martes, 19 de enero de 2016

Victoria o rendición de la CUP?

 

Socialismo 21
El “sacrificio” de Artur Mas asegura a CDC la hegemonía del “Procés”, evita su derrota en las elecciones anticipadas, y regala al nacionalismo neoliberal español la coartada para un gobierno de estabilidad.
A lo largo de los últimos meses España ha vivido un ciclo electoral que ha paralizado los movimientos sociales, al redireccionar las esperanzas de una gran mayoría de ciudadanos hacia una salida institucional del proceso de saqueo y empobrecimiento al que estamos sometidos.
En este tiempo, algunas de las medidas previstas por las élites se han paralizado momentáneamente, a la espera de que fuerzas políticas sumisas a los poderes que expresa la Troika, alcanzasen una legitimación electoral que hiciera viables nuevos recortes de derechos. Una parte de estas fuerzas llevan tiempo compartiendo un proceso de contrarreforma de los derechos sociales. Así hemos visto como PP-PSOE, pero también Convergencia, UPYD o Ciudadanos compartían el TTIP, intervenciones militares en el exterior aceptando la nueva agenda de gastos militares de la OTAN, la obediencia a seguir pagando una Deuda externa odiosa e ilegítima, la sumisión a una moneda que la ciudadanía no puede controlar gestionada por y en beneficio de los grandes financieros.
Sin embargo, estas fuerzas sometidas a la lógica del sistema mantienen una teatralizada polémica sobre la forma de organizar nuestro estado plurinacional. Polémica que les está permitiendo ocultar que comparten una misma política económica hostil a los intereses de la mayoría.

Los ajustados resultados electorales en Cataluña el 27 de setiembre y en España el 20 de diciembre, habían situado un difícil dilema. Los poderes financieros que conocen la enorme potencialidad de los movimientos sociales, hoy a la espera del desenlace del ciclo electoral, apostaban descaradamente por gobiernos fuertes, que pudiesen imponer más medidas odiosas. Pero los resultados hacían muy difícil la formación de gobiernos estables.
En Cataluña los neoliberales, aprovechando el comportamiento grosero de un politizado Tribunal Constitucional y de la insensibilidad de los gobiernos del PP con la cultura y lengua catalana, apostaron por una candidatura de concentración, que bajo la bandera de la independencia disciplinara una sociedad desgarrada por la crisis y los recortes del gobierno de CiU, que les permitiera continuar su hoja de ruta privatizadora y austericida.
Pero una parte de los independentistas no cedió a la trampa de la candidatura de concentración nacionalista y presentó a través de la CUP una candidatura opuesta a la política neoliberal, con un discurso nítido de denuncia y movilización contra los desmanes del gobierno de Artur Mas. Las elecciones convocadas en clave de referéndum para obscurecer todo debate social, dividieron por la mitad a partidarios y oponentes al proceso de independencia (con una leve mayoría de quienes no querían la secesión). Pero además la aritmética electoral permitió que la CUP se convirtiese en determinante para que la “Unión Patriótica” neoliberal hegemonizada por Convergencia pudiera alcanzar la Presidencia Generalitat.
En España las elecciones supusieron un enorme varapalo a los partidos del sistema PP-PSOE y también para Convergencia. Sin embargo, se frustró por el momento la posibilidad de iniciar un proceso constituyente por diversas razones:
  • La endeblez de la propuesta de Podemos que buscando la centralidad evitó formular propuestas claras y coherentes que visualizaran una alternativa real. Su campaña se quedó en gran parte en una propuesta puramente estética (por cierto, parecida a la campaña por el cambio del PSOE de 1982, que prometió 800 mil puestos de trabajo sin explicar cómo y que acabó produciendo en 1986 otros 800 mil parados más).
  • La confrontación entre Podemos e IU, y su incapacidad de alcanzar una candidatura única en la mayor parte del estado. El fracaso de la confluencia estatal se debe en gran parte a la soberbia de la dirección de Podemos y su giro programático al centro, IU tiene su parte de responsabilidad al no haber hecho gestos de renovación creíbles, y no haber abierto un debate clarificador sobre el papel del programa y el proyecto de una confluencia para un cambio real.
  • La falta de voluntad de organizar el proceso de cambio, apostando por unas candidaturas personalistas, que evitaban dar poder a la gente y estructurar asambleas ciudadanas que apoyaran en la campaña, supervisaran a los electos después y una vez iniciada la ruptura les apoyaran des de todos los rincones de nuestra sociedad.
De haberse constituido una coalición estatal entre Podemos, IU, Unidad Popular y otras organizaciones de la izquierda por el cambio, a través de un proceso participativo ilusionante, la suma de votos hubiera obtenido un resultado en escaños que podía haber superado al PSOE, y en consecuencia poder disputar el gobierno del pais a la derecha-centro derecha formada por PP y C’s.
El resultado fue finalmente de tablas: ni las fuerzas del cambio habían sobrepasado a los neoliberales, excepto paradójicamente en Cataluña (que ahora votaba claramente en clave izquierda – derecha y no de patriotismos), ni las fuerzas del sistema disponían de una clara mayoría que asegurase un gobierno estable y fuerte que facilitara a la Troika el impulso de nuevos recortes.
Esta situación de parálisis, finalmente se ha desatascado en Cataluña de forma desfavorable para las mayorías sociales. A lo largo de tres meses hemos visto diversos intentos de distorsión tales como la inscripción en las asambleas de la CUP de personas procedentes de la ANC (asociación cultural independentista marca blanca de ERC-Convergencia), una presión mediática insultante contra las posiciones antiliberales de la CUP, chantajes y ofertas sobre sus dirigentes y ex-dirigentes… Pero a pesar de ello, no consiguieron quebrar una voluntad mayoritaria de las bases dela CUP de no permitir una prórroga de un gobierno que ha apaleado los movimientos sociales y recortado una significativa parte del estado del bienestar en Cataluña.
Sin embargo, a pesar del funcionamiento asambleario, un pequeño grupo de dirigentes de la CUP se ha rendido al proyecto neoliberal de Junts pel Si, legitimando un gobierno cuyo programa, en lo fundamental, no cuestiona las políticas antisociales dictadas por la Troika. Los debates, decisiones asamblearias, argumentos y discurso electoral de la CUP han quedado sepultados en pocas horas bajo el manto espeso de los medios de comunicación del sistema, que presentaban el acuerdo como la única vía posible de salvación de Cataluña. Para más escarmiento, a los nuevos conversos se les ha hecho aprobar una declaración insultante y ceder dos diputados al grupo adversario. En realidad, una maniobra grosera contra la soberanía popular, al poder de las gentes para decidir cómo quieren ser gobernadas.
La formación del gobierno independentista en Cataluña, que se autoconcede un mandato secesionista que las urnas en clave de referéndum no les han dado, impacta también en el conjunto de España. PP, C’s y el grupo “felipista” del PSOE, han encontrado el pretexto necesario para olvidar las veleidades de la propaganda electoral y poniendo por delante la “defensa de la unidad de la patria”, justificar la formación de un gobierno de emergencia nacional, que en la práctica bloqueará todo cambio, seguirá desmontando lo que queda del llamado “estado del bienestar”, y pisoteará la soberanía de la ciudadanía al impulsar una política económica en favor de una minoría oligárquica.
A los pueblos de España no les queda otro camino que reactivar la resistencia social tras el ciclo electoral. Un ciclo que ha debilitado las bases del sistema de la transición, pero que aún no es capaz de romper el dique de las hegemonías oligárquicas, con la profundidad e impulso necesarios.
Hoy de nuevo queda en evidencia, una gran disparidad entre la profundidad de la crisis y los límites orgánicos de las clases populares. Es necesario rearticular una formación política que aspire a la superación del sistema mediante un análisis riguroso, una actividad sistemática y coherente, una voluntad inequívoca de articular un proceso de transformación de carácter socialista.
En la actualidad, además de reactivar los movimientos sociales para que construyan el poder popular del cambio. De promover el empoderamiento popular que permita avanzar al proceso constituyente y conseguir la ruptura. De impulsar las confluencias sobre bases programáticas claras entre diversas fuerzas que reclaman el cambio. De construir el frente de emancipación que nos libere de la dominación de las oligarquías europeas y recuperar la soberanía popular y la democracia. También necesitamos articular una organización marxista que establezca una estrategia y una hoja de ruta para la transformación, a partir de la participación y el análisis del desarrollo de la lucha de clases en nuestro país, con voluntad de alcanzar la hegemonía y la victoria final.

1 comentario:

Lluís Ciprés Paltré dijo...

El autor del artículo demuestra un desconocimiento total de la CUP. No soy militante de la CUP. El sufrimiento y desconcierto que ha causada la CUP a CiU (ruptura incluida) ha sido un balsamo para los que somos de izquierda, pero la CUP tiene 10 diputados i la derecha catalana 62. El problema es que debemos trabajar en la calle para cambiar estos resultados.