos de verdad.

Esto pasa ineludiblemente por la insumisión fiscal como complemento al activismo de calle, dotar a las organizaciones populares de herramientas. No hablo de no pagar impuestos, hablo de redirigirlos, crear una caja social real, una distribuidora de recursos o como la queramos llamar a donde redirijamos la cuantía de los impuestos que no queremos que los capataces malgasten en rescatar bancos o tapar pufos o pagar en negro etc etc etc y rescatar mediante esas herramientas a las familias

Mi abuelo diría algo cómo " yo no dejo mis dineros en manos de chorizos" y esa debe ser la máxima, esta batalla, este combate de nuestro tiempo que diría un amigo tuyo :) no la vamos a ganar a golpe de cacerola y grito solo, ya sabes ... "en mi hambre mando yo"