sábado, 22 de agosto de 2015

Lo que debería ser la Unidad Popular




Rafael Juan
Colectivo Prometeo y Frente Cívico "Somos Mayoría"

Que la población está asfixiada hasta límites desconocidos en décadas es algo que ni el optimismo bífido y mentiroso del gobierno y sus palmeros mediáticos puede esconder. Y esa asfixia sirve como argumento para muchas situaciones y respuestas que se están planteando por parte de la sociedad.

La más rápida, la habitual, la única para una gran parte, es la electoral. Es la que nos han metido en vena. La democracia representativa, le llaman. Esa que, votando cada cuatro años, nos invita a delegar nuestra responsabilidad en “l@s polític@s”.  Esa que tanto les gusta a los gobiernos para negar la participación ciudadana.

Y, cuando la necesidad acucia, el ser humano siempre es tendente a tomar el camino más corto y más habitual, a pesar de que no sea el más eficaz. Ya se sabe, “el hombre es el único animal que tropieza siempre en la misma piedra”.

Después de unos años en los que, en mi opinión, se había tomado el camino correcto hacia un cambio profundo en las formas de organización y de lucha, parece que el año electoral ha hecho reverdecer el refrán. El 15M, las plataformas antidesahucios, las mareas (con sus deficiencias), las nuevas confrontaciones laborales (Coca-Cola, Movistar, UPS, INDRA, movimientos contra las privatizaciones,…) culminando con la movilización organizada de miles de colectivos minoritarios que supusieron el mayor éxito en décadas, el 22M. Todas estas y otras muchas más, han sido experiencias que han logrado, después de una dura y larga travesía de 30 años en los que la tendencia fue la contraria, un primer estadio en eso que se llama “empoderamiento popular”.

Pero esa piedra, que sabemos dónde está, que parecía más pequeña y algo escondida, vuelve a hacernos tropezar una más. La irrupción de Podemos como elemento electoral ilusionante ha significado, entre otras cosas, que mucha gente que participaba en el proceso social se haya volcado en su organización y en la conformación de candidaturas de la formación política morada. La urgencia, volvía a hacer de las suyas. Se buscaba de nuevo la inmediatez para llegar a un punto, el electoral, que debió haber esperado una situación ulterior más potente. De hecho, tras las elecciones europeas, que tantas (quizá demasiadas) alas dio a Podemos, Pablo Iglesias declaraba que la manera en que de verdad se cambiaban las cosas era tomando el poder. Esa deriva ha llegado a nuestros días a una formación que ha provocado que la ilusión de muchos jóvenes por la política se haya venido abajo de nuevo. Que esa gente que creía en la horizontalidad, en la participación en círculos, en las decisiones de abajo a arriba, vean como, una vez más, han sido decepcionad@s por quienes han decidido autonombrarse salvador@s de este país, con acuerdos puntuales, por arriba y sin contar con sus bases, con otros colectivos políticos que, normalmente, tienen sus mismas prácticas. Aquellos otros que han llegado a las instituciones manteniendo sus orígenes de colectivización de las decisiones, han rechazado sus “ofertas”.

Otra mucha gente que participó en los procesos sociales cogió el camino de la otra “pata” electoral, IU, con las mismas consecuencias de desertización en las reivindicaciones y en la conformación de la confluencia social.

En este lado de la “pata”, a solo tres meses de las elecciones generales, se vuelven a dar procesos en los que se reúnen personas, la mayoría con su mejor intención, para aportar ideas, hablar con colectivos sociales, buscar a las personas más destacadas de un lado y de otro. Muchas de estas personas son gente que, desencantada con Podemos, buscan la unidad con el resto de propuestas electorales. Se constituyen en comisiones (de organización, de elaboración de programa, de comunicación,…) Todo rápido, pues los plazos se les echan encima. Con pocas personas, porque, son las que hay y, además, no hay tiempo para ampliar las opiniones. Con procesos internos débiles e inmediatos, con debates cerrados malamente, porque las asambleas, que son muchas en tres meses, se hacen eternas. Algunos debates ni se producirán, porque supondrían hacer reuniones de varios días. Repito. Con la mejor intención. Es verdad que eso favorece a quienes no la tienen. Pero, por mis experiencias, son l@s menos, aunque suelen conseguir su objetivo. Todo ello llevará a conformar una candidatura débil, con un programa que, aun quedando bien, no habrá surgido de las bases de la población, sino de estos debates mermados. Y, en el caso de las próximas generales, supone ir con otras agrupaciones de otras provincias con las que no habrá tiempo de poner un programa en común, con las que no se podrá comprobar si sus candidat@s comparten en esencia el proyecto. Todo ello con la ilusión de poder obtener unos resultados que, a lo sumo, supongan “aportar” no se sabe muy bien qué para sacar del gobierno al PP (cosa que, ni por asomo, nadie puede imaginar cómo me agradaría) Estas experiencias, que se están denominando Ahora en Común, además, son tomadas en muchos casos como la respuesta de IU a la intolerancia de Podemos, sirviendo también de revancha para gentes que jamás han buscado la confluencia y que son los culpables de que Podemos surgiera. Estos Ahora en Común dicen buscar la “UNIDAD POPULAR”. Empleo aquí por primera vez el título de algo que está en boca de toda la izquierda (incluso en la de l@s que no quieren llamarse izquierda aunque dicen serlo “en la intimidad”) pero que, como otras muchas palabras y expresiones, está siendo pervertidas y usadas indebidamente.

Porque, ¿es Unidad Popular que l@s dirigentes de Podemos vayan por algunas comunidades autónomas pactando candidaturas con los dirigentes de otros partidos? En mi opinión no. Será una unidad de partidos, pero no popular. ¿Es Unidad Popular plantear unas primarias en las que el máximo dirigente propone sus candidatos para cada territorio para enfrentarse a otr@s que solo son conocid@s en esos lugares? Esta pregunta se la pueden contestar l@s adscrit@s de cada sitio. Y, ¿es Unidad Popular que una serie de colectivos, entre ellos IU, promuevan la creación de una candidatura en cada territorio en las circunstancias antes descritas de premura y precariedad? En mi opinión, no. Eso sí, al menos tienen un tinte más democrático y plural que el practicado por Podemos. Y, desde la dirección, y quiero subrayar la dirección y particularizar en Alberto Garzón, el mensaje enviado sobre propuestas es más claro y más cercano a lo que demanda la sociedad organizada. Aunque, en mi opinión, siga faltándole la rotundidad de negar el Euro y su proceso criminal contra la mayoría de la población.

Evidentemente, todo esto que aquí se refleja y que obedece a la realidad de lo experimentado, puede ser para mucha gente la solución. Tan solo quiero intentar explicar el por qué yo no lo considero así y, sobre todo, que está lejos de lo que es la “UNIDAD POPULAR”.

En primer lugar porque la urgencia de echar a este grupo de auténtic@s vampir@s y asalta caminos que es el gobierno del PP tiene que ir acompañada con mucho más que esos deseos. Y, eso, no hay forma de hacerlo en tres meses. Ni en seis. Ni en algunos más, sobre todo si no empezamos a poner las bases para que, en un plazo medio-largo, tengamos las condiciones adecuadas para que, de verdad, el miedo cambie de bando; para que, de verdad, el interés general esté por encima del de un@s cuant@s; para que, lo poco de avanzada que tiene nuestra Constitución, se cumpla; para que, poco a poco, se siguieran introduciendo cambios apoyados por esa mayoría social a la que siempre aludimos pero con la que poco contamos. Al menos en el sentido de hacerla coparticipe de nuestros debates, de nuestras reuniones, de las luchas justas que les llevarán a conseguir sus aspiraciones sin tener que esperar a períodos electorales.

En segundo lugar porque la Unidad Popular se conseguirá cuando se cuente con el pueblo: cuando los debates, las reuniones, las decisiones colectivas surjan con aquell@s que están siendo l@s principales damnificad@s de esta injusta sociedad. Y me refiero a l@s desemplead@s, a l@s desahuciad@s, a l@s inmigrantes, a l@s estudiantes, a l@s jubilad@s y pensionistas. Tienen que ser las personas que no tienen nada que llevar a sus casas; l@s que vuelven a casa de sus padres para compartir techo y gastos; l@s que tiran del abuelo o abuela para vivir de su indigna pensión; l@s que ocupan pisos vacíos porque, de forma reiterada, los bancos le han robado lo suyo; la población en general, que ve cómo su sanidad y educación públicas desfallecen. La sociedad que ve a diario cómo su dinero sirve para que sea dilapidado, robado, desviado hacia lo superfluo, lo obsceno y lo corrupto, mientras no hay para ayudar a quien no tiene para comer. Solo estaremos en condiciones de plantear tomar el poder institucional cuando toda esa gente, junto con aquell@s que aún mantienen una cierta dignidad en sus condiciones y que, de forma altruista y plausible, practican un activismo imprescindible, haya configurado la UNIDAD POPULAR. Cuando, en confluencia, hayan planteado objetivos, hayan luchado por ellos y hayan visto que no hay que esperar a cambiar un gobierno para cambiar leyes o actuaciones injustas. Cuando la unión, el trabajo y la camaradería que da el día a día junt@s, la confianza mutua, el orgullo y la alegría por los objetivos conseguidos, obliguen, de forma natural, a dar un paso más. ¿Por qué no probamos a coger, de una vez, este camino? Más aun teniendo tantas muestras de que es el correcto. ¿O es que han necesitado las plataformas antidesahucios que haya cambios de gobierno para parar desalojos? Evidentemente, si l@s desahuciad@s, después de este proceso que se plantea, toman el poder institucional, elaborarán leyes sensibles con quienes estén en esa situación, pero, mientras tanto, l@s que de forma inminente van a perder su hogar, no pueden esperar ni pueden ser dejad@s a su suerte. ¿Esperó Rosa Parks en EE.UU. a que un gobierno cambiara la ley que permitiera a l@s negr@s sentarse en los autobuses públicos? ¿Esperó Mandela a que no se sabe quién aboliera el apartheid legalmente? ¿Esperó Gandhi a que la injusta sociedad impuesta por los británicos en la India cambiase por la vía legal? ¿Esperó la clase trabajadora española a que muriera el dictador para pelear y conseguir mejoras en sus condiciones de trabajo y de vida?

No estoy llamando aquí a la negación de la vía electoral. Al menos no por el momento. Esa sería una fase posterior a la aquí planteada. Lo que se propone es priorizar la unidad popular real como base para la toma del poder real y del institucional.

¿A qué esperamos tod@s y cada un@ de nosotr@s para cumplir con nuestra obligación de ciudadan@ y preocuparnos por nuestras condiciones de vida, por las de nuestr@s hij@s, por nuestro planeta, que ya no sabe cómo advertirnos más de que lo vamos a matar?

¿Por qué no hacemos una vez algo distinto? ¿Por qué no hacemos un trabajo más ingrato, más difícil, tedioso y largo, pero seguro que más productivo? ¿Por qué no tomamos el mando de nuestro futuro implicándonos en nuestros barrios, en nuestras empresas, en los colectivos o asociaciones, en la elaboración de propuestas de mejoras para imponerlas colectivamente?

Esta es la postura tomada de forma unánime en la Coordinadora Estatal del FCSM del pasado 20 de junio de 2015. Y la filosofía originaria de nuestra organización. Como decía Héctor Illueca, Coordinador de la Mesa Estatal del FCSM, “hemos puesto las luces largas”, no entramos en procesos electorales, seguiremos potenciando las confluencias sociales en torno a objetivos apoyados por tod@s. El Frente Cívico ya tiene unos puntos que fueron planteados a la sociedad hace tres años, y que ésta ha ido identificando a través de las diferentes luchas. Pueden ser esos puntos (salario y pensión mínimas en 1.000€, reforma progresiva de la fiscalidad,…) o pueden ser otros. Pero todos los colectivos sociales (y aquellos políticos que quieran) apoyando de manera coordinada y extendida esos puntos, argumentando por qué son necesarios y, sobre posibles. Convenciendo a la gente de que sí hay dinero para lo que necesita la mayoría de la población, pero que se tendrá si se acaba con la corrupción y el despilfarro, el amiguismo y las privatizaciones, los recortes sociales y los rescates a los bancos.

La banca, la Troika, sus gobiernos títeres, insisten en las mismas recetas que nos han llevado al colapso: recortes, despidos baratos, privatizaciones, deuda,… A pesar de que están demostradas sus consecuencias: A nosotr@s nos arruinan, pero a ell@s les va “de lujo”, nunca mejor dicho. Por eso no hacen nada distinto. Y, por esos, nosotr@s tenemos que hacer cosas diferentes si queremos que nos vaya mejor. Esta es una de ellas.