sábado, 4 de abril de 2015

Otras visiones, otras lecturas: No olvidemos la necesaria y continua movilización


Manuel Marrero Morales
FCSM. 
Candidato al Parlamento Canario por PODEMOS

     A finales de los 70 vivimos un proceso que se podría asemejar al actual. El régimen franquista sin Franco copaba las instituciones financieras, militares, religiosas, las administraciones públicas, los medios de comunicación, en definitiva, todos los centros de poder, y luchaban todos sus beneficiados por perpetuarse sin sobresaltos. Frente a ellos, amplios sectores de la población -la alianza de clase obrera e intelectuales comprometidos- en las calles, reivindicando "libertad, amnistía, y otras formas de Estado (autonomia, independencia, federalismo y República,...)". Frente a las exigencias de Ruptura Democrática se impuso la Reforma Democrática, el pactismo y la colaboración de los partidos que representaban de forma mayoritaria a la clase trabajadora (PCE y PSOE). El proceso de inmodélica Transición terminó de consolidarse cuando a finales de 1982, en medio de una gran expectativa, llegó el PSOE de Felipe González al poder, bajo un slogan que prometía "el cambio". Después vendría la frustración.
      Las instituciones financieras comenzaron a vivir su época dorada, los militares seguían sin resignarse a mantenerse en los cuarteles y hacían ruido de sables de vez en cuando, la Conferencia Episcopal, por su parte, producía ruido de sotanas para seguir consolidando los privilegios conquistados en el Concordato del 78, comenzaron los procesos de privatización de medios de comunicación y empresas estatales, la movilización desapareció de las calles en la medida que se fueron cubriendo aspiraciones políticas de las burguesías locales con la descentralización del Estado y se fue domesticando a la clase trabajadora con Acuerdos Marco firmados por el sindicalismo mayoritario, el empresariado y el Gobierno.

      Las escasas conquistas educativas, sanitarias, socio políticas, que significaron una cierta redistribución de la riqueza para construir el incipiente Estado del Bienestar que hoy está en peligro, son consecuencia de las múltiples luchas llevadas a cabo por sectores sociales descontentos.
     Los sucesivos gobiernos de PSOE y PP, a los que se suman en distintos territorios partidos de corte nacionalista, han afianzado el sistema, creando durante estas décadas redes clientelares y propiciando actuaciones trufadas por la corrupción. La democracia ha quedado vacía de contenido, las libertades truncadas, los derechos recortados. Nunca habíamos pensado que nuestros descendientes vivieran peor que sus progenitores.
     El paro, la pobreza y la exclusión social nos han situado en auténtica emergencia social. El hartazgo y la repulsa hacia los poderes politico y economico que imponen el austericidio ciudadano han traído consigo el despertar del letargo social, la toma de conciencia y el resurgir de mareas ciudadanas y movimientos sociales diversos.
     En este momento crucial, los partidos del régimen establecido, los inmovilistas, todos aquellos a los que les ha ido bien, sienten que se les tambalean sus cuestionados sillones y proponen grandes acuerdos políticos e institucionales, que les permitan continuar beneficiándose y beneficiando a aquellos para los que gobiernan. Fuera del poder hace mucho frío y hay mucho paro, sobre todo para aquellos que han hecho de la política una profesión y disponen de 'visa oro' para disparar con pólvora ajena.
     En el otro lado, nos encontramos una mayoría ciudadana heterogénea, que estamos en desacuerdo con las políticas al uso, que salimos a las calles a parar los desahucios, a protestar contra la Ley Mordaza, el rescate financiero, la LOMCE, o la Reforma Laboral, que exigimos participación ciudadana, otra ley electoral y la aplicación de políticas sociales que beneficien a las mayorías sociales.
Necesitamos el cambio de bando del sentido común, la construcción democrática de alternativas de gobierno, los procesos unitarios sin cainismos, y, de manera especial, la movilización unitaria continuada.
     El 'asalto a los cielos' no puede convertirse en un mensaje hacia la población de "esperen quietos, que llegamos los salvadores, los conseguidores, y solucionamos todos los problemas". Antes al contrario, la posible toma del poder tiene que ser una consecuencia de una movilización continuada que presione sobre nuestros enemigos de clase, que van a intentar por todos los medios, que haya apariencia de cambios (el PP transmutado en Ciudadanos, el PSOE intentando arreglarse el peinado, los nacionalistas sacudiendose también las corruptelas,...) para que todo siga igual.
      En esta lucha desigual no nos van a salvar los gobiernos, aunque sean de los nuestros. Tampoco vamos a contar con los medios de comunicación, que responden a las agendas de los gobiernos y a los deseos de la clase empresarial mas depredadora. Las calles, las urnas y las nuevas políticas tienen que caminar conjuntamente. Tenemos que ser muy exigentes con nosotros mismos para ser firmes en el mantenimiento y cumplimiento de las exigencias. Este pulso va a durar mucho tiempo y lo tenemos que ganar. Y vamos a poder.