jueves, 24 de mayo de 2018

Otras visiones, otras lecturas: ¿De qué os sirvió leer a Kant? ... ¿o no lo hicisteis?

 Jesús Romero Sánchez.
Diputado de Podemos en el Parlamento de Andalucía.


Pablo Iglesias e Irene Montero se han comprado el chalet de más de 600.000 euros porque pueden, siguiendo la máxima de “lo hago porque puedo”. Lo han hecho siguiendo el principio de la búsqueda de la felicidad de ambos. Esta búsqueda tiene mucha fuerza a la hora de motivar las decisiones humanas, pero, como es bien sabido, lo que se gana en motivación se pierde en legitimidad de las acciones realizadas.

Ha sido una elección de la razón que, en todos los casos, y siguiendo a Kant, se nos presentan bajo la forma de deberes o mandatos, que se formulan mediante imperativos. Pero no todo imperativo es un imperativo moral. En este caso ha seguido lo que el filósofo de Königsberg denominaba, en la Crítica de la Razón Pura, un “imperativo hipotético” que “representa la necesidad práctica de la acción como medio para fomentar la necesidad". Kant dice que este imperativo hipotético es "asertórico”, es decir, que únicamente son expresiones de meros hechos sin valor de verdad y que sólo tiene un estatus de recomendación para asegurar el bienestar o el interés propio. Este interés se conquista, como dice también Kant en el mismo libro, gracias a la habilidad para elegir los medios mediante los cuales conseguir los objetivos prescritos por ese bienestar individual. A esta habilidad Kant la denomina sagacidad.

Un primer error de Pablo e Irene ha sido poner su decisión en la esfera de la moral. En la esfera de acometer un deber en virtud de unas acciones o acosos que estaban sufriendo por parte de medios de comunicación. Han intentado de esta manera elevar a la categoría de norma moral una decisión y unas acciones cuya motivación era el mero utilitarismo (bueno y útil para las personas afectadas), el mero hedonismo (la búsqueda del placer) o el mero eudemonismo (la búsqueda de la felicidad como justificación última de la moral). Cuando se cae en el utilitarismo moral lo que se demuestra es una falta de Honradez (moral). Y tenían la libertad suficiente para haber tomado otra decisión, cualquiera, menos esa.

Sólo la fórmula ética del “deber por el deber” de la rigurosa ética kantiana nos puede guiar a la hora de contemplar la incorruptibilidad moral. Una ética que viene determinada por tres razones: el universalismo, la alta apreciación de la autonomía del individuo y el estricto desinterés. Repito, el estricto desinterés. Cualquier persona puede suscitar la sorpresa y la admiración por parte de otras, sólo tienen que mostrar unas habilidades inhabituales, pero el respeto verdadero sólo es suscitado por aquellos que no traicionan su deber, la persona que no hace lo que no debe hacer y hace lo que debe hacer. 

Y Pablo Iglesias e Irene Montero tenían un deber por encima de todo, un deber dado por las bases de Podemos y que no era otro que mantener el relato que hizo surgir Podemos, la narración de que somos gente haciendo política, “gente haciendo política en vez de políticos repitiendo los lugares comunes de la política”, como dice literalmente el documento político aprobado en Vistalegre. Y ambos han hecho lo que no deben hacer y no han hecho lo que deberían haber hecho. Han olvidado que Podemos tiene su razón de ser en virtud de la crisis de representación política que vino junto a la crisis-estafa, a la necesidad de que gente del pueblo, que teníamos en común una forma de vivir concreta, donde se compartían experiencias, necesidades, intereses y objetivos, accediésemos a las instituciones donde se toman las decisiones, para evitar toda separación entre representantes y representadas.

Y la falsa solución que han tomado ha sido convocar un plebiscito. Un plebiscito que infringe de una manera insultante la segunda fórmula que el imperativo categórico kantiano, que acentúa el respeto a la persona como un fin en sí́ mismo: “obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio”. Esta ilegítima utilización de un instrumento de participación política colectivo que nos hemos dado en Podemos, sólo puede venir desde la actitud cobarde de quien se ha visto acorralado y muestra la verdadera conducta inmoral que sobreviene fruto de la autocomplacencia, sin atisbo alguno de autocrítica ante esa tarea gigantesca que nos habíamos impuesto como colectivo y que ellos, en cada uno de sus respectivos papeles, tenían el deber de abanderar y conducir hacia el futuro. Un plebiscito que no pretende fiscalizar la decisión tomada, sino que tiene el objetivo de convalidar el error cometido. Un plebiscito con la intención de proyectar la responsabilidad de una decisión tomada bajo el interés propio, buscando la tapadera de la complicidad de las personas inscritas, afectadas por una actitud victimista y vergonzante que nos hace sonrojar. Unas inscritas e inscritos sometidos al chantaje por el cual todas aquellas que se sientan tentados de votar no, van a ser igual que Inda, igual que la derecha más extrema y aberrante.

Si los actos de Pablo e Irene tuvieran la intención de ser actos morales, los pondrían bajo los imperativos categóricos, pues sólo ellos son imperativos morales. Los imperativos que se pueden formular como aquellos que se deben hacer sin condiciones de ningún tipo. Un deber que no viene dado ni por la tradición, ni por la ley del Estado, ni por la ley de Dios, pues en todos estos casos habría una voluntad heterónoma, distinta a la del individuo mismo, que anula su libertad. El imperativo categórico es autónomo, lo que implica que cada uno se debe dictar a sí mismo su propia ley moral, cuyas leyes serían válidas para todos los seres racionales. Pero, en cambio, han decidido atentar contra la dignidad de las inscritas convocando este plebiscito para ratificar un acto cometido en virtud del interés propio, del egoísmo. Y todo ello sin importarles las bases mínimas que nos pusimos colectivamente como proyecto político alternativo. Un proyecto al que le han mandado un torpedo en plena línea de flotación. Si Pablo e Irene miraran a Kant a la cara, presentarían inmediatamente la dimisión con la cabeza gacha.


2 comentarios:

Carlos Fernández dijo...

El error más grave no ha sido la compra del chalet, el error más grave es comprarlo sabiendo lo que iba a pasar. Ha sido un chalet con un gran jardín sembrado de decepciones.

Daniel Francisco dijo...

O de cómo librarse de Pablo sea como sea...
No necesitamos a guardianes de la moral sino a gente honrada y capaz, como Pablo e Irene.
Soy andaluz y de Podemos, y solo puedo sentir vergüenza por este ataque oportunista disfrazado de filosófico.