miércoles, 7 de enero de 2015

Cuento de Navidad: ¿quién se comió la recuperación económica?



                                      Isidro Nonell: Pobres esperando la sopa


Jorge Alcázar 
 Colectivo Prometeo y FCSM
La ceremonia de la confusión en la que nuestra sociedad se halla inmersa afecta a escenarios tan diferentes como la política o la economía. No es sorprendente -todo lo contrario, es algo natural- encontrar mensajes y proclamas que están en las antípodas de las realidades que se viven en las calles, los hogares o en las conciencias de la inmensa mayoría de las personas. El lenguaje natural, construido en su origen para comunicarnos unos con otros, se deconstruye y tiene por objeto afectar el estados real de cosas, contribuyendo a poblar de alegorías, fantasmas e imágenes ficticias la sociedad que nos rodea.
     Instalados estamos en el nuevo paradigma de la recuperación económica. Gobierno y medios de comunicación afines subrayan que la recuperación está en camino, a la par que soslayan o susurran veladamente que es necesario continuar por la senda de los “ajustes” y la “moderación”. No se trata de recortar, cortar, amputar o cercenar derechos y medios económicos, sino que se trata, nos dicen, de reformar un modelo insostenible. Es decir, como si todavía estuvieran presentes los sones de aquellas consignas de hace unos años de “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, bajo estos eufemismos y esta nueva (o vieja, según se mire) retórica, el mantra de la recuperación mediática intenta brotar. Depositando en ello toda su fe, personas de bien que nos gobiernan desde las instituciones políticas, económicas o financieras, se han confabulado y unido entorno a las consignas que a cada vez más personas nos suenan en los bolsillos y el estómago, pero con un timbre más tangible. Ya se crea empleo, se aumenta el gasto social y la senda de la recuperación está ante nuestras narices. Venga, un achuchón más que llegamos. Sólo es necesario -decía el señor Montoro el otro día- consolidar, a través del dogal presupuestario, las medidas y estímulos iniciados. Claro, nos ocurre pues que miramos a nuestro bolsillo y al de los de al lado, miramos nuestras casas, miramos a nuestros hijos, miramos nuestros contratos laborales y nuestras esperanzas, y vemos que no nos llega.
    Paciencia. No seáis impacientes, que la senda está ahí mismo. El eufemismo vuelve a aparecer y entonces nos dicen que hoy no nos pueden dar un trabajo fijo, que lo de las 40 horas semanales era pura ilusión, pues no somos sostenibles ni rentables. Se nos dice después que es imposible -porque vivimos por encima de nuestras posibilidades- cobrar una pensión trabajando hasta los 65 y que hay que ir más allá; claro -se nos vuelve a decir-, es que ustedes no son productivos. Miren a los chinos.       Y no sean exigentes, que si queremos recuperarnos, si queremos salir del hoyo profundo en el que se encuentran -claro, conjugar bien el sujeto con la forma personal aquí es complicado, porque, ¿quiénes queremos y quiénes se encuentran?- ni hablar de médicos, ancianos o escuela “gratis”. Aunque aquí el lenguaje, puesto al servicio -quien lo diría- de sus plumas y abalorios viene en su defensa para hablar en sus bocas la música de la contención, la moderación, la buena gestión, rimando en el sofrito con la calidad, profesionalidad, la igualdad y la Constitución. 
    Y nosotros, cuando ya parece que supuramos buenas, grandilocuentes palabras, cuando parece que vamos a gritar de alegría, a llorar, por ver lo buenos que son con nosotros y lo bien que nos cuidan con lo torpes e ineptos que somos, no entendemos nada, y a fuerza de no entender, nos decimos necios y tontos. Total, será cierto que esto de la igualdad de oportunidades, de los derechos fundamentales y Humanos y de la Constitución son cuentos chinos. No, cuidado con los chinos. Porque uno se levanta un buen día, con su mañana y su café -que a eso todavía llega en algunos sitios- y se desayuna con la pobreza a secas, con los tres millones de familias sin ingresos, con la pérdida de derechos laborales. Va y se mete de un buen bocado que la luz sube y sube subastada, que es mejor cerrar hospitales porque así la gente va menos al médico, que es de lo que se trata. Entre boca y boca, miramos la suerte que tiene la juventud hoy, que se les beca para ir al extranjero, y menuda beca será, pues da para que más de 400.000 se hayan ido a “vivir una experiencia y forzarse”. 
   Y a mediodía, algunos que hasta almorzamos todavía, digerimos el buen potaje de las tarjetas de crédito de Caja Madrid –hoy nuestra, es decir del estado, es decir, que la vendemos, es decir, que no sé qué decir-, de los Bárcenas y compañía, y de lo buenos que son los de ahora, y lo malos que eran los de antes. Pero será que en el sopor de la siesta –los que todavía tenemos la “suerte” de tener trabajo y poder dormir- la digestión se hace pesada y no sé porqué confundimos a los de antes con los de ahora sin saber quién es quién ni si el tiempo es lineal o cíclico o qué se yo, pues en la facultad de Física –cuando todavía se podía ir lo que ellos dicen “por la cara” y que yo digo será por los impuestos que pagaban entre otros mis padres- los profesores nos decían era continuo y lineal, que no cíclico, pero me da a mí que ya no quedan ni profesores, ni bedeles ni el sursuncorda que dirían los beatos –perdón por mentar a la Iglesia-.
    Y ya cuando el día se agota, al mismo ritmo que se agotan esperanzas, bolsillos, mendrugos de pan o chacinas carcomidas, al mismo son que languidecen los proyecto e ilusiones, los derechos laborales, sociales, constitucionales – ¡pues sí que tenemos derechos!- y en la digestión de la cena –cortita eso sí, para tener un buen sueño- que se trastoca casi en modorra, me acuerdo de lo que leí esta mañana, cuando decían los de un banco suizo no sé qué de diez familias más ricas de Europa, de más de 200.000 millones (ya no recuerdo si de pesetas o euros y no quiero recordar) y de que casi todo -pero aún nos queda el casi- lo tienen estos y otros señores un poco más pobres, los del IBEX, que dicen por ahí que son 27.000 millones más ricos por Navidad, que la vez pasada. Pues sí, será verdad que estamos saliendo de la crisis…