sábado, 7 de mayo de 2016

La Revolución tranquila de Pepe Mujica


 
Pepe Mujica acompañado por nuestro compañero Julio Flor (dcha) y José Fernández de la Sota,directores del documental


LA REVOLUCIÓN TRANQUILA DE PEPE MUJICA

Claves para un mundo harto de corrupción y carente de paradigmas, que debe gobernarse de otra forma

Julio Flor y José López Mercado / Periodistas
    “Pepe Mujica, la revolución tranquila”, se titula el documental que el escritor José Fernández de la Sota y el periodista Julio Flor han dirigido para Euskal Telebista y que ambos han venido presentando en distintos ciudades a las que han sido invitados. Ahora les toca Córdoba, a quien tanto afecto profesa Julio Flor, a la ciudad y -¡cómo no!- a algunos de los que luchan y viven con coraje cívico, como la gente del Colectivo Prometeo y el FCSM, de donde ha partido la invitación.
    Ni qué decir que el documental -que se emitió el año pasado en la televisión pública vasca- tuvo una gran audiencia en un horario nada usual para los documentales: las 22:30h., en prime time. Hubo después un debate sobre los buenos gobiernos, sobre los dirigentes íntegros y coherentes. Nadie discutió a Mújica en la televisión. Es más, se buscó a alguien que pudiera equiparársele en Europa.
Siempre nos ha parecido sana la crítica. Igual que resulta necesario el tener a alguien a “la contra” de lo que tú haces o dices. Es un estímulo. Así deben verlo los periodistas. Esa crítica llegó cuando, con el documental bajo el brazo, Flor y De la Sota han recorrido algunas ciudades del Estado español. Bien es cierto que tras la proyección de un documental, no es el mejor momento para enzarzarse en una polémica que empieza a ser recurrente.
Ese viejo reproche a Mujica se ha vuelto a repetir ahora, cuando faltan unos días para presentar el documental sobre su trayectoria en el Centro Cívico Rey Heredia de Córdoba. Que va acompañado por las hermosas palabras de "Acampada Dignidad". Queremos aprovechar la extensión que facilita un artículo escrito para contar y entrar en el fondo de lo que se nos demanda. Dando aire y vida a la crítica constructiva.
El pasado 2 de mayo, el Coordinador de la Mesa Estatal del FCSM, Juan Rivera, publicó en su página de Facebook el cartel que anunciaba el acto en Córdoba. En uno de los comentarios que hizo Julio Flor se podía leer:
Quiero preguntarnos si Mujica ¿es el techo al que debemos aspirar, o es un suelo por el que nuestra civilización puede caminar?... Quisiera creer que es un camino firme por el que podemos avanzar”
Esa idea llevó a Frank Conchon a contestar:
No estoy de acuerdo en que Mujica represente algún suelo por el que transitar, a no ser la entrada triunfal de las multinacionales en Uruguay, Monsanto (multinacional estadounidense  productora de agroquímicos y biotecnología destinados a la agricultura), 12 zona franca, puertos privados, y mucho más, leyes que transformaron el Uruguay en uno de los primeros en inversión directa, pero estoy harto de decirlo”
Fue entonces cuando recordamos la formidable intervención de Pepe Mujica en la cumbre de Río de Janeiro. Frank Conchon contestó con lo siguiente:

"Intervenciones miles, todas maravillosas, pero luego ‘No lo Hice porque no pude, no me dejan’, pero hacer entrar con todos los beneficios a las multinacionales, ningún problema. Campos sin agua, país denunciado por la ONU por encerrar menores en contenedores, en fin te podría contar horas, nada que ver con los discursos. Es polvo mágico no mas”…


¿ENTRADA TRIUNFAL DE LAS MULTINACIONALES?

Es difícil responder a una afirmación tan tajante cuando se habla de "la entrada triunfal de las multinacionales". No es correcto, las multinacionales ya estaban instaladas en Uruguay desde mucho antes. Es más, desde la salida de la dictadura hasta ahora, el tema de la inversión es el expediente al que han recurrido todos los gobiernos para impulsar el empleo, el crecimiento del PIB, el saldo exportador, los balances fiscales y todas esas categorías que manejan (y con los que nos manejan) los economistas.
Así que lo de la "entrada triunfal" es un recurso retórico, pero que no encaja con la realidad. En buena medida, el flujo de inversiones que llega a Uruguay es marginal respecto al que ingresa, por ejemplo, Brasil; y si alguna predilección han tenido por Uruguay ciertas inversiones no es porque se les hayan abierto puertas que en otras partes se le cierran, ni por la exuberancia de sus recursos naturales, ni por la escala de su mercado, ni porque exista una mano de obra ociosa o cautiva; sino por los bajos índices de corrupción, por la calificación de la mano de obra y obviamente por la rentabilidad que obtienen (1*).
¿Que Mujica podría haber estimulado más las inversiones y el trabajo nacional? Es posible. De hecho lo hizo, con iniciativas como el FONDES, destinado a promover la autogestión y el cooperativismo (pese a que esa y otras iniciativas que se implementaron no hayan movido la aguja de la macroeconomía). Respecto a las zonas francas, comparto con que si las mismas tuvieron algún sentido en algún momento para atraer inversiones hoy no lo tienen y la discusión sobre ese tema se abrió durante el gobierno de Mujica. La ley que regula su funcionamiento es la 15.921, del año 1987, obviamente que no durante el gobierno de Mujica y recientemente se introdujeron modificaciones a la reglamentación que las amparaba, lo que motivó protestas de los principales inversores del sector.
Lo mismo sucede con transgénicos y pesticidas (vinculados a Monsanto y otras corporaciones), pero también es un tema que precede al gobierno de Mujica y reconozco que no sé de ninguna acción enérgica destinada a frenar su despliegue (y hoy se están sintiendo los efectos del monocultivo -primordialmente sojero- y de los plaguicidas en la producción familiar), sobre todo en recursos naturales como el agua potable.
Sobre los puertos privados no tengo noticia de lo que dice Frank Conchon, a no ser la terminal de contenedores belga que opera en el puerto de Montevideo, que sigue siendo patrimonio nacional, pese a los intentos privatizadores de gobiernos anteriores (recuerdo al compañero que la Administración Nacional de Puertos fue una de las empresas que pretendió subastar el gobierno de Luis Alberto Lacalle en 1992, obteniendo un 72% de rechazo en el plebiscito que dijo NO a la llamada Ley de Empresas Públicas).
EL “DEBE” DEL GOBIERNO DE MUJICA (2010-2015)
Creo que el debe del gobierno de Mujica y del que lo precedió (también de signo "progresista"), se da en otras áreas, como por ejemplo la educativa (en primerísimo lugar) o la logística (por ejemplo, poco o nada se hizo para reactivar el ferrocarril, que dejó de funcionar en 1987), en no haber puesto freno a la concentración de la tierra, los agro negocios y el monocultivo, que se han expandido al ritmo del crecimiento del precio de los “commodities” en el mercado internacional. Podríamos seguir con otros males del “subdesarrollo”que ni creó ni solucionó Mujica, pero resultaría ocioso hacerlo en este caso.
Creo que en este tema hay que ser muy cuidadosos y separar la significación de Mujica como luchador histórico, del dirigente político de hoy, de su inalterable estilo de vida e incluso de esa aureola de “estrella pop” que le ha dado un mundo harto de corrupción y carente de paradigmas. La realidad es más compleja y Mujica debe ocuparnos en tanto variable para entender y modificar la realidad.
Pero centrándonos en su gobierno y lo que dejó, digamos primero que no gobernó solo, o para ser más directos: que estuvo al frente de un gobierno “bicéfalo”. Su llegada a la Presidencia es producto de acuerdos con el sector del Frente Amplio que en todo este período ha dominado el Ministerio de Economía (MEF) y en ese sentido Mujica no pudo (y tampoco quiso) confrontar con la línea económica mantenida por el MEF, lo que lo llevó a crear herramientas como el Plan Juntos (en el área de Vivienda y financiado con el 80% de su sueldo como presidente) o a llevar a órbita de la Presidencia algunas oficinas que deberían funcionar en la del MEF (como la de Planeamiento y Presupuesto).
Trabajó permanentemente para obtener recursos para la atención de los sectores más pobres y puso mucho de él en eso. Lo hizo sin perder su talante republicano, aceptando las reglas de juego que se le imponían, que en algunos casos implicaban el acceso a recursos mínimos para cuestiones perentorias.
Su gobierno fue absolutamente innovador en lo que se denominó la agenda de las “nuevas leyes sociales”, lo que potenció la libertad social trabajosamente construida tras la dictadura, pero eso nos lleva a uno de los problemas que Mujica no pudo resolver: la distancia existente entre esa libertad civil y la desigualdad social. Eso a contrapelo de las cifras que nos hablan de la reducción de la pobreza y del incremento sostenido del salario real, entre otras mejorías registradas en su período de gobierno.
Es verdad que, a pesar de esos números, se ha incrementado la marginalidad social, el porcentaje de jóvenes sin empleo y los índices de ‘prisionización’, entre otras cosas. Y esto viene de lejos. Al menos desde la década neoliberal (los años 90). Si razonáramos en términos sociológicos diríamos que se ha roto la alianza entre la clase media y los sectores más vulnerables de la población, o que la lucha por la igualdad ha quedado rezagada de la lucha por la libertad, y eso, además de comportar injusticia, es políticamente peligroso.
UNA LATINOAMÉRICA EN “REGRESIÓN”
Dicho en otras palabras, estamos en presencia de una nueva sociedad, de nuevas formas de riqueza (asociadas sobre todo al capital financiero) y de nuevas formas de pobreza, que ya no pueden ser tratadas con los expedientes de antaño.
Pero con respecto a Mujica, sucede algo más curioso. A saber: que se le sigue tratando como si en la actualidad fuera el presidente (eso es perceptible entre los más pobres). Por añadidura, ningún mandatario en las últimas décadas ha tenido un índice más alto de aprobación. El problema que ya está apareciendo en el horizonte es que el panorama regional está cambiando en sentido regresivo, que Argentina se tensa en una situación de polarización que seguramente tendrá derivaciones graves, que lo propio sucede en Brasil (con otras dimensiones e implicaciones aún más graves) y que ese marco con el que Mujica contaba para impulsar un conjunto de reformas de fondo que estaban en su agenda, se está deteriorando rápidamente.
Teniendo en cuenta todo esto nos llama la atención el encono que está apareciendo en el horizonte político contra su figura. No sólo sostenido por la derecha al uso, sino por otros sectores, que parecen olvidar que ya fue presidente y que seguramente no lo será nunca más, que tampoco tiene una línea de sucesión clara ni pretensiones de perpetuarse en el liderazgo. Confieso que no alcanzamos a advertir el porqué de esa inflexión, aunque entrevemos que hay en eso una sanción al personaje que no siendo “políticamente correcto”, operó como contraste sobre un sistema político hundido en el fango. Si eso es así, al mensajero de otro modo de hacer las cosas –aun cuando hoy por hoy sea perfectamente inocuo- hay que hundirlo también en el fango, al menos para demostrar que la corrupción está definitivamente incorporada a la sociedad y a la política y que efectivamente, no hay otra forma de hacer las cosas que incorporarla como una segunda piel.
MUJICA ALZÓ LA VOZ EN SOLITARIO
(1*) El tema de “la entrada triunfal de las multinacionales” nos parece tan descabellado que nos obliga a hacer una digresión. La irrupción del capital trasnacional en Uruguay data de 1948, año en el que el Parlamento aprueba la creación de Sociedades Anónimas Financieras de Inversión (SAFI). En 1982, cuando la dictadura militar se batía en retirada, se aprueba la incorporación al corpus de la ley del secreto bancario y la emisión de acciones al portador. Estaban dadas las condiciones para transformar al Uruguay en un paraíso fiscal, lo que efectivamente se pone en práctica durante el gobierno de Luis Alberto Lacalle (1990-1995). En ese período sí, efectivamente, se produce “la entrada triunfal de las multinacionales” al amparo de la consigna que de manera bastante desvergonzada hacía el gobierno de entonces: "Uruguay P.F.”, lo que perfectamente podía ser traducido a “plaza financiera” o “paraíso fiscal”.
Esta situación eclosiona durante el primer gobierno de Tabaré Vázquez (2005-2010), cuando la OCDE coloca a Uruguay en la “lista gris”, junto a otros paraísos fiscales”. En ese momento, Mujica –por entonces ministro de Ganadería- alzó la voz en solitario, enfrentándose no sólo a la oposición, sino al equipo de economía de su fuerza política, denunciando la peligrosa situación en la que se encontraba el país, exigiendo la eliminación de las SAFI y el secreto bancario. Si de relevar luces y sombras de Mujica se trata, sin duda que entonces estuvimos en presencia del mejor Mujica, como se estuvo en presencia de un político de gran altura cuando también en solitario restableció al comienzo de su presidencia las deterioradas relaciones con Argentina. En resumen, a Mujica (y a su gestión) se le puede atacar por diversos flancos, pero no precisamente por ese.